El técnico de la Cultural, Rubén de la Barrera, lamentaba tras la derrota ante el Mirandés que el resultado «no es el que queríamos ni el que merecíamos», agradecía el «apoyo y aliento» de los aficionados desplazados y dejaba claro que «dejarse ir sería faltar al respeto», por lo que tenía claro que no podían «sentir lástima pero tampoco vergüenza de lo que estás haciendo» y pedía «levantarnos, levantar a la gente y conectar con la profesionalidad y la competitividad que este equipo debe tener de aquí a final de temporada con independencia de lo que diga la clasificación».
Además, el preparador culturalista consideraba que la expulsión de Barzic «es muy determinante. De entrada no lo es y, con lo que nos jugamos, por ese tipo de situaciones es algo que es complicado explicar. Jugamos muchos minutos con diez y no es fácil, porque las cabezas en muchas ocasiones se olvidan de jugar y se centran en competir y sobrevivir, y es difícil ante un equipo que termina acumuilando gente arriba, y que tiene ese infortunio del 2-1 que desvía la trayectoria».
Y es que antes de ello en la segunda parte «la entrada ha sido francamente buena. Hacemos el gol del empate, te quedas con diez al momento, logramos otra situación idéntica a la del 1-1 con Chacón en la frontal y luego el larguero de Víctor Moreno, y tienes tres o cuatro transiciones que realmente te podían haber dado la posibilidad de ponerte por delante».
«La diferencia es Carlos Fernández, un delantero de Primera con muchísimo nivel y un remate espectacular»
En cuanto a la primera mitad, explicaba que «pasa poco» y que en el gol «la diferencia es Carlos Fernández, un delantero de Primera División con muchísimo nivel y un remate espectacular».
Por lo que respecta a los cambios, con el de Collado explicaba que buscaban «amenazar al espacio» y en cuanto al final, con Radoja y Selu sin meter a Lucas, dejaba claro al ser cuestionado sobre «por qué no meter a la ‘estrella’» que «aquí la estrella es el equipo, a Maestre y Bicho se les acumulaba el esfuerzo y la fatiga a medida que pasaba el tiempo y Radoja y Selu nos daban esa presencia que necesitábamos.