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"¿De dónde me voy a sentir? de donde soy, de Oliegos"

CULTURASIR

La mayoría de los vecinos de Oliegos y sus hijos se reunieron el viernes en Foncastín para recordar el desalojo. Ampliar imagen La mayoría de los vecinos de Oliegos y sus hijos se reunieron el viernes en Foncastín para recordar el desalojo.
Fulgencio Fernández | 11/12/2016 A A
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"¿De dónde me voy a sentir? de donde soy, de Oliegos"
Historia Un tren, 30 vagones, 3 de vecinos de Oliegos y 27 de enseres, es la metáfora de aquel primer desalojo a causa del pantano. Hoy, en Foncastín, recuerdan aquel tren 70 años después
Foncastín, que un día se llamó Foncastín de Oliegos pero ya no, huele a la Cepeda. Hay una calle León, hay un bar que se llama El Rincón de Oliegos y en él toda la decoración son cuadros, fotografías que ya no se podrán volver a hacer pues son imágenes del pueblo antes de que lo anegara el pantano de Villameca. Ahora hace 71 años.

Por el bar, por el Rincón de Oliegos, van apareciendo los hijos de los que se subieron a aquel tren. Hay una cita en el Hogar del Pensionista con «unos que vienen de Astorga»y para aquellas gentes todo lo que trae aromas de su tierra es especial. «Sí, claro que van a ir», se están preparando dicen los hijos y algún nieto de aquellos que fueron desalojados: Dorindo, Anibal, Rosi Castellano... El único que dice que no podrá acudir es Pedro, el mayor de todos, lo explica su hijo Carlos:«Ya tiene noventa años y es un poco tarde para él. Me gustaría que hubiera ido porque es el más crítico de todos, se ha ido haciendo cada vez menos complaciente», explica este ‘hijo de Oliegos’ que regresa con frecuencia al pueblo de sus padres y los trae para que mantengan el contacto. Carlos recuerda unan anécdota muy significativa:«Mi padre es un hombre serio, muy trabajador, empeñado en darnos estudios y siempre a lo suyo. Pero recuerdo el día que acabó de pagar las tierras, veinte años después de haber venido aquí para ‘las tierras del Marqués’, que aquel día bebió, creo que fue para él un alivio que llevaba esperando mucho tiempo».

Aquel tren es la memoria de la expulsión. Pedro ya tenía 19 años, el resto de los supervivientes entre cuatro y diez años, excepto Elías, que nació en aquel tren camino de Valladolid Llega la hora. Van llegando los hijos de los que fueron en aquel tren. Llegan los supervivientes y repiten la pregunta:«¿Quiénes son los de Astorga?». Y preguntan por conocidos, por noticias... Venir de su tierra es suficiente aval para acudir a la cita, como ellos acuden a los Versos a Oliegos o a otras citas. «La mayoría hemos vuelto prácticamente todos los años».

«Los de Astorga»son el colectivo Cuatro Llobos (que en realidad son tres, los cantautores Solito Trovador y Javier Morán y el poeta Abel Aparicio) ¡Qué tipos!, buena gente. Son ellos los que se han ofrecido para ir a actuar con una ‘condición’, antes harán un encuentro, una especie de filandón en el que los antiguos vecinos de Oliegos les cuenten sus recuerdos, sus impresiones, cómo les fue la vida en aquel nuevo pueblo que «cuando llegamos no era ni pueblo, eran las dependencias del servicio de un Marqués que vendió al Instituto Nacional de Colonización. «Las campanas las trajimos de Oliegos, y hasta un perro vino en aquellos trenes», explicaba antes del encuentro Pedro, «porque lo traje yo mismo».

No les cuesta mucho trabajo hablar a los supervivientes, a los hombres, a Pepe, a Manolo, a Alfredo... las mujeres se muestran más reacias a hablar, una de ellas, Evinda, casi se disculpa:«Eramos unas niñas, casi no nos acordamos de nada... para nosotras casi era una fiesta, quiero decir que no entendíamos nada de lo que pasaba».

- ¿Pero en casa la situación sería muy tensa?
- Hombre claro, quiero decir que con cuatro años casi no te dabas cuenta de nada, pero en las casas pues había mucho miedo a lo desconocido, allí teníamos la vida hecha y...

En ese momento Alfredo, que también era un niño, pone en el centro de la conversación un tema que volvió a repetir a lo largo de la velada:«Una cosa que hicieron muy mal fue tapar el cementerio sin más ni más. Podían haber sacado los restos, hacer algo, pero para mucha gente fue muy duro pasar por el cementerio y ver que todos sus familiares iban a ser ahogados como el resto del pueblo».

Pronto sale el tren en la conversación. No recuerdan muy bien el número de vagones que eran ¿Treinta?Serían. Pepe no hizo el viaje en aquel tren que salió de Porqueros:«Habíamos venido unos meses antes para ir preparando las tierras, pues ya sabíamos que era Foncastín el destino, habían mirado en otros sitios, como Huesca y se decidieron por la finca del Marqués explica». Manolo, Alfredo, Feli, Evinda, Pedro, Elena... sí hicieron el viaje en aquel tren. Elías, a medias, porque nació en el viaje.
- Los mayores lo notaron mucho; reconoce Pepe, que es de los primeros en coger la palabra.

Alfredo: "Lo que hicieron muy mal fue dejar allí el cementerio para que lo tapara el agua, fue muy duro" La «unanimidad» se rompe al hablar del papel del Instituto Nacional de Colonización, para Pepe actuó bien, Manolo no lo tiene tan claro y Alfredo es muy crítico.
- ¿Qué nos dio el Instituto?, lo que sacamos nosotros. Nos vendió las tierras y las casas, estuvimos veinte años pagando, ¿qué nos dio?

- Facilidades, ahí están los papeles; argumenta Pepe.
- ¿Facilidades?Al 20%de interés; si eso son facilidades.

En lo que sí coinciden las opiniones es en el cariño que mantienen por Oliegos, incluso los que ya nacieron en Foncastín, regresan con frecuencia. «Aquí no estamos mal, este es un buen pueblo ahora, y como Oliegos ya no existe para nosotros es el mejor pueblo del mundo», dice una mujer y Carlos recuerda las palabras que su padre repite cuando le preguntan: «¿de dónde se siente?».

- De donde me voy a sentir, de donde soy, de Oliegos, en La Cepeda.

Las raíces no las arrancó el tren.

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