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Cuando las artes se dan cita en Villafranca

Cuando las artes se dan cita en Villafranca

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Uno de los conciertos que pudieron disfrutarse en Villafranca este verano. (realizada por Cela). Ampliar imagen Uno de los conciertos que pudieron disfrutarse en Villafranca este verano. (realizada por Cela).
Ramón Cela | 10/11/2019 A A
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Cuando las artes se dan cita en Villafranca
Rincones Olvidados Cristóbal Halffter cumple medio siglo en Villafranca, su segunda casa, donde compartió con Marita, su musa, otros tantos. Y allí lleva la música cada año como ha hecho este con 15 conciertos para convertirla en la capital de las melodías que lleva por bandera y que los villafranquinos saben agradecer
Son más de cincuenta años los que separan la actualidad de aquel día que llegó a Villafranca un joven compositor que cortejaba a la mujer más admirada de la villa, y no por ser la hija del Conde de Peña Ramiro, sino por las enormes virtudes que la adornaban y de las que sobresalí, aquellas como la humildad y simpatía que despertaba ante los vecinos de una población que desde tiempos atrás, había cogido el tren de la cultura a través de la música, la poesía y cualquier manifestación artística que llevara a sus vecinos camino de un mundo mejor que aquellos que se ofrecían en otros lugares donde existía un adoctrinamiento generalizado en fiestas populares o deportivas que en ocasiones, enardecían a las masas.

Cristóbal Halffter Encinas, era un apuesto joven que llegó a Villafranca con cierto aire de extranjero, dado su físico y profesión, ya que aquello de ser compositor sin hacer canciones del momento, resultaba, cuando menos ,un poco duro de entender porque los consagrados en la música clásica hacía muchos años que estaban muertos y los que hacían zarzuelas se habían pasado de moda, por lo que le daba un cierto aire de misterio y escepticismo, hasta que en un tiempo récord, Cristóbal, con su sencillez, fue capaz de ganarse las simpatías y afecto de todos, tanto por su esmerada educación como por aquella gracia que emanaba de todos sus actos.
Como cuando le dijo al dueño del Restaurant « La Charola» que en la mili, él era quien tocaba los platillos. Algo que se corrió por toda la población como una bonita anécdota que denotaba que buscaba la cercanía del pueblo y este se la entregó de inmediato.

Lo importante era que a Maríta , María Manuela Caro Carbajal, se la veía feliz, y esa felicidad contagió a todos los villafranquinos, porque, como hemos apuntado, gozaba de la admiración y estima de todos los ciudadanos, no por ser la hija del Conde, sino, porque algunas personas, como es este el caso, llevan consigo una aureola que arrastra para sí el respeto y cariño de todo aquel al que se acerca y Marita, siempre fue muy cercana a todos.

No pasó mucho tiempo cuando la inquietud artística y cultural de Marita y Cristóbal, nos llevaron a crear la Asociación Cultural Juan de La Encina y comenzaron a darse los primeros conciertos, primero de piano y luego con orquestas sinfónicas y todo tipo de instrumentos musicales. Marita, como primer pianista de la Orquesta Nacional y virtuosa indiscutible con un piano en sus manos, nos ofreció muchos conciertos que, de forma gratuita, se daban en diversos lugares de la villa. En ocasiones acompañada por otras profesionales y siempre con la enorme sencillez que la caracterizaba. Todo elogio hacia su persona siempre será pobre.

Sus hijos, Alonso, María y Pedro crecían entre los niños de la villa y ellos demostraron que los hijos no son otra cosa que el fiel reflejo de sus padres y este, no podía ser mejor, por lo que siempre fueron considerados como hijos del pueblo y ambos gozaron y contarán siempre del afecto de todos.

Pronto dieron comienzo los cursos de dirección y composición musicales y el alma mater, como no podía ser otro, fue Cristóbal, quien con esfuerzo y alto coste particular, los fue sacando adelante y hoy gozan de una merecida fama a nivel internacional y que ahora su hijo Pedro, con gran generosidad y cariño demostrado a Villafranca y sus gentes, toma las riendas de las iniciativas de sus padres y ya es digno discípulo de ellos, que con justicia y buen hacer, lo esta consiguiendo.
Pedro Halffter Caro viene precedido de una gran fama que nadie le ha regalado y con su saber y talento nos está haciendo felices, no solo a los villafranquinos, que le adoramos, sino a todos los bercianos, algo que en estos tiempos es muy difícil de conseguir.

Como el año pasado y bajo la dirección de Pedro Halffter, se han realizado , en el mes de agosto, una quincena de conciertos, tanto de violonchelo como de piano, dejando en nuestro recuerdo, ese espacio de dulzura, por el cual merece la pena vivir y que solamente lo ensombrece la falta de Marita , fallecida hace casi dos años y que nunca, nunca habrá muerto para los villafranquinos y todas aquellas personas que, afortunadas, llegaron a conocerla y que tanto la echamos de menos, pero que sin embargo, la tenemos constantemente en nuestro recuerdo, caminar y saludar a todos, porque sus saludos y buenos deseos jamás se los negó a nadie y hoy como cada día, cuando alzamos la vista a las estrellas, sabemos que la más rutilante es ella que desde esa atalaya, mucho más alta que su castillo, nos anima a seguir siempre los pasos que nos mostró, para llegar a ser la población más cultural de toda la comunidad de Castilla y León.

Mientras, su esposo, con la gran herida siempre abierta en su corazón, sigue componiendo música y elevando la mirada. La busca con ahínco porque Marita fue y será siempre su musa, como también lo es la gran Señora de Villafranca. De Cristóbal, hay tanto que decir y admirar, que todas las páginas de este diario, serían insuficientes para dar cabida a lo que todos los villafranquinos podríamos contar sobre el agradecimiento y cariño que hacia él procesamos…
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