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Como la primera cerveza

Como la primera cerveza

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El autor Antonio Rómar con el libro de cuentos ‘De puro meteoro’. | ARISTAS MARTÍNEZ Ampliar imagen El autor Antonio Rómar con el libro de cuentos ‘De puro meteoro’. | ARISTAS MARTÍNEZ
José Ignacio García | 15/01/2022 A A
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Como la primera cerveza
José Ignacio García comenta el libro de Antonio Rómar 'De puro meteoro'
‘De puro meteoro’
Antonio Rómar
Editorial Aristas Martínez
Narrativa breve
128 páginas
16,00 euros
Premio Setenil 2021 al mejor libro de cuentos publicado en España


Algunos premios literarios de primer nivel, sí que molan. Sobre todo, si están recubiertos con una pátina de honestidad y sirven para dar a conocer a autores y editoriales que habitualmente no están al alcance del gran público.

Uno de esos premios con aroma a ropa limpia, centrifugada y recién sacada de la lavadora, es el Setenil, que cada año convoca el ayuntamiento de la localidad murciana de Molina de Segura y que, entre una decena de libros finalistas de distinta procedencia, y ya publicados por sellos editoriales de lo más variopinto, elige el que, a juicio de un jurado acreditado y mutable en cada edición, es el mejor.

Desconozco quiénes formaban parte del jurado de la última convocatoria (y me ha dado pereza fisgar en Google para disipar mi ignorancia al respecto), pero tengo que estarles de lo más agradecido, porque gracias a su veredicto (pero algunos pensarán que debido a «su fallo») he descubierto una editorial nueva, Aristas Martínez, que tiene pinta de atractiva y de alocada al mismo tiempo, y, sobre todo, un autor que es aire renovado en este ventilador de la narrativa nuestra, tan viciado de ventoleras que siempre soplan en la misma dirección.

Antonio Rómar debuta en el espacio narrativo con ‘De puro meteoro’, una colección de nueve relatos que son como la primera cerveza que uno probó en su ya oxidada juventud, porque de inicio dejan en el paladar un sabor diferente y extraño, al que el gusto de lector no está acostumbrado. Pero, como ocurrió con aquella primera cerveza adolescente (y no con las jarras monstruosas que se escancian en alguno de estos textos), basta con atizarle unos cuantos sorbos más al libro para empezar a cogerle el gusto, para alabar la creatividad un tanto enajenada del autor, para ensalzar sus comparaciones ocurrentes, para subrayar frases memorables que ponen de manifiesto que, tras la apariencia de narrador, Rómar disimula un poeta grande. Y así, los relatos que se alojan en las páginas de este hermoso libro destilan una poética continua, una musicalidad de orquestas que se ocultan tras el embrujo de las palabras.

No negaré que ‘De puro meteoro’ tiene desde la propia portada la apariencia de un libro raro y desconcertante. Y esa apariencia se convierte en certeza cuando el autor antecede cada cuento con una serie de vocablos extrañísimos, que la mayoría de los lectores no habrán escuchado o leído nunca. Sin embargo, esos vocablos, guardados allá donde los diccionarios crean intransitables telarañas, no tienen nada que ver con el lenguaje claro y limpio que Rómar esgrime en sus narraciones. Si acaso, algunos de ellos pueden servir de liviana insinuación a lo que el lector se encontrará a continuación. O quizás no.

Resultan originales esas entradillas que preceden a unos relatos en los que a veces el lector se pierde en un laberinto de argumentos cruzados y otras parece flotar al pairo, a bordo de una nave que se ha quedado varada en medio del océano, presa de una calma chicha. Y, sin embargo, sin que se perciba la brisa que azuza las velas, suceden cosas, el barco se mueve, y los relatos envuelven al lector, y le transmiten sensaciones que, a partir de una indiferencia inicial, atemperan atmósferas y lo conducen a territorios gobernados generalmente por la expectación, la desazón o el desconcierto.

Diríase que en los relatos de Antonio Rómar no es tan importante lo que pasa, sino cómo suceden las cosas. Ni siquiera tiene excesiva importancia el cariz que tomarán los acontecimientos ni el desenlace de muchas de esas historias sin, aparentemente, demasiada historia.

Juegan un papel importante factores climatológicos como la nieve o la lluvia –deslumbrante el comienzo del relato ‘Lo elemental’ en el que la tormenta se convierte en protagonista principal–, una lluvia fina que nos cala, que se filtra en nosotros, que nos contagia un resfriado de situaciones peculiares, de escenas difícilmente imaginables, que nos desafía con baterías de preguntas que van más allá de lo que el ojo humano puede ver o intuir. Y es que una de las virtudes añadidas de Rómar es convertir en realidad la ficción más surrealista; y así retrata a personajes con dos manos izquierdas que acogen a cucarachas como mascotas, o a amigos que se reúnen en el campo sin que surja ningún conflicto aparente, o a parejas que se inventan un mayordomo para salvaguardar una relación que cada cual observa con una mirada divergente, o levanta asesinas empalizadas de cristal alrededor de una pista de tenis que fagocitan el vuelo de los pájaros, o recrea en un tren a mujeres ciegas e indefensas que –a falta de vista– desarrollan hasta límites extremos y atormentados la imaginación y sus otros sentidos, o desvela las costuras de individuos sin personalidad, a los que perturba la imagen que de ellos devuelven los espejos o adoptan las poses o las formas de hablar de amigos o de sus propios peluqueros, a los que tienen idealizados.

No encontrará el lector certezas absolutas, ni truculencia en las tramas, ni sobresaltos en los desenlaces; pero se deleitará con párrafos alicatados de frases hermosas, como las que hablan de cuerpos inmóviles como ojos de cristal o de figuras hieráticas como gatos pintados en el interior de una pirámide o de camisas amarillas que una vez fueron blancas como la niebla. O las que aluden a personajes anónimos, sin perfil ni relieve, a los que «arrojo la mirada balcánica que mi hermano me regaló durante nuestra infancia cada vez que iba a asesinarme y sé que nada me puede alcanzar y que en cualquier momento podría echar a volar como un papel».

Como papel dorado son estos cuentos que, a pesar de lo sugerido, vuelan y dibujan escorzos y emocionan y conmueven y sobrecogen, y en ningún momento, en contra de lo que afirma el autor en el relato final, «se quedan vacías las palabras como muescas en el aire».

Algunos de los personajes de estos relatos, reunidos en un escaparate epilogal, regresan a sus casas con hambre. Y los lectores nos quedamos con sed, convencidos de que la próxima cerveza narrativa que Rómar nos sirva en jarras monstruosas nos hará disfrutar aún más.

José Ignacio García es escritor, crítico literario y coordinador del proyecto cultural ‘Contamos la Navidad’.
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