Hubo una vez que un equipo de la Cultural inició con un triunfo en El Toralín una historia que acabó siendo leyenda. Ahora, siete años después, la forma con la que comenzó aquel épico viaje se repite.
«Gracias por volver a hacerme soñar», grita emocionado un aficionado culturalista desde el fondo sur. Una zona de la que, 20 minutos después del partido, no se va nadie. El cerca de millar de seguidores culturalistas, que ha vivido todo el encuentro de pie y sin dejar de animar, grita «si no sale el equipo no salgo de aquí».
Y la plantilla responde volviendo de vestuarios, dando pie a una comunión propia de temporadas grandes. Con Solar de jefe de animación para agachar a equipo y afición antes de levantarles al unísono en un grito de júbilo, Rodri como jugador más vitoreado y gritos de ‘muro, muro, muro’ a Bañuz, equipo, técnico y directiva parecen un seguidor más.
Es el fin de un día inolvidable para los aficionados culturalistas, que están escasos de ellos en los últimos años. Una jornada que, y es de celebrar, empezó sin incidentes, que es como debe ser, quedarse en cánticos cruzados y nada más, que el fútbol es para disfrutar. Y que a media hora del inicio tenía ya al fondo, desde donde también quiso vivirlo ‘La Nueva Crónica’ para contar de otra forma el derbi, lleno de banderas de León.
Estaban predispuestos a creer, pero ni el más optimista se imaginaba un comienzo así. ¿Cómo convencer a un equipo con sólo un leonés que este es un partido diferente? Fuera como fuera, alguien lo consiguió. Porque Barri parecía haber nacido junto a la antigua Puentecilla, Solar daba la sensación de ser socio desde que tenía cinco años, Bicho un guaje al que su padre hizo de pequeño peñista de la Cultu y Rodri… ay Rodri, es que ese lleva tatuado en el corazón en el escudo de la Cultural.
El ‘Cultural te quiero, te vengo a ver, Cultural te quiero ver a ascender» resonó una y otra vez
El caso es que, en 11 minutos, 0-2. Es momento de disfrutar. La gente se mira, hace vídeos, se les oye mandando audios, se grita el ‘que sí, que vamos a ascender’.
Pero claro, queda mucho por sufrir. Y al minuto 26, el 1-2. «Oye que me dicen que es fuera de juego, mirar la foto que hay tres que lo están», dice un aficionado. «Culpa de Llona, que no vio el partido del Dépor para ver que aquí es a partir de un metro», contesta otro. Yo me callo ahí, y mejor, que en la segunda parte cuando el árbitro hace un placaje a Presa y la gente se le echa encima, yo digo que «a ver, que es sin querer», y mi compañero de asiento me contesta que «mi labor esta vez si hago de aficionado es meter presión pase lo que pase».
El caso es que en un partido que pinta a pocos goles, no dejan de caer. Vaya fiesta. Mi director me dijo que «a ver si va a ser este despliegue para un 0-0» cuando le dije que irían ocho páginas del derbi, y la verdad, que yo lo veía venir, pero ahora parece que se van a quedar cortas, porque para ser todo más épico hasta diluvia.
De los gritos contra Felipe del año pasado se pasó sólo unos meses después a corear el ‘Natichu, Natichu’
Aunque lo de marcar se quedó ahí. Llegó el descanso y la gente, por primera y única vez, se sentó. Pero fue señalar el comienzo de la segunda parte y volver a volcarse. Bañuz salva el empate con un paradón y la grada suspira. Cerdá cae dentro del área y tiemblan pero no hay penalti. Barri se lesiona y la gente teme. Y sin embargo, según pasan los minutos, va estando más tranquila.
Se defiende bien la Cultural y, si flaquean las fuerzas, la grada intenta transmitírselas. «Cultural te quiero, te vengo a ver, Cultural te quiero, ver ascender», retruena en el fondo. «Esta canción es nueva, no la conocía», dice un seguidor. Pues vaya, yo creo que ya no se le olvida, porque durante la segunda mitad sonó una y otra vez.
Y entonces llega el final. Y se desata la locura. «Orgullosos, de nuestros jugadores», grita la afición. De gritar en contra del director general, pasan a gritar ‘Natichu, Natichu’ a su sucesora. Y llega ese momento mágico de comunión final. Es imposible no cantar. Es imposible no soñar. Luego que pase lo que pase, pero es un día de disfrutar. Y de esos que cuando pasen los años, te darás cuenta de que te cuesta olvidar.