Publicidad
De Toral de los Guzmanes a Algadefe: Central lechera leonesa

De Toral de los Guzmanes a Algadefe: Central lechera leonesa

CULTURAS IR

Palacio de tapial de Toral que data del siglo XIV. | MAURICIO PEÑA Ampliar imagen Palacio de tapial de Toral que data del siglo XIV. | MAURICIO PEÑA
T.G. | 15/11/2020 A A
Imprimir
De Toral de los Guzmanes a Algadefe: Central lechera leonesa
Territorio Mansurle El ganado de vacuno de leche es uno de los motores económicos de estos pueblos que han sabido pujar por el trabajo de sus abuelos ayudados de las nuevas tecnologías y asentando población en unos tiempos en los que un homenaje a la fertilidad en el medio rural parece imposible pero aquí demuestran que no lo es
El sur de León «es la leche», una expresión que tomada en el sentido figurado nos sirve para elogiar al territorio y en el literal, lo define. La economía de la Vega del Esla cuenta con un importante peso del sector ganadero tanto ovino como bovino. De este modo, son varias las explotaciones de ovejas que se asientan en las márgenes del Esla, algunas de las cuales han optado por transformar junto a ellas la materia prima en excelentes quesos para gloria de los productos de León. Pero más numerosas son aún las cabezas de ganado vacuno de leche que se encuentran, principalmente, en las localidades vecinas de Algadefe y Toral de los Guzmanes, uno de los núcleos de mayor producción láctea de Castilla y León. Quienes ahora siguen en la profesión de ganadero son en buena medida hijos y nietos de quienes ya lo fueron antes, familias pegadas al trabajo en la tierra que no se han amedrentado tras las numerosas sacudidas que han vapuleado al sector. Muchos ganaderos han quedado por el camino pero no han faltado quienes, encomendados a los avances tecnológicos, han apostado por el vacuno de leche para que el sur de León siga siendo una referencia en el mundo ganadero.

Estos aguerridos del siglo XXI bien parecen haber heredado aquel arrojo de María Juana de Quiñones a la que llamaron ‘La Brava’, hija de los primeros condes de Luna. Ella se casó en el siglo XV con Ramiro Núñez de Guzmán, señor del condado del Porma y también de la villa de Toral. Tras la Guerra de las Comunidades este tuvo que exiliarse a Portugal, y fue entonces cuando ella se ganó el sobrenombre de ‘Brava’ por la defensa a ultranza del patrimonio familiar, entre el que se encontraba el que hoy conocemos como el Palacio de Toral de los Guzmanes. En él resistió para evitar que sus bienes fueran confiscados y vendidos hasta que finalmente fue evacuada a otro castillo de su marido en la localidad de Aviados. No la eximió eso de pleitear sin descanso por el perdón de su familia. Y de la mano de ‘La Brava’ nos plantamos delante del Palacio de tapial que da la bienvenida a quienes llegan a Toral de los Guzmanes. Adentrarse en él es viajar en el tiempo pero también un recorrido por diferentes rincones y destrezas artesanales gracias a la mayor colección de botijos del mundo que alberga. Tres millares de piezas que van de las formas más tradicionales a las más extravagantes de un objeto tan simple como bonito tal y como se puede contemplar en Toral de los Guzmanes. Pero no es este el único tesoro que guarda el Palacio de la familia que puso apellido al pueblo. Es curioso el cuadro de Gary Richard Larson, un norteamericano que pasó por Toral a comienzos de este siglo con la Iglesia Evangélica. Dejó su impronta reflejada en una enorme obra pictórica que representa la entrada de los Reyes Católicos en la villa y que luce en una pequeña sala del valioso edificio de tapial. Allí mismo la pintó y de los vecinos de Toral se valió para poner cara a los muchos rostros que aparecen en el cuadro. Es Toral un pueblo con una iglesia sin torre y con una torre sin iglesia pero también es pueblo del que no se puede marchar sin haber pasado antes por el Monasterio de ‘las tentaciones’, el que tienen las Jerónimas del Monasterio de Nuestra Señora de Belén que trabajan para producir suculentos dulces.

Con tan buen sabor de boca y a escasos kilómetros en dirección a Benavente llegamos a Algadefe, un pueblo de los pocos que mantienen tradiciones como la subasta de las tartas y de la pata del gocho en el día de San Antón. La Historia pasó por allí en su día y lo hizo bien pronto dejando al pueblo un topónimo derivado del árabe cuyo significado es ‘las orillas’. Allí hubo también un importante monasterio para la provincia como lo fue el de Santa María, hoy ya extinto como lo está el palacio que Doña Urraca tuvo en Algadefe y que se conservó hasta el siglo XIX, quedando solo una tapia de testigo hasta 2010.

Pero al pasado hay que ponerle futuro y ojalá este lo protagonicen los 20 niños que mantienen las puertas de la escuela de Algadefe. Ellos son los que demuestran que, en medio de esa otra pandemia que es la de la despoblación, una escultura a la fertilidad sigue teniendo significado.
Volver arriba
Newsletter