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De primerísima necesidad

De primerísima necesidad

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Ilustración de Raiss El Fenni. Ampliar imagen Ilustración de Raiss El Fenni.
Valentín Carrera | 13/04/2020 A A
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De primerísima necesidad
Lo pequeño es hermoso Por Valentín Carrera
Cuando este artículo llegue a ustedes, el lunes 13 de abril, mientras en otros países la pandemia está comenzando a impactar, repartida desigualmente por todo el planeta, el Gobierno de España habrá iniciado la larga marcha hacia el fin de la alarma. Algunos cuestionan la legalidad del Estado de Alarma acordado por el Congreso -yo creo que es constitucionalmente impecable, pero es la opinión de un ciudadano de a pie-; más bien lamento que la ONU o la Organización Mundial de la Salud no tengan competencias para declarar un estado de alarma mundial.

El Covid19 nos obliga a replantear la gobernanza global por encima de soberanías nacionales. Trump y Bolsonaro no pueden burlarse de esta pandemia ni arrasar el Amazonas, porque ambas decisiones afectan a toda la población mundial. Y así con todo, desde el confinamiento de China al de Gaza, pasando por los barrios marginales de Vallecas. Mucha tarea pendiente para poner en orden democrático y ecológico el caos provocado por años de carrera armamentista, saqueo de la Naturaleza y desprecio a los derechos humanos.

A partir de hoy comienza el desconfinamiento: se levantará tal o cual medida restrictiva y se mantendrán otras, lo que invita a un debate apasionante: ¿Qué cosas son de primera necesidad? Como siempre, en política y en la vida, se trata de ordenar las prioridades. Pero, ¿cómo organizar las necesidades de 46 millones de personas, cada cual con sus taras y virtudes?

El modo en que reordenemos nuestras prioridades a partir de hoy determinará la temperatura moral de esta sociedad y su capacidad para transformarse o permanecer varada en el Antiguo Régimen.

Tracemos juntos -un amplio consenso social nos respalda- una línea roja: la Sanidad como categoría única de primerísima necesidad objetiva. La salud lo primero. No puede ser que haya un solo futbolista o tenista que gane más que una cirujana. No podemos seguir gastando más en cemento que en dependencia. No debemos consentir que un senador o un alcalde cobren dietas y un conductor de ambulancia no. Los aplausos están bien, pero menos botafumeiro, menos lutos y más compromiso efectivo con la sanidad pública, incluyendo la dependencia y las residencias de la tercera edad.

Los primeros presupuestos del Estado de la era post coronavirus, y los sucesivos, deberán reordenar el gasto social. ¿Más misiles o más hospitales? Yo apuesto por gasto cero en armas y por la reconversión de los ejércitos tradicionales en cuerpos de protección civil. Ya está inventado: la UME.

¿O alguien piensa que las obsoletas fragatas del siglo XIX, que no hace mucho vi atracadas en el Arsenal de El Ferrol, nos van a proteger de algo? No hay que ser el profeta Jeremías para saber que ningún país vecino nos atacará por mar, como antaño Francia o Inglaterra; las próximas guerras serán esto: pandemias víricas, naturales o inducidas.

Reordenar las prioridades. ¿Cómo es posible que gastemos en Defensa 5711 millones de euros y en Justicia 1508? ¿Cuál de los dos servicios es de primera necesidad? ¿Un país bien dotado de tanques o una Justicia moderna, ágil y bien retribuida? De Cultura, mejor no hablamos, siempre la Cenicienta: invitada al baile de la rosa, y a medianoche, calabazas. Sigamos definiendo qué es «primera necesidad».

Hay necesidades objetivas y subjetivas. Para millones de personas, la religión es un bien de primera necesidad; otros muchos millones preferimos la música o los libros, que también dan consuelo y goce espiritual. Si abren los templos y mezquitas, que abran las bibliotecas y librerías. No faltará quien reclame los bares, y si no abren antes de un mes, será la de san Quintín; y no lo voy a discutir, pero a su tiempo.

Lo que sí discuto es que la construcción sea ahora mismo, hoy, de primera necesidad. Ni la construcción ni el acero de Roldán ni el cemento de Cosmos: no veo un clamor social que lo demande, no afectan al bienestar de nuestros ancianos, en nada mejoran el colapso de los hospitales. Sí necesitamos el transporte, la alimentación, la seguridad, los servicios públicos. Ardua tarea la del Gobierno, levantar el confinamiento de modo gradual: acertará cada vez que priorice el bien común y se equivocará cada vez que obedezca a Patricia Botín.

El Gobierno de Pedro Sánchez -al que deseo lo mejor- acertará cada vez que ponga a las personas en el centro de su acción y de los futuros presupuestos; y se equivocará cuando retroceda hacia las trincheras golpistas del Antiguo Régimen. Acertará cuando disponga la renta social básica, cuando multiplique el presupuesto de Sanidad por dos y el de Cultura por tres; y se equivocará si las multinacionales y las grandes empresas evasoras de impuestos le doblan el pulso.

La gobernanza de España y del mundo no pueden seguir en manos de las corporaciones del Antiguo Régimen. Para salir del túnel del coronavirus, es de primera necesidad cambiar radicalmente las prioridades políticas, económicas y ecológicas. Decretemos un estado de alarma permanente contra la codicia y para proteger el Planeta, incluyendo la especie humana. La primavera avanza.
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