A partir de ahí el conjunto blaugrana impuso su habitual rodillo para llevarse un contundente triunfo en el que Antonio Carlos Ortega aprovechó para repartir minutos.
El 3-0 inicial apuntaba a dejar ya de inicio un partido sin historia, si bien Cuenca liderado por Nazaré fue capaz de mantener la ventaja en los dos goles aunque con el Barça amenazando con romper el partido de forma definitiva en cualquier momento.
Aprovechando la actuación de Nielsen bajo palos y con Domen Makuc brillando en ataque el Barcelona tomó ya hasta 5 goles de renta coincidiendo con el minuto 15, una renta de la que ya no bajaría más que de forma circunstancial. Las rotaciones al menos sirvieron para mantener esa distancia en el marcador que con un gol de N’Guessan en el último minuto dejaba la renta finalmente en 6 tantos al descanso (17-11).
Una ventaja que ya parecía insalvable y que con el cansancio en las piernas de la Copa del Rey llevaron a que Cuenca se derrumbara en una segunda mitad en la que solo hubo un equipo sobre la pista.
El Barcelona fue poco a poco ampliando su ventaja, que en el minuto 40 ya era de 10 goles (24-14), abriendo un camino que solo se pararía con el bocinazo final y con el abultadísimo marcador de 41-24 en el electrónico, que deja al equipo blaugrana en una nueva final y sin apenas haberse desgastado.
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