Esta web utiliza las cookies _ga/_utm propiedad de Google Analytics, persistentes durante 2 años, para habilitar la función de control de visitas únicas con el fin de facilitarle su navegación por el sitio web. Si continúa navegando consideramos que está de acuerdo con su uso. Podrá revocar el consentimiento y obtener más información consultando nuestra Política de cookies.
ACEPTAR
Publicidad

Cuatro locos

Cuatro locos

OPINIóN IR

18/08/2018 A A
Imprimir
Cuatro locos
A los vencejos que beben del río, sobre el que pasan a toda velocidad y casi sin tocarlo, la música se les enreda en las alas. Las notas caen después encima de los árboles y las montañas sobre las que vuelan; ya que los vencejos, animales fantásticos, no se posan jamás, e incluso se aparean en pleno vuelo, en una danza furiosa entre el enamoramiento instintivo y la supervivencia. Dicen que los amores de verano, que se descubren junto a un río o junto al mar, son igualmente fugaces, pero sé de algunos que llevan resistiendo varios inviernos.

Los pájaros atraviesan las redes que tejen las notas en los atardeceres del estío porque en estos meses los pueblos se llenan de música. Y no sólo durante las fiestas tradicionales, organizadas por esforzadas comisiones que, casa por casa, buscan apoyo para traer a una orquesta, hacer juegos para los niños, montar un bar y poner banderolas en la plaza mayor. La música también llega a los pueblos con los festivales y programaciones culturales que se realizan durante esta estación en la que a veces parece que sólo existe la playa y los viajes al extranjero. Y no sólo la música, también el cine, el teatro, las presentaciones de libros, el baile o las exposiciones.

Junto a las actividades de ayuntamientos e instituciones, e incluso por detrás de las medallas que a veces se ponen otros, existen unos cuantos actos y festivales impulsados, como me han dicho muchas veces, por «cuatro locos».

«Somos cuatro locos, pero nos gusta». Algo de eso hay porque, si no fuera por esa locura, no se explica su entusiasmo, su resistencia ante los dolores de cabeza de hacer algo así. Todavía no he conocido a ninguno que viva de esto y sí a una mayoría que no recibe nada. La de ‘amor al arte’ sigue siendo una razón.

Sólo porque hay cuatro locos o locas, o seis o dieciséis, puede salir adelante en León algo tan singular como ‘El secreto de las fiestas’, una celebración del escritor Francisco Casavella impulsada por Yago Ferreira. Oen Balboa, por la pentatónica piradura de Chema Robles, el Festival Tronco Sonoro de blues, rock y soul, que se celebra estos días.

Descubrid a los locos de vuestros pueblos y echadles una mano, hombre.
Volver arriba
Newsletter