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Concha Espina, un faro desde nuestra historia

Concha Espina, un faro desde nuestra historia

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La escritora cántabra Concha Espina. Ampliar imagen La escritora cántabra Concha Espina.
Mercedes G. Rojo | 13/03/2018 A A
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Concha Espina, un faro desde nuestra historia
Senderos literarios leoneses Aunque nacida en Cantabria se puede decir que Concha Espina es ciudadana del mundo y tiene vínculos literarios con León, tierra que le rindió homenaje el Día de la Mujer y que es protagonista de dos de sus obras
E l pasado 8 de marzo, un grupo de escritoras homenajeaba en León a la escritora Concha Espina (1869- 1955), motivo por el que retomo su figura para esta sección. Nacida en Cantabria y ciudadana del mundo, incansable viajera que residió en diferentes lugares de España e Hispanoamérica, quiero comenzar destacando de ella que fue la primera mujer española en vivir exclusivamente de su trabajo de escritora, lo que en una época como la que le tocó vivir fue una tarea especialmente ardua.

Su conexión con nuestra provincia nos llega a través de dos de sus obras pero fue tal la repercusión obtenida, especialmente con La esfinge maragata, novela que aún se conserva como herencia en muchas casas leonesas y que muestra un profundo conocimiento de la zona que describe, que seguramente haya sido la causa fundamental de que aún hoy muchas personas sigan creyendo que Concha era leonesa, como así me lo ha confesado más de una. Nada más lejos de la realidad. ¿Por qué incluirla, pues, en esta sección? Para aclarar tal equívoco y también para situar los lazos que la unen a nuestra realidad. Es el primero, sin duda, La esfinge maragata (1914), obra que le supondría el mayor galardón de las letras hispanas del momento y con la que se pondría en el panorama de la literatura mundial. La escribe tras su viaje a Astorga en 1912, adonde acude a la llamada de su hermana que le cuenta en una carta de las singularidades de las tierras maragatas. Como solía hacer para documentarse con cada una de sus obras, acudió a conocer de cerca esta realidad y se empapó tanto de ella que incluyó en su relato incluso un lenguaje en el que los modismos de la zona están totalmente presentes, para construir una novela que fluye entre el romanticismo y el costumbrismo, al tiempo que comienza a dar los primeros pasos hacia la denuncia social. Una novela llena de retratos femeninos que se convierten en principales protagonistas de la misma para denunciar la realidad que entonces sufrían las mujeres, más aún las mujeres rurales, y cuya tragedia se desarrolla en un pueblo completamente inventado por la autora, Valdecruces, construido a partir de elementos que va tomando, eso sí, del conjunto de la sociedad maragata. También la une a León ‘Princesas del martirio’ (1940), obra de un corte totalmente diferente a la anterior que relata el episodio relacionado con ciertos personajes reales de la historia astorgana, las conocidas como «enfermeras mártires de Somiedo», una obra que le sería encargada por un amigo afín al Régimen y que entra dentro de las obras de apología del mismo que escribió ya en su última etapa como escritora. Y el tercero fue propiciar la visita de su gran amigo Gerardo Diego a Astorga, que tan interesantes repercusiones literarias traería para la ciudad.

Dos obras unen a Espina a León, ‘La esfinge maragata’ y ‘Princesas del martirio’ 
Pero el principal motivo de abordar de nuevo su figura está en el título que inicia hoy nuestra sección y es que Concha Espina es y debiera ser para las mujeres de hoy en día, especialmente para las escritoras, uno de los faros que nos ilumine desde esa historia que se ha empeñado en silenciarla injustamente hasta casi hacerla desaparecer. Así lo han sabido ver hasta 27 escritoras y 21 artistas que están participando en este “rescate” de su figura, que se han acercado con ojos nuevos y diferentes miradas a su persona y su obra, sin los prejuicios del pasado, dejándose sorprender por la riqueza de su trabajo y por la innovación que sus métodos de escritura supusieron en una etapa tan convulsa como la vivida: los coletazos de una monarquía, dos repúblicas, una guerra civil y, por último, una dictadura que la pilló ya ciega aunque aún literariamente activa. Y es que no hay que olvidar que Concha Espina ha sido considerada como la precursora de la novela social en España.

Ella forma parte de la nómina de escritores que conforman la conocida Edad de Plata de nuestras letras. Como tantos otros compañeros de la época tuvo sus luces y sus sombras. Pero su extensa nómina de trabajos, el reconocimiento obtenido a lo largo y ancho del panorama internacional con numerosas nominaciones al Premio Nobel y otros importantes galardones, el reconocimiento continuado por la RAE a sus obras (a pesar de que hasta en dos veces le negaran el acceso a un sillón de la Academia) nos demuestran que sin duda fueron más las luces que las sombras. Apenas falta un año para el 150 aniversario de su nacimiento, tiempo más que suficiente para que comencemos a recuperarla y que su faro ilumine el panorama de nuestra literatura con toda la fuerza que se merece, objetivo que sin duda ya se habría alcanzado de haber nacido hombre.
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