
Josu el de Maraña, uno de los más fieles seguidores de la lucha leonesa y uno de los tipos más conciliadores en todos los campos, siempre pone el primer comentario en la noticias relacionadas con la lucha; y siempre son mensajes de ánimo, de apoyo a todos los deportistas, nunca de enfrentamiento... excepto esta semana, que se moja, pues debajo de la noticia de la presentación del Ribera contra Montaña puso el primer comentario: «Ánimo Montaña».
Que ya es mucho para él, pero es que la magia de este corro —que ayer se presentó en la Diputación— es precisamente ésa, no hay medias tintas, es el corro de los sentimientos y en lucha leonesa solo hay dos:Ribera o Montaña, según dicte la vía del tren de Feve, que es quien ejerce de frontera.
Las 10 victorias seguidas de la Montaña que colocan el global en un 19 a 11 a su favor ya suenan a afrenta en la escuadra de la Ribera
De esta militancia se desprende la tensión que esa tarde —la del sábado en esta edición—se vive en las gradas, con los dos equipos separados en gradas diferentes, con sus cánticos, con su pasión por un premio que tiene mucho más de simbólico que de valor material: un gallo. El vencedor, aquel equipo que deje a su luchador en el centro del corro sin que nadie responda a su reto de ‘¿Hay quién luche?... o me calzo’ será el nuevo campeón y, además, disfrutará del privilegio de lucirlo durante un año, con la bula añadida de que vale tomar el pelo a los rivales; ya seas luchador, ex luchador o aficionado pues esta tarde todos son equipo, como lo son desde el prebenjamín que abre la tarde de lucha hasta el luchador de pesados.
Una tarde, un corro de los sentimientos, que comenzó como va a acabar, con un prebenjamín de equipo ganador en la edición anterior, la Montaña en este caso, que pronuncia el mismo reto:‘¿Hay quién luche?... o me calzo.
Treinta ediciones con un 19-11 para la montaña
La fórmula Ribera contra Montaña es una de las más viejas tradiciones de la lucha leonesa; incluso muchos de los primeros provinciales se disputaban por este sistema, pero no había un campeonato ‘como tal’. El Ribera-Montaña actual nació en 1994 y el primer campeón fue la Ribera, siendo el luchador que quedó en el corro Amabilio Robles, El Bonachón de Villasinta.
Se disputó en el Palacio de los Deportes, marco habitual de las primeras ediciones (con algunas ediciones en otros pabellones de la ciudad) hasta el año 2005, que salió por primera vez a la provincia con victoria para la Montaña, con El Oso de Pallide de gallo. La Ribera comenzó dominando en el computo general (4-0) y casi siempre fue por delante con resultados globales cada 4 años de 6-2; 6-6 en el citado de Cistierna que daría paso a la primera ventaja de la Montaña en 2006 (6-7). Siguieron un 8-8; de ahí al 11-9 de 2013, que fue la última victoria de la Ribera pues la Montaña ganó los 10 siguientes hasta el casi sonrojante 11-19 que marca el global actual.
Combates a una caída sin límite de tiempo
El Ribera contra Montaña es un corro especial que tiene una normativa propia, específica de esta cita que «se iniciará con el prebenjamín de ligeros, retando, por ser el vigente campeón, el de la Montaña al de la Ribera, con el tradicional “¿Hay quién luche? o me calzo”, contestando el contrincante «Sí, yo lucho».
Los combates se disputarán a tan solo una caída para la que no hay límite de tiempo y en el caso de medias caídas habrá que sumar cuatro (incluidas sueltas). Además no hay pasividad y las tarjetas solo se mostrarán por conducta antideportiva, a cualquier integrante de las selecciones, este luchando o no.
Además del gallo del corro, el más preciado galardón, también hay otro premio en disputa; es el mazapán, que se le entrega al luchador (o luchadores, puede haber empate entre dos o más) que más rivales derrote, de cualquiera de los dos bandos, ya sea la Ribera o la Montaña y también des cualquier categoría en la que militen los 46 integrantes de cada escuadra.