Con la localización del cuerpo, junto al vallado de la planta de residuos, la Policía Científica, el forense y la Guardia Civil se trasladó a la zona para estudiar la escena, al objeto de tomar todo tipo de muestras y recabar pruebas que ayuden a esclarecer la muerte violenta de la joven de 33 años. Pasadas las tres y media de la madrugada y pese a que el coche funerario se había desplazado al lugar horas antes, aún no se había procedido al levantamiento del cadáver.
El lugar, apartado del centro de Castrogonzalo y a espaldas de la fábrica Proláctea, estaba sembrado de vehículos de la Guardia Civil, mientras familiares y allegados recibían, junto a la zona donde se encontraba el cadáver, información directa de los responsables de la investigación hasta que, finalmente, abandonaron la zona en sus vehículos particulares rumbo a sus domicilios.
Pese a las horas, un reguero de vecinos se había desplazado hasta el lugar, algunos familiares directos, otros indirectos. Todos estupefactos ante la noticia, intercambiando información y datos de la joven, preguntándose quién habría podido segar la vida a su vecina, según recoge el diario ABC.es.
Hablaban de Leticia Rosino Andrés, trabajadora química en Lácteas Cobreros, natural de Tábara —su padre regenta un supermercado en esta localidad— y vecina de Castrogonzalo desde junio pasado. En una casa cedida por la familia política vivía con su novio, este sí, natural del pueblo benaventano. Leticia, que tenía un hermano de 28 años, era querida y respetada en la localidad, «majísima», a decir de los propios vecinos. Un dispositivo de búsqueda había sido improvisado, tras realizar una llamada a través de las redes sociales para intentar localizarla con vida. El tiempo de la joven ha terminado, comienza el de la investigación para esclarecer los hechos.
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