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Con la bandera en los talones

Con la bandera en los talones

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Fulgencio Fernández | 03/12/2017 A A
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Con la bandera en los talones
LNC Domingo El conflicto independentista catalán se hizo insoportable para estos leoneses que han retornado a Villaverde de Sandoval en busca de tranquilidad
Y llega un momento que dices ‘ya no puedo más’, por los niños, no lo soportas. David, que es muy maduro, lloraba todas las noches, era un manojo de nervios, le daba tilas pero nada; y ver cómo le hacían el vacío a Efrén, que es niño/niño, fue la gota que colmó el vaso, los cogí a los dos y volvimos para León; y llegamos aquí, a la casa de los abuelos en Villaverde de Sandoval el 1 de noviembre».

Lo cuenta con gran gesto muy tranquilo Magdalena Reis, con la tranquilidad que le da ver a los niños felices, jugando, como el perro y el gato, como todos los hermanos... Y con la felicidad añadida de haber encontrado trabajo después de regresar de Cataluña a la aventura y consciente de que se habían ido de León para no estar en el paro.

Ya sólo falta que pueda regresar Rodri, su marido, que quedó en Cataluña «pues hay que vivir».

Lo que más sorprende es la madurez de Dani, impropia de sus 11 años, y, a la vez, la causa de sus berrinches. Dani, insisto, un niño muy especial y ‘sabio’ rebatía un día sí y otro también a su maestra. «Allí en Breda son casi todos independentistas y ella nos decía cosas que no son verdad y yo la rebatía. Que Colón era catalán y el inventor del submarino y todo eso... entonces yo me documentaba y discutíamos en clase, los otros se callaban; como el día que decía que las rayas rojas de la bandera catalana estaban hechas con sangre de una batalla y yo le pregunté ¿y el azul de arriba?»... Y su madre completa la escena. «Y por la noche explotaba y a llorar».

Iban soportando estas situaciones y otras muchas hasta que un día Rodri, también leonés de Rodiezmo, fue a buscar al pequeño Efrén al colegio y estaba participando en una manifestación. «Montó en cólera, exigió que nadie utilizara al niño y menos sin su permiso y abrió la caja de los truenos».

A Magdalena se le dibuja la tristeza en el rostro en este pasaje. A partir de aquel día todo se hizo más difícil de sobrellevar y de explicar a los chavales, sobre todo a Dani, que parece ser consciente de todo. «Iba a buscarlo al colegio y me daba cuenta cómo le hacían el vacío. Los niños sí hablaban con él pero rápidamente los llamaban las madres, incluso algunas que no es que no fueran catalanas, eran extranjeras... pero nadie quería problemas, Breda es un lugar difícil».

- Es una de las cunas del independentismo; musita el maduro Dani, para añadir «un día iba por la calle y había una gran bandera de España en un balcón... me emocioné».

Y en Magdalena Reis iba creciendo la necesidad de regresar a ese León del que se había ido por falta de oportunidades laborales, tanto para ella como para Rodri. «Pero la situación de los niños era insufrible para mí, me angustiaba».

- Mamá, cuéntales lo de las clases en catalán; pide Dani.
- Todas las clases eran en catalán, excepto una hora en inglés. En castellano ninguna, aunque no fuera legal. Pero no era problema de legalidad, Dani es muy buen estudiante, saca muy buenas notas, y nuestra esperanza era regresar a León y te planteas, ¿y qué nivel tiene para ir a la Universidad sin haber estudiado castellano, con una ortografía muy diferente, sin conocer prácticamente nada de nuestra historia?».

Los chavales siguen jugando y salpicando de anécdotas el relato de su madre, aportando nuevas ideas sobre lo que les ha tocado vivir allí.

- Cuéntales cuando pidieron a los niños cinco euros para sacar a los ‘jordis’ de la cárcel ¡Qué Jordis, a los Jorges!; dice el beligerante David.
- Cuéntales...
- Oye David, ¿tú no serás del Barça?
- Lo era, ya no; explica, y marcha corriendo a por una mochila que se trajo de Breda, con un escudo del Barca, que mantiene cosido, y una bandera catalana que ha repintado encima para convertirla en una bandera de España.
- ¿Y ahora en el cole de Mansilla?
- Muy bien.

Asiente su madre, celebra que duerma bien Dani, que Efrén juegue con una cara de felicidad propia de su edad, y trata de evitar las conversaciones cargadas de recuerdos de aquella etapa, de Breda, aunque sabe que tardarán un tiempo. Tal vez hasta que regrese su marido.

Hay una anécdota que ilustra perfectamente lo que han vivido. Efrén, el tirillas juguetón, dice de repente: «Diles lo que quieres ser de mayor». Y Dani salta.
- Antidisturbios para que me destinen a Cataluña.

Magdalena le riñe. «Déjate de tonterías, diles lo que siempre has dicho que quieres ser».
- Ingeniero.

Lo será, seguro.
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