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Cuando un equipo legendario tocó el cielo por última vez

Cuando un equipo legendario tocó el cielo por última vez

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Urko, Dumas, Bulfoni, Calvo y Quinteros festejan en primer término, junto al resto del equipo, el ascenso en el Palacio. | MAURICIO PEÑA Ampliar imagen Urko, Dumas, Bulfoni, Calvo y Quinteros festejan en primer término, junto al resto del equipo, el ascenso en el Palacio. | MAURICIO PEÑA
Jesús Coca Aguilera | 02/04/2020 A A
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Cuando un equipo legendario tocó el cielo por última vez
20 momentos para 20 años de deporte (VII) Baloncesto León subió en 2007 a ACB tras un un inolvidable ‘playoff’ en el que eliminó en el quinto partido tanto al Palma como al Cai
Hace ya ocho años que desapareció Baloncesto León. Ocho temporadas desde que la ciudad se quedó huérfana de un basket de élite que nunca ha regresado. Pero ni ocho campañas ni muchas más podrán hacer olvidar a todos sus aficionados aquello que el legendario club hizo vivir durante varias décadas a León, que se volcó con un equipo que le dio múltiples alegrías.

¿El último gran logro? Llegó en 2007, hace ahora 13 años, cuando el entonces llamado Climalia León tocó el cielo por última vez, consiguiendo su segundo ascenso a una ACB que recuperaba seis temporadas después del descenso y tras varios intentos frustrados de regresar desde una LEB en la que nunca conseguía rematar la faena.

Pero por fin, a la séptima fue la vencida. En las seis temporadas anteriores su peor puesto había sido un quinto, pero en el ‘playoff’ llegaba el palo. Es más, dos veces ganó la liga regular, pero al contrario que en la actualidad de aquellas el campeón no ascendía directamente e incluso en una de ellas fue eliminado luego por el octavo a las primeras de cambio. Sin embargo, tras cuatro campañas seguidas quedándose a un cruce de subir, llegó el merecido premio.

León llevaba 6 años siendo quinto o mejor en liga, y cuatro seguidos quedándose a una eliminatoria de subir Fue el año en el que Joaquín Rodríguez, el gran ‘arquitecto’ del equipo, encontró a esa ‘perla’ argentina llamada Paolo Quinteros, que dominó la competición a su antojo. En el que Juanjo Bernabé y Stephane Dumas formaron una pareja de bases complementaria, pues eran muy diferentes, pero de extraordinario rendimiento. En el que Javier Bulfoni fue una ‘metralleta’ de principio a fin en un juego exterior en el que Lucho Fernández era el rey de los intangibles y que completaba con mucha menor participación Fran Baquer, ayudando también en los entrenos dos jóvenes canteranos como Carlos Fernández Riol y Jorge Calvo. Y en el que en el juego interior Rick Hughes marcaba diferencias, Jaime Peterson y Urko Otegi se fajaban un día sí y otro también bajo tableros, Dani García abría el campo como ese ‘cuatro abierto’ que empezaba a ser fundamental en el baloncesto y Terence Leather pasaba de ser cuestionado durante el año a héroe en la eliminatoria decisiva.

Todos ellos, bajo la dirección de un Gustavo Aranzana que había regresado a casa para devolver al equipo a la élite y tenía de segundo a Javi de Grado, fueron los protagonistas de una temporada que fue bien desde el inicio, pues el equipo empezó ya ganando cinco de los seis primeros partidos de liga y se proclamó en enero campeón de la Copa Príncipe tras imponerse con contundencia tanto a Los Barrios como al Cantabria en la final.

Pese a ello, y a que el conjunto leonés terminó segundo en la liga regular, ganándose por tanto la ventaja de campo en las dos eliminatorias de ‘playoff’ y llegando a él con buenas sensaciones tras ganar los tres últimos partidos de liga, nadie se fiaba pues aún se recordaban las desgracias recientes en el momento de la verdad.

Y de hecho la primera ronda fue ya una gran batalla que, cuando parecía que podía ser un ‘paseo triunfal’, se complicó y acabó decidiéndose en el quinto partido. El rival era el Palma Aqua Mágica, que tenía como gran estrella al pívot Lou Roe, que sólo dos temporadas antes había sido el más valorado de una ACB en la que anteriormente había sido designado MVP. Pero los dos primeros partidos en León fueron como ver al norteamericano contra el mundo y ambos se saldaron con contundentes victorias locales por más de 20 puntos de diferencia (87-62 y 99-77).

Ganaron la Copa Príncipe, fueron segundos en liga y sobrevivieron a la exhibición de Lou Roe en el primer cruce Sin embargo, en las islas el panorama cambió por completo. Perdonó Climalia León la sentencia en el tercer partido, en el que tras ir a remolque desde el inicio cayó 94-89 en el igualado final; y naufragó en el cuarto, en el fue barrido por 92-66 volviendo a León con las dinámicas y sensaciones cambiadas.

Pero los leoneses no fallaron. Mandaron desde el inicio y se clasificaron liderados por un sensacional Bulfoni, que firmó 28 puntos incluidos los decisivos para sentenciar cuando una zona les había atascado y había puesto a dos al Palma en el tramo final. 85-75 acababan imponiéndose, citándose en la eliminatoria final con un Cai Zaragoza que llegaba mucho más descansado tras vencer 3-0 al Inca.

Darren Phillip, el ‘gigante’ Starosta, el ex del Real Madrid Lucas Victoriano, el que luego fuera jugador de León Heshimu Evans, Rafa Vidaurreta, Matías Lescano o Corbacho destacaban en aquel equipo maño al que de la mano de Hugues y Quinteros ganó 89-75 León el primer partido, pero que dos días después ‘robaba’ la ventaja de campo al imponerse por 73-88 en el Palacio.

Subir implicaba ganar al menos un partido en el Príncipe Felipe. Y el primero de los jugados allí acabó con un nuevo triunfo maño, por 79-73, que dejaba a sólo un paso del ascenso a unos y de un nuevo varapalo a los otros.

Pero aquel 24 de mayo de 2007 llegó la campanada. Y lo hizo de la mano de un protagonista inesperado, Terence Leather, que firmó 22 puntos y seis rebotes y frenó tras el descanso a un Starosta que estaba imparable con 22 de 24 en tiros en los tres primeros partidos de la serie, y que aunque acabó aquel día con 24 rebotes perdió la partida con el norteamericano a la hora de la verdad.

Con 2-1 en contra en la final, Leather fue el inesperado arma con el que se ganó en Zaragoza y se subió en León Así, tras ir perdiendo por dobles dígitos en la primera mitad, León remontó y con Quinteros rematando la faena al final ganaba 73-82 dejando el ascenso para quien ganara el quinto partido que debía acoger el Palacio de Deportes.

Y el factor ambiente fue fundamental. Aquel 26 de mayo no cabía un alma más en él, ni en las escaleras ni en los pasillos, siendo imposible calcular un aforo que seguro superaría el límite legal establecido.

Y León respondió. Otra vez se exhibió Leather, que hizo 16 puntos y junto a la defensa de Peterson dejó en dos a Starosta. De nuevo se vio al Paolo Quinteros imponente, que con 24 fue al máximo anotador, y al Hughes referente en la zona firmando 15 con 11 rebotes para un total de 27 de valoración. Y con eso, la dirección de Bernabé y Dumas y la aportación de Lucho, se fraguó el triunfo de los de Aranzana, que fueron siempre por delante y encarrilaron el choque en el segundo cuarto, cogiendo una renta de 10 puntos en torno a la cual se movieron hasta el final, e imponiéndose finalmente por 89-79.

Festejo en la pista, en la fuente, en el Ayuntamiento... y vuelta a una ACB donde sólo duró un año, pagándose de hecho luego los esfuerzos económicos realizados para estar en ella. Pero eso es otra historia distinta y de final mucho más triste...
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