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Daños y perjuicios en educación a causa de la pandemia

Daños y perjuicios en educación a causa de la pandemia

OPINIóN IR

11/06/2020 A A
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Daños y perjuicios en educación a causa de la pandemia
La crisis del coronavirus ha ocasionado el descalabro en todos los sectores y en educación no iba a ser menos. Algunos son evidentes, pero otros han quedado ocultos y con posibles secuelas. Estos son los tres más relevantes.

Primero: Cierre de colegios. El día 13 de marzo se cerraron todos los centros educativos en España. La solución propuesta era la enseñanza no presencial, todos en sus casas. Aquí aparece el primer problema: muchos alumnos y profesores no estaban preparados para la nueva enseñanza ‘online’. Nos fiaremos del informe ‘Covid-19 y educación: problemas, respuestas y escenarios’ del experto en educación Lucas Gortázar. Este estudio refleja que «mientras la privada asegura que el 75% de sus docentes dominan las herramientas ‘online’, en la pública el porcentaje cae al 45%». Las consecuencias son inmediatas porque muchos alumnos pierden el contacto con sus profesores y se quedan estancados. Es imprescindible hacer algo para paliar el impacto educativo de la pandemia en la enseñanza no universitaria, especialmente la pública, que se calcula que costará 5.000 millones de euros para escuelas de verano, programas de refuerzo, ampliaciones del número de horas lectivas el próximo curso y algo tan importante como el préstamo de dispositivos tecnológicos para los alumnos que no disponen de ellos, como ha quedado demostrado este trimestre. No es justo que la pandemia agrave la brecha educativa en las familias con menos recursos. Esta semana el presidente del Gobierno ha anunciado a los presidentes de las comunidades autónomas que se ha visto obligado a cambiar los criterios para el reparto del fondo de 16.000 millones no reembolsables para afrontar la crisis por la Covid-19. Con el fin de reforzar los centros educativos para afrontar con seguridad el nuevo curso, la educación ‘pública’ recibirá ya en septiembre 2.000 millones de euros. Tenemos que estar preparados para próximas epidemias porque no puede volver a repetirse la debacle del curso actual y porque tenemos que concienciarnos de que «la enseñanza no presencial ha venido para quedarse».

Segundo: La vuelta a la normalidad: Será una vuelta muy larga. La ministra de educación comentaba que, mientras no contemos con una vacuna, los colegios compartirán al 50% la enseñanza presencial y no presencial. Espero que la vacuna llegue antes de septiembre porque, de lo contrario, el berenjenal y el pitote que se va a organizar en los centros va a ser histórico. Por otra parte, este curso los exámenes finales sufrirán muchos cambios y, posiblemente, serán menos fiables. Se pierden los hábitos de trabajo que serán muy difíciles de recuperar. La selectividad seguirá siendo imprescindible para colocar a los alumnos en la universidad, pero esta prueba debe adaptarse a las circunstancias y bajar los niveles por lo que podría convertirse en una lotería la adjudicación de esas plazas. Es posible que los mejores alumnos no consigan las mejores calificaciones. También se suprimen las oposiciones para la enseñanza secundaria y se cortan las ilusiones a tantos aspirantes que llevan mucho tiempo dedicando sus vidas para conseguir una plaza fija como profesores. Y lo más importante, el esfuerzo impagable del profesorado para adaptarse a estas nuevas circunstancias. Estoy metido en grupos numerosos de whatsapp de profesores y la queja es unánime: «dedicamos más del doble de horas y esfuerzo que antes para conseguir peores resultados».

Tercero. La enseñanza concertada: Parece que la enseñanza concertada está pasando por un momento difícil. Al ser escasos los fondos de los conciertos no llegan para pagar el coste que el alumno recibe en la enseñanza pública. El sector se queja de que perciben unos 2.000 euros anuales por alumno, mientras que la pública podría llegar a los 6.000 euros. Este desfase lo solucionan los colegios concertados con aportaciones ‘voluntarias’ de las familias por medio de fundaciones, comedores, excursiones o sexta hora. Con el cierre de las escuelas por la pandemia son muchas las familias que cuestionan estas aportaciones. Los colegios resisten la primera oleada de protestas, pero, ante la devolución masiva de recibos, se ven obligados a ceder con descuentos de hasta el 40%. Esto aplaca las quejas de los padres. Malos tiempos para la concertada. A pesar de contar con un millón de alumnos, 130.000 profesores en 3.500 centros, existen corrientes que pretenden la eliminación de las escuelas concertadas que podrían pasar a públicas con las condiciones de la educación pública o quedarse como escuelas privadas con su financiación propia. En el Departamento de Educación de la Generalitat de Cataluña se ha hecho los cálculos de 145 millones para garantizar la gratuidad real de las enseñanzas obligatorias impartidas en los centros concertados. La justificación esgrimida es que estos centros educativos estén financiados por fondos públicos sin ser una educación pública y con los impuestos de todos se financian unas escuelas que seleccionan a su alumnado, con el argumento de la libertad de las familias de elección de centro educativo. Posiblemente la verdadera razón esté en que el 64% de las escuelas concertadas son propiedad de la Iglesia y que algunas de ellas segregan por sexo. La Generalitat ha denegado la renovación del concierto a 11 escuelas catalanas que diferencian por sexo, pero les ha concedido un año de prórroga, según recoge la resolución para la renovación provisional de los conciertos educativos de Primaria. El aire sopla en dirección contraria a la enseñanza concertada, pero dudo mucho que prospere esa idea y que lleguen a desaparecer los colegios concertados porque eso sería demasiado costoso y no estamos en los mejores momentos en España para meternos en estos gastos extraordinarios.
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