Esta web utiliza las cookies _ga/_utm propiedad de Google Analytics, persistentes durante 2 años, para habilitar la función de control de visitas únicas con el fin de facilitarle su navegación por el sitio web. Si continúa navegando consideramos que está de acuerdo con su uso. Podrá revocar el consentimiento y obtener más información consultando nuestra Política de cookies.
ACEPTAR
Publicidad

Cuando Halffter llora

Cuando Halffter llora

OPINIóN IR

14/08/2018 A A
Imprimir
Cuando Halffter llora
Cada movimiento es un esfuerzo lento para él, que como nadie ha regalado sus manos al dictado de la batuta y sorprendido a los auditorios haciendo bailar las notas en el aire. Imborrable su envoltura del arte que supura en cada cabello cándido. Ahora, su escudo es un bastón y el abrazo de sus hijos, que le recuerdan que no está solo, porque Cristóbal Halffter solo pedía eso al despedir a Marita, su Marita, la pianista que dibujaba claves de sol cada día para él. Pero desde esa debilidad que el físico impone al mirarse en el reflejo de los años, Halffter sigue hablando en alto cuando siente que hay que hacerlo. Hace seis meses que algo abrió esa necesidad de gritar al compositor excelso. Y tenía pendiente una caricia para los oídos desde entonces, algo que amilanara una injusticia de esas a las que es imposible poner nombre ni lugar ni fecha. Ni siquiera la justicia tiene que ver con algo así, la muerte cruel de un niño que no debía marcharse. No le tocaba salir a nadar al ‘pescaíto’, pero el reloj invirtió los términos y le obligó a marcar su hora. Halffter miró a los ojos a los girasoles con los que su madre quería recordarle, a los peces de colores que volaron fuera del agua para acompañarle. Y el compositor quiso acudir a la cita del recuerdo. El violonchelo puso voz a ese reconocimiento a la dignidad de un cordón umbilical, y a esa fuerza solidaria despertada desde la tragedia. ‘Llanto por el Pescaíto’ tituló su nueva obra Halffter. Y las lágrimas se sumaron a la música en un sentimiento que solo puede despertar la emoción sobre la emoción. Cristóbal tiene girasoles en los ojos, los de Marita siempre, pero también los de los seres empáticos que regala el cielo a cuentagotas y que saben mirar sin condiciones. Príncipes con castillo de los que enorgullecerse hasta que el bravo se agote en la garganta y a los que es obligado pedirles ese ‘música maestro’.
Volver arriba
Newsletter