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Cuando se ordeñaba a mano

Cuando se ordeñaba a mano

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Toño Morala | 20/01/2020 A A
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Cuando se ordeñaba a mano
Reportajes Parece fácil lo de ordeñar a mano, pero no lo es, al menos hacerlo bien, que el animal quedara bien vacío y a gusto, así como cuidar del caldero, no fuera el rabo espantando las moscas y los tábanos o una coz, y la leche arramada por el suelo… ¡Menuda pérdida!
¡Arriba, que hay que ir a ordeñar! Daba una voz el padre o abuelo, y todo dios al migado de pan con leche, y para la cuadra. Imagino que a algunos les viene a la memoria cuando eran jóvenes y ordeñaban a mano antes de ir al baile los domingos como el rayo; daba lo mismo que fueran vacas que cabras que ovejas. A ordeñar, la palangana preparada para la “ducha” de aquel tiempo, el “Varon dandy”, la bicicleta o el cuatro latas… y a bailar. Lo de por la mañana, el levantarse para ordeñar, era otra historia, pero había que hacerlo, y punto. Y siempre estaba a mano el padre o abuelo, como las mujeres de la casa que también echaban una mano. Pero el recuerdo que tiene uno del ordeño a mano tanto en ovejas como en vacas, es el ver a los paisanos dando “órdenes” por el nombre a los animales para que se estuvieran quietos; de vez en cuando bajaba algún santo del cielo, pero para eso se iba los domingos a misa. Y quién no recuerda a los paisanos con la boina apoyada en la panza de las vacas, con la estaca de tabaco en la boca para con el humo espantar a las moscas, y haciendo tranquilamente el ordeño, colar la leche con el trapo y el colador para las cántaras de aluminio, y a esperar a que llegara el camión de recogida. Luego venía el almuerzo, la parva, un bostezo, y a seguir con las grandes tareas de una ganadería más bien pequeña, pero se vivía de ella. La leche fue, en grandes comarcas y en la montaña, la sobrevivencia de la gente, de los pueblos, de los concejos, junto al reparto de quiñones y las suertes de leña, donde la había. Y esto de ordeñar parece fácil, pero naranjas de la china; un buen ordeñador era capaz de ordeñar a seis vacas en poco más de una hora. Por un lado las vacas daban menos leche, pero de mejor calidad, y por otro, la práctica y el conocimiento puntual de cada animal, era la norma a seguir; y también el mamarlo desde niño o niña… la de risas y chistes que se les saltaban a los mayores cuando empezaban los pequeños a ordeñar sentados en el tajuelo de tres patas, el caldero de zinc, o aquellos otros de baño de porcelana blanca y un dibujo de flores; mucha pulcritud… había que limpiar las cuadras, hacer las camas, y las vacas u ovejas a pastar por los prados adelante buscándose el sustento. Aquí también hay lo suyo, que algunos eran los más rápidos ordeñando, los que mejor ganado tenían, las que daban más leche y de largo… las que más grasa tenía la leche… y casaban entre los pueblos de al lado, o del mismo, y luego la cosa iba menguando, no era para tanto la cosa; todo normal, más o menos, como todo el mundo. El ordeño tradicional es una labor ganadera que viene realizándose desde hace miles de años, desde que el hombre tuvo la necesidad de sacar la leche de aquellos primeros animales que fue domesticando. Una tarea que con el paso de los años se va extinguiendo por el avance del ordeño automático.

Una voz del padre o abuelo, y todo dios al migado de pan con leche, y para la cuadra a ordeñar  También uno recuerda por esos caminos de la vida, cuando la paisana llevaba del ronzal la vaca por los arcenes en busca de hierba fresca; apenas había coches, y también, el que les escribe, vio a alguna vaca tapada con una especie de manta cuando había cogido enfriamiento… Cuentan las crónicas sobre los conocimientos populares sobre ganado… –aunque aquí, cada maestrillo tenía su librillo- “el agua no se pusiera muy fría para beber, se le daba una frotación y se enmantaba». Para el tratamiento se empleaba vinagre, sal y huevo. Primero se vertía vinagre por todo el lomo, sobre todo a la altura de los riñones, y se frotaba con la mano. Después se añadía sal y algo más de vinagre y se seguía frotando enérgicamente para que «entrase en calor». Para finalizar se le aplastaba un huevo en el lomo y se le extendía con cuidado por todo él. A continuación, se enmantaba. Consistía esto en cubrir la vaca con un sábano que se le sujetaba con los cabos para que no se le cayese al tumbarse. A veces se ponía un saco de papel debajo del sábano para que «guardase mejor el calor». Las tradiciones son las tradiciones… y cuando no había más remedio, se llamaba al veterinario. Historias para contar hay las que se quieran, pero llama la atención en zona de minas; cuando cambiaban las cintas del transporte del carbón por desgaste, muchos ganaderos, las cortaban a la medida, y servían de cama; era más limpia y se hacían menos daño en las pezuñas. Lo que se va aprendiendo con esa observación de lo que a uno le gusta.

Y los pastores de oveja de leche; esos buenos hombres y mujeres, también han dado el callo de lo lindo, basta ver muchos cuerpos encorvados, los dedos de las manos, desarmados… en aquellos años donde apenas había luz, unos farolillos y con mucho cuidado, pues se podía quemar el aprisco con la paja o hierba. Luego, con aquellos camping-gas que ya tenían menos peligro… y la oveja que es un animal que tela, tan pronto pegaba un salto por encima de la cancilla, y otra vez a por ella para ordeñarla, y dependiendo del número de cabezas y de manos para ordeñar, mínimo de dos horas para adelante, por la mañana y por la tarde. Lo bueno que tenían es que de vez en cuando, hacían quesos para consumo propio, y el fresco, es manjar de dioses, qué bueno está. Aquí cabe todo un rosario de leyendas y de contar en los filandones las grandes historias de los fieles perros armados de carlancas para el temido lobo; hablamos de los mastines. También cabe, en el frío invierno y con la capa, el zurrón, las botas de suela de madera… cuando salían al campo, y allá al mediodía bajaba la temida niebla negra, y en tierras de páramos, se perdían… se hacía de noche y ni el pastor ni los perros llegaban al aprisco; se tocaban las campanas, y salían en su busca los vecinos… imagino el miedo del joven pastor. Esto que les cuento le pasó a un primo mío de Villamoratiel de las Matas, y apareció en la raya de Las Grañeras, mi buen amigo Pedro.

La leche fue, en grandes comarcas y en la montaña, la sobrevivencia de la gente y los pueblos  Y también hay que contar algo de las cabras, ese animal que limpia como nadie los montes, y que aprovechan todo lo que sea verde. Dan un poco más de leche que la oveja, pero el pastoreo es diferente; suelen tener los apriscos a las afueras de los pueblos, en los caminos que llevan a los pequeños o grandes montes. Al tratarse de animales en régimen extensivo debe incluirse el coste energético derivado de la actividad física realizada diariamente al moverse. Diversos autores han sugerido importantes incrementos de gasto energético sobre las necesidades de mantenimiento debidos al pastoreo. De esa manera, daban más o menos leche… y todavía, muchos cabreros siguen ordeñando a mano por esas tierras de la sobrevivencia. Y el ordeñar a mano también tiene a otros animales que les va de maravilla; están las burras, que su leche se ha puesto de moda, las yeguas, las búfalas, camellas… y hay que indicar que sería bueno el incentivar a la España vaciada, para con ayudas, se fuera gente joven a repoblar los pueblos y con unos pocos animales de pastoreo, un poco de agricultura, más una ayuda por limpiar montes y plantar árboles, salía mucho más barato y rentable que apagar los incendios, más las grandes pérdidas del ecosistema… y seguro, que se apuntarían muchos jóvenes que les gusta el campo y su forma de vida. Y si hay que volver a ordeñar a mano, pues se vuelve… que nadie ha muerto por ello; otra cosa será el ir aprendiendo, pues van quedando pocos ganaderos como los de antaño.
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