El escritor y editor leonés Ernesto Escapa, seguramente el mejor conocedor de los entresijos de la vida social y cultural de su tierra, de los nombres propios de la misma, siempre hablaba del injusto olvido de Albina Pérez, una leonesa «encarcelada en 1947 por combatir el franquismo como una de las autoras de una pintada famosa: Viva la Universidad Libre».
Así lo escribía en uno de sus libros, dedicado al siglo que vivió Victoriano Crémer, hablando de Nicolás Sánchez Albornoz, otro de los autores de aquella pintada: «Tuvo de compañera en aquella aventura a la pionera luchadora Albina Pérez Fernández (León, 25 de febrero de 1925). Hija del dueño del bar Aterrizaje, situado en la esquina de la calle Paloma con Sal. Albina pasó quince meses en la cárcel de mujeres de Ventas cuidando de su compañera de redada Mercedes Vega, afectada por un tumor cerebral que le provocaba vértigos». Curiosamente las vidas de Mercedes y Albina se cruzarían nuevamente en León cuando Vega vino a trabajar en Antibióticos e intercedió por Albina, aún represaliada en su tierra, aunque con el tiempo pudo volver a su profesión en la enseñanza.
Contaba Escapa aquella revolución estudiantil de la joven Albina (22 años) como militante de la FUE (Federación Universitaria Escolar), un colectivo de larga tradición pues había nacido para luchar contra otra dictadura anterior, la de Primo de Rivera, y lo seguía haciendo con la franquista. Entre sus dirigentes figuraron leoneses como Arturo Sáenz de la Calzada, el singular escritor José Suárez Carreño o Albina Pérez. Escribe Escapa:«Habían hecho la pintada más resistente del antifranquismo en los muros de la facultad de Letras, empleando nitrato de plata, invisible por la noche pero que resalta con la luz del sol. ¡Viva la universidad libre! Para borrarla, picaron las letras una a una, con lo que el mensaje resaltaba aún más».
La leonesa acaba de fallecer, con 101 años recién cumplidos; justo cuando empieza el mes dedicado a la mujer se va una de las más injustamente olvidadas, durante más tiempo, para la que no han encontrado un hueco en el callejero.
Sí recibió la luchadora leonesa un homenaje al cumplir 100 años, pero no nació la idea en León sino en la Secretaría de Estado de Memoria Democrática. Supimos entonces más cosas de aquella discreta e indomable leonesa que, insistía ante el reconocimiento, que era para «todos los compañeros de la famosa pintada, mejor para todos los compañeros de la FUE», entre los que estaba Nicolás Sánchez Albornoz, y también homenajeado pues aún vive, acaba de cumplir 100 años el pasado 11 de febrero. Albina y él eran entonces los dos únicos supervivientes de la pintada, que les costó dar con sus huesos primero en la Dirección General de Seguridad y después en la cárcel. Recordaba la leonesa que no la habían «torturado, ni siquiera pegado, pero era muy duro escuchar los gritos de los obreros detenidos en otras dependencias».

Explicaba Albina Pérez que luchar contra el franquismo era «casi una obligación» a la vista de lo que le había tocado vivir, no solo en este pasaje que recordaba en DGS, mucho antes, cuando aún era una niña de 11 años, en 1936, en un párrafo recogido por la ARMH con su testimonio. «Ni una colchoneta tenía, ni nada, solo el suelo alfombrado de la sala y luego el techado, que era el artesonado. Yo me quedé asustada de ver aquello, que era el campo de concentración de San Marcos, uno de aquellos campos en los que los sacaban para matarlos por las noches, a los que les apetecía. Allí estaba mi padre, Le llamamos y se presentó. Yo estaba en el patio de San Marcos, él estaba dentro. Le di el bocadillo que llevaba, le di ánimos, lo que pude, y se acabó, no nos dejaron más. Ya digo, estaba con una alfombra en el suelo para aquellos hombres, hombres presos. Aquel recuerdo de San Marcos lo tengo yo grabado en el alma».
Llegó después el famoso episodio de la pintada, en la que ella fue condenada pues se probó que era quien había comprado la pintura. Su amistad con la otra mujer condenada y el reencuentro en León, cuando Mercedes Valle, ya licenciada en Ciencias Químicas, vino a trabajar en Antibióticos y logró que Albina trabajar allí de bibliotecaria.
Cumplió su pena y regresó a León, Con sus ‘antecedentes’ no le pusieron fácil integrarse en la ciudad —represaliada en la enseñanza, «algún trabajo sin cobrar», señala Félix Población— pero poco a poco fue logrando incorporarse a la vida social y también a su profesión, la enseñanza.
Se ha ido. Asu tierra se le pasó el plazo del reconocimiento en vida.