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Contracrónica Cultural-Logroñés: 'Nos hace falta uno calvo y con bigote'

DEPORTESIR

Aficionados del Logroñés en las gradas del Reino de León. | DANIEL MARTIN Ampliar imagen Aficionados del Logroñés en las gradas del Reino de León. | DANIEL MARTIN
Fulgencio Fernández | 11/04/2016 A A
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Contracrónica Cultural-Logroñés: 'Nos hace falta uno calvo y con bigote'
Fútbol / Segunda División B Otro partido de la era 'para aburrir', con un frío terrible, de pago, que propició una de las peores entradas de esta liga
Cada domingo antes de salir para la vieja Puentecilla —que ahora llaman Reino (qué ansias de darnos importancia) y en breve será el Estadio Ludwig van Beethoven—el mi rapaz me pregunta siempre: «¿Con qué mítico jugamos hoy?», pues siempre le animo a acudir diciendo aquello de «hoy viene el mítico Guijuelo, el mítico Izarra, el Coruxo...».

- ¿Quién nos visita?
- El mítico Logroñés.
- Oye, ése sí me suena. Yel abuelo sentenció:«¿Aún juega Tato Abadía».

Y es que parte de la permanencia en la memoria de las gentes del equipo de Logroño, que por allí también les ha pasado de todo, es que por sus filas pasó Agustín El Tato Abadía, un tipo de esos que llegan a la grada por las tres ges —garra, guevos y generosidad en la entrega— y por el sentido común, tanto que cuando se iba a retirar reconocía en una entrevista:«Entiendo que soy difícil de olvidar por mi fisionomía. Soy calvo, con bigote, con las medias bajadas y con una peculiar manera de correr… pero, en realidad, como jugador, no soy recordado por nada más».

Nada nuevo en el Nuevo Reino, a la espera de tiempos mejores cuando sea el estadio L.V.Beethoven Pecaba de generosidad. Quienes le vimos sabemos que en un partido contra el Betis sufrió en los primeros minutos una durísima entrada de un tal Vidakovic. Siguió El Tato, marcó el gol de la victoria y se fue porque ya no podía más. El parte médico lo aclaró todo:«El jugador Abadía sufre fractura de astrágalo».

Esos tipos dejan huella y los equipos en los que jugaron siempre huelen a ellos, y el Logroñés nos huele al Tato Abadía, por más que ayer no hubiera ningún calvo en el equipo.

Ni en la Cultural. Y buena falta que nos hace un calvo con bigote, un tipo que llegue a la grada. Tenemos un africano que, no puede ser de otra manera, es negro de verdad, y lo quiere la gente. Ayer salió un catarí, Almoez, que mandó a Aketxe (¡menudo gol el de su hermano con el filial del Athleti!) a purgar su tontería en el banquillo y los irreductibles que ayer estaban también se pusieron de su lado...

Pero no es lo mismo. Un calvo en cuanto lo ves ya dices:«Ahí va el amo del prao». ¿Os acordáis de Seo?¿Porqué coreaba su nombre la grada?¿Os acordáis de Maño?Cada vez que despejaba con su calva sonaba el balón en todo el campo y la grada se levantaba. El fútbol es el único misericordioso con los calvos y cruel con quienes no le son fieles. Tati Valdés saltó al campo con peluquín, se lo llevó el balón en un remate y él huyó acobardado hacia el túnel de vestuarios y pasó de ser el Divino Calvo del Sporting, ¡qué bueno era!, a «el del peluquín».

Vi humanidad, ante el frío que hacía y con Ferrando en chaleco un aficionado gritaba:«¡Vete a casa!» A lo que voy, que la única solución que veo para esta Cultural de Ferrando es fichar a un calvo, que sea «el amo el prao». Ya sé que andáis maliciando que a santo de qué os castigo con «la leyenda del calvorota». Mucho peor sería que os contara el partido, ése sí que fue duro. Y sin calvos. Y sin goles, nuestros. Y sin ocasiones. Y con un frío de perros.

Menos mal que al menos encontré un rastro de humanidad en la grada, que buena falta le hace al fútbol. A la vista del frío que hace y que Ferrando llevaba chaleco, sin mangas ni nada, un paisano se pasó la última media hora gritando:«Ferrando, vete a casa». Claro hombre, sólo faltaba que además de perder cogiera la gripe.

(Nota que los cursis llaman postdata:Tómese nota de los nombres y apellidos, con DNI, de los 1000 que ayer fueron al partido para que les sea impuesta la medalla de oro de la ciudad, que tengo yo ido a muchas entregas de medalla cuyos agraciados no juntarían tantos méritos ni en cinco vidas que tuvieran y de paso sería una oportunidad de que no la ganaran sólo curas y monjas).

¿El próximo mítico?
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