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Cuando cacereño también significaba leonés y era un insulto

Cuando cacereño también significaba leonés y era un insulto

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Fulgencio Fernández | 27/01/2020 A A
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Cuando cacereño también significaba leonés y era un insulto
Cultura Raúl Guerra Garrido publicó en 1969 ‘Cacereño’, la novela de los inmigrantes de todo el país que buscaban trabajo en Euskadi, los ‘maquetos’. En el 50 aniversario ha sido llevada la historia a un documental que también visita el Bierzo
«Cacereño es el título de la primera novela publicada por Raúl Guerra Garrido. Ha llovido mucho desde aquella lejana edición de diciembre de 1969. He vuelto al libro con cierto espíritu arqueológico. Gratamente he confirmado que cuenta una historia comprensible más allá de los avatares del tiempo. Es la historia intemporal del hombre que abandona el paisaje nativo, su familia y sus hábitos para establecerse en condiciones de inferioridad social y económica en un lugar en el que es acogido con recelo, donde sufrirá discriminación y habrá de deslomarse trabajando para encontrar un acomodo aceptable». Quien esto escribe es Fernando Aramburu, el autor de la celebrada obra ‘Patria’. Habla del berciano Guerra Garrido cuando se cumple medio siglo de aquella novela que cuenta las peripecias de un migrante extremeño, de la localidad cacereña de Miajadas, —en la novela Torrecasar— que llega a buscarse el futuro en Gipuzkoa, algo que Guerra Garrido conoce perfectamente pues también fue su situación. Sin embargo, todo ese mundo no había sido llevado a la literatura con el realismo del escritor de origen berciano.

Añade Aramburu que «como anuncia el título de la novela, se trata del inmigrante que deja su pueblo de la provincia de Cáceres en busca de una vida mejor en el País Vasco de los años del desarrollismo, en plena dictadura de Franco. Hay que puntualizar que cacereño tiene en la novela de Guerra Garrido una acepción que excede los límites del mero gentilicio. Cacereño era por entonces, en el País Vasco, un término peyorativo equivalente a maqueto. Designa al venido de otras regiones de España, no necesariamente de Extremadura, a vender su mano de obra y a realizar los trabajos más duros y peor pagados. Recuerdo en mi San Sebastián natal, cuando yo era niño, el empleo como insulto de la palabra cacereño. No creo que la ignorancia explique por sí sola el racismo. La arrogancia y la mala fe son también sus ingredientes».

En este novela, el protagonista, El joven protagonista, José Bajo, llega a un suburbio de San Sebastián, donde se relaciona en principio con gentes que viven su misma situación, pero todo cambia, a mejor, al enamorarse de Izaskun, vasca, y logra integrarse en la aquella sociedad, no sin esfuerzos. El éxito se simboliza en la hija de ambos, «que crecerá hablando su idioma y el de la madre».

Sin embargo, el final feliz no le impide, más bien le permite a Raúl Guerra ir mostrando las dificultades, las injusticias, los desprecios. Fue una novela valiente, como lo sería la trayectoria literaria de este leonés que se vio obligado a pasar muchos años con escolta por su postura valiente frente al terrorismo, llevada a varias novelas posteriores. El propio Aramburu lo recuerda: «Como documento humano, la novela de Guerra Garrido me parece altamente valiosa. También como retrato de una sociedad en la que se empieza a fraguar el terrorismo y la consiguiente fractura social que determinará las décadas siguientes. De hecho, se alude a una pintada en favor de ETA en una de las fachadas de la fábrica. El propio Guerra Garrido ha contado en alguna ocasión que la censura franquista lo obligó a suprimir un ‘Gora ETA’ en el texto. Con Cacereño, Raúl Guerra Garrido inaugura en calidad de pionero la novela de tema vasco que pone su foco de atención en la vivencia particular de las víctimas».

Cacereño, el documental


Al cumplirse los 50 años de Cacereño la historia ha sido llevada a un documental realizado por ETB y titulado Cacereño, un retrato social ,que recorre los espacios vitales del escritor —en los que está el Bierzo— y los lugares de la novela. De hecho, «es la localidad cacereña de Miajadas la que abre y cierra el documental como muestra de lo que era hace 50 años, cuando a Guerra Garrido se le ‘caía el ánimo’ al ver que la mayoría de sus casas se anunciaban con carteles en venta, y en lo que se ha convertido medio siglo después. Pero el equipo también ha filmado en Ponferrada y Cacabelos, las localidades leonesas a las que Guerra Garrido está vinculado afectiva y familiarmente, donde le han dedicado sendas calles; en Corullón, la comarca que le inspiró para El año del wolfram, y en Medina de Rioseco (Valladolid), como centro de ese Canal de Castilla del que nació su obra Castilla en canal».

Las instituciones vascas se han volcado tanto con el documental como con el propio Guerra Garrido, que se mostraba un poco abrumado y reconocía, en el estreno, «que nuestra relación nunca había sido buena, pero tampoco malas, pero ese distanciamiento se ha roto como cuando se derrumba una presa» y ahora se siente «abrumado» por este tributo que se le rendirá con motivo de los 50 años de Cacereño.

Se refiere el berciano a que no siempre las instituciones mantuvieron una postura firme frente al terrorismo como la que él mismo sí mantuvo y se refleja en el documental con la visita a «la librería donostiarra Lagun, que como la farmacia de Raúl Guerra sufrió la violencia reiterada del entorno de ETA. El propietario de Lagun, Ignacio Latierro, es una de las personas que ofrece su testimonio».

El documental ya ha sido proyectado en diversos lugares, aún no lo hecho en tierras leonesas, incluido ese Bierzo tan presente en su vida y obra.
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