A l final del partido, o lo que fuera, con el mítico Coruxo encontré a Moisés, uno de los papones de la religión culturalista, y se me rindió en mis brazos:«Se jodió, no vuelvo más, lo tienen que hacer a posta, no se puede ser tan malo».
Ayer, pronto veo es a Moisés. Se disculpa, creo:«Sólo vengo a mirar para el palco, están los que sabemos de memoria, yo por verlos, hasta vestidos. Y los dice: Bernardo, Godoy, Maño, Paredes, Piñán, Roldán, Ovalle, Villafañe (cuando se quedaba sin gasolina Félix), Marianín, Larrauri y Zuazaga. Sin dudar ni un segundo. Después salían Herminio o Casas».
Y estaban muchos. Algunos han fallecido, como Bernardo, Paredes. (Por cierto, bien hubiera estado en el minuto de silencio nombrarlos. Y a Cruyff. Lo que pasa es que hubiera parecido un partido de fútbol y preveían que lo que venía después igual no lo era. Y acertaron).Maño, Roldán y Godoy viven muy lejos, no pudo ser. ¡Qué pena no ver la divina calva de Maño!, aquella que retumbaba entodo el campo cuando el portero rival sacaba en largo uno de aquellos balones que cargados de agua mataban a Dios.
Y saltaron al campo. Joder. Hubo más ¡¡¡uys¡¡¡ que en todo el partido posterior. Y es que entonces cuando Marianín asomaba del morro —nunca mejor dicho, para El Jabalí del Bierzo— por la bocana ya levantaba un ¡¡¡uy!!!
Cuántas historias allí formadas. Mi madre murió sin perdonar a mi hermano la chaqueta nueva de ante que estropeó el día del ascenso en medio del diluvio universal ante el Bilbao Athletic.
Sólo Calzado, Santi Santos y Paulino se acercaron a los históricos, el resto no debían saber quién eran aquellos Y vaya mosqueo que pillamos cuando vimos a los jugadores de la Cultural de hoy salían y pasaban ante ellos como si tuvieran miedo que se les pegara algo del fútbol que había allí. Sólo Santi Santos, el heredero de Maño y el único que remató a puerta en todo el partido, parecía saber que estaba ante mucha historia. Y Diego Calzado... Y Paulino, sí, Paulino hablaba con unos y otros.
Y se fueron al palco. Firmaron viejas fotografías y llenaron los numerosos huecos que el partido dejaba sin ningún motivo para mirar para el campo:«¡Coño, Zuazaga, no lo conocía. Pues Félix está igual. Y Piñán, hasta anda como jugaba. ¿Cuál va a ser Ovalle?El pequeño...».
Y en todo el partido nadie levantó la cabeza como lo hacía el gran Julio Piñán. Nadie acarició el balón como lo tocaba Larrauri y Villa. Nadie levantó la cal de la banda como Ovalle. Ni siquiera se hizo la broma del jugador de clase cuando salió el sol, como cuando se decía en la Puentecilla:«Ahora Zuazaga cambia de banda para correr al sol». Y no estaba Marianín, ese que en el reciente reportaje de la tele miraba a José María García como Pau Gasol a Soraya Sáenz de Santamaría?.
Y no es porque sea de La Virgen del Camino, que igual tiene algo que ver, pero sólo Santi Santos, el que fue a saludarlos, sacaba el pecho como hacía Maño antes de sacar todo el agua de un charco, al balón y al paisano.
No saben estos que no quisieron mirar para la historia que cuando te ganas al público como lo hicieron aquellos de estaban allí, los que le levantaron un 0-3 al Zaragoza, lo demás vale. Y mientras con ellos era un honor encontrarlos en el Húmedo y charlar un rato, con vosotros aparece una pancarta en la grada que dice:«Grupo Glam (de bares, pubs...) os desea felices vacaciones». Y mi vecino de grada, que ronda los 80, canta:«Por la mañana sale el sol /por la noche salgo yo»; y la otra grada canta:«A la Ponfe, Ferrando vete a la Ponfe...».
Y no te queda más remedio que volver a mirar para el palco y pensar:«¡Qué grandes!». Tanto que estaba allí sentado Antonio Martín, el del baloncesto (2,08 de nada) y no lo vi, me lo tapaba Manolo Ovalle.
Yestos, ni miraron para ellos.
Contracrónica Cultural - Astorga: 'Yo, por veros, hasta vestidos'
Lo más importante que pasó este domingo en esta moderna Puentecilla es que estaban los que sabemos de memoria
28/03/2016
Actualizado a
16/09/2019
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