La pequeña salmantina María Caamaño Múñez, conocida popularmente como la ‘Princesa Futbolera Guerrera’, falleció este jueves, a los 13 años, en el Complejo Asistencial Universitario de Salamanca. La menor no pudo superar el sarcoma de Ewing, cáncer catalogado como enfermedad rara con especial incidencia en los niños y jóvenes, que se le diagnosticó seis años atrás, cuando contaba con tan solo siete.
Desde entonces, María no dejó de luchar, junto a su familia, como imagen y responsable del proyecto solidario ‘La Sonrisa de María’, centrado en la recaudación de fondos destinados a la investigación oncológica. Entre otros reconocimientos, la pequeña y su iniciativa fueron distinguidas por la Junta con el Premio Castilla y León de los Valores Humanos y Sociales correspondiente a 2024.
La menor fundó ‘La Sonrisa de María’, junto con el torero Gonzalo Caballero, con el fin de apoyar los estudios médicos sobre el sarcoma de Ewing y otros cánceres, y a las familias que los pacientes que los padecen. Su mediático y sonriente rostro se ganó la simpatía y la solidaridad de la sociedad española gracias a su presencia en espacios televisivos, galas y eventos culturales. Así, levantó la Eurocopa en Cibeles durante la celebración de la Selección Española de Fútbol.
Además, María viajó en febrero de 2025 hasta el Vaticano para recibir en la plaza de San Pedro el abrazo del papa Francisco. Allí pudo entregar al sumo pontífice unas cartas de la parroquia de su pueblo, Encinas de Abajo, y un regalo de su proyecto, ‘La Sonrisa de María’.
El pasado verano la niña pudo cumplir un sueño titulado el ‘Jardín de María’, una nueva zona de esparcimiento del área pediátrica del Complejo Asistencial de Salamanca, construida en una de las terrazas del Hospital, con el objetivo de humanizar la asistencia sanitaria, en homenaje a su propia figura.
María se sometió a un tratamiento experimental en el Hospital Infantil Universitario Niño Jesús de Madrid para combatir el sarcoma de Ewing, que según el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, afecta a entre nueve y diez niños o jóvenes por cada millón de habitantes, lo que le convierte en el segundo cáncer de hueso más común en niños.