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Avelino Fierro: "No pienso bien si escribo a máquina"

Avelino Fierro: "No pienso bien si escribo a máquina"

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Avelino Fierro el pasado sábado en la redacción de La Nueva Crónica. Ampliar imagen Avelino Fierro el pasado sábado en la redacción de La Nueva Crónica.
Joaquín Revuelta | 26/04/2022 A A
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Avelino Fierro: "No pienso bien si escribo a máquina"
Arte y literatura El fiscal y escritor leonés expone desde el pasado 13 de abril en la librería Tula Varona y en el bar Santo Martino los dibujos que acompañan a las entradas de su diarios publicados primero en el digital Tam Tam Press y más tarde formato libro
La conversación con el fiscal de Menores, escritor, dibujante y muchas cosas más discurre de manera distendida un sábado por la mañana en la redacción del periódico, pues Avelino Fierro no desaprovecha la ocasión de incorporar a la charla un comentario jocoso o una nota de humor. El motivo del encuentro es una exposición de los dibujos que han servido para ilustrar sus últimos diarios, publicados regularmente en el digital Tam Tam Press y posteriormente editados en papel, y que desde el pasado 13 de abril pueden verse en la librería Tula Varona y en el bar Santo Martino. «Son los dibujos hechos para ilustrar las entradas de los diarios que se publican en Tam Tam Press y que luego van a papel. Lo normal es que en los tres o cuatro últimos volúmenes de diarios enviara un dibujito ilustrando un texto más o menos amplio que habitualmente contiene reflexiones personales sobre un tema o un personaje, como el que dedico al psicólogo, poeta, músico y escritor sueco Tomas Tranströmer, que mantuvo una relación epistolar muy bonita con el poeta americano Robert Bly», comenta Fierro, que reconoce que la elaboración del dibujo suele ser siempre posterior al texto y en ocasiones, por olvido, surge de manera apresurada. «A mí siempre  me gustó mucho dibujar. Antes era más anárquico porque dibujaba en el primer papel que encontraba, pero ahora utilizo sobre todo unos blocs de dibujo para acuarelas, de 15 x 21, que me han venido muy bien».  
 
Un lápiz, un rotulador y un pincel  son los utensilios habituales de los que se vale Avelino Fierro para la realización de estos dibujos que suelen ser aguastintas. Fierro alude a un dibujo que ilustra un texto sobre la minería en el que hace referencia a un libro de cuentos de Juan Carlos Zana y otro de la catedral inundándose que sirvió para ilustrar un texto de la periodista Cristina Fanjul. También señala otro dibujo más personal de la huerta de su padre, fallecido hace dos años, y una especie de collage de un viaje realizado durante el mes de abril a París. «Hay una frase que a mí me gusta mucho del artista conceptual Bruce Nauman que dice que ‘dibujar equivale a pensar’», señala Fierro, lo que me lleva a preguntarle si en realidad escribe pensando en imágenes. «La verdad es que sí. No me había detenido a pensarlo, pero quizás sí. Yo empecé a dibujar mucho antes que a escribir. Cuando tenía diez u once años hacía dibujitos en los cuadernos. Ahora hago muchos en los juicios. Yo devuelvo las carpetillas llenas de dibujos. Alguien dijo que en el arte no hay tarea que comprometa más la inteligencia que el dibujo. En este sentido yo creo que estos dibujitos están pensados para los textos. Algunos tienen bastante relación, como este de Nietsche que figura en ‘Calendario’. Recuerdo que hice uno y no me salía el bigote, por lo que es de los pocos que he tenido que repetir porque no conseguía el parecido», comenta un autor que gusta escribir en primera persona, como sugieren los títulos ‘Querido diario’, ‘Calendario’, ‘Desde mi celda’ o ‘El cuaderno naranja’, entre otros. «Recientemente he mandado un texto al Instituto Castellano y Leonés de la Lengua reflexionando un poco sobre los diarios con motivo de la publicación del libro ‘Teatro y géneros autobiográficos’. Y ahí hablo un poco de lo que es la escritura de diarios. Una de las primeras frases del libro ‘Una habitación en Europa’ viene a decir ‘este es un diario por encargo’. Un amigo común de Julio Llamazares y mío, Manuel Vicente González (Manolo Cerebro) tenía una editorial exquisita que ya no existe, Del Oeste Ediciones, y conocía lo único que yo había escrito, que eran los cuentos. A raíz de una noche de jarana y de una pequeña aventura en Los Ancares escribí dos o tres folios que le gustaron y me pidió unos cuantos más para una futura publicación. Como no tenía el don de la narración y de la inventiva empecé a tomar notas y salió ese diario por encargo», recuerda Fierro, al que su amigo Julio Llamazares mencionó en un artículo sobre ‘escritores tardíos’ en una de sus frecuentes colaboraciones para El País. «Julio me citaba porque conocía también esas entradas que aún no las publicaba en el digital  sino que las escribía, las dibujaba, las fotocopiaba y las mandaba a unos cuantos amigos. De ahí salió también una frase muy buena del poeta y crítico asturiano José Luis García Martín, director de la revista Clarín, que sabedor de mi animadversión a las redes sociales decía que ‘si las redes sociales no hubieran existido, Avelino Fierro las hubiera inventado’». Y es que esa ausencia de ‘feeling’ con las redes sociales se hace también extensible a las nuevas tecnologías, porque Avelino Fierro siempre escribe a mano «porque tengo la suerte de tener a la mejor mecanógrafa y correctora del mundo, que es mi mujer Mar Astiárraga. Ahí nos peleamos de vez en cuando por alguna coma, pero es que no pienso bien si escribo a máquina. Sin ánimo de parecer presuntuoso, cuando escribo a mano me sale de corrido. En ocasiones tomo alguna nota anterior, una frase que oyes a última hora en un bar o como el otro día haciendo una resonancia en el hospital, donde me sentía ridículo con esa cosa que te ponen con el culo al aire andando por un pasillo hasta que te tumban en la camilla. Son muchos y muy variados los puntos de partida de los que surgen mis escritos», reconoce este veterano jurista, para quien fundamentalmente «escribimos porque leemos». «Yo soy un lector, no soy un escritor. Lo que me da la entradilla es casi siempre lo que otros han hecho mucho mejor que yo. Una frase de Antonio Manilla, que es buen amigo, o unos ojos de una chica guapa con mascarilla. Cómo no vas a escribir de eso», reconoce Fierro, a quien su profesión de jurista no le inspira como literato, aunque es consciente de que de ahí salen muchas narraciones, «pero no hay nada en la prosa jurídica que me lleve a la literatura. Lo que sí hay son historias», asegura el fiscal de Menores, que alude a una espléndida película de Ettore Scola, 'Una jornada particular', a propósito de un escrito suyo titulado ‘Una semana particular’ y que ya había dado origen a un poema anterior. Este maravilloso drama protagonizado por la pareja artística Sofía Loren y Marcello Mastroianni desvía por un momento la conversación hacia las muchas posibilidades que brinda la plataforma Filmin de reencontrarte con el buen cine, un arte que reconoce Fierro no ha sido una gran influencia en su literatura. «En mi primer libro, ‘Una habitación en Europa’, sí hay una cosa sobre cine y en mi juventud me gustaba mucho el cine francés y era un asiduo del Cine Club Candilejas. ‘Jules y Jim’ de Truffaut siempre me gustó mucho, pero cuando la he vuelto a ver me ha defraudado», comenta Fierro, que en sus escritos para el libro del Instituto Castellano y Leonés de la Lengua sí que se ha referido a la pandemia que ha condicionado nuestra vidas durante estos dos últimos años. «Le he dado bastantes vueltas a esto porque desde el día de la declaración del Estado de Alarma me dediqué a escribir una serie de cartas a los amigos que salieron publicadas en el diario digital bajo el epígrafe ‘Desde mi celda’ y que reunidas más tarde en papel dieron pie al libro  ‘Estatuas de sal’, que tiene por cierto un precioso prólogo de Jordi Doce. Sentí la necesidad de escribirlas siguiendo el ejemplo de Cioran que decía algo así como ‘tienes que sentir la necesidad de escribir una carta porque si no es tan mala como un poema por encargo’. Ahí con el dibujo me tomé todas las libertades del mundo. Como no sabíamos cómo era el bicho dibujé hasta treinta modelos de bichos que en realidad eran como insectos y a la gente le hacía gracia. Al final hay como un mensaje de optimismo porque sale una especie de larva que se convierte en una mariposa», señala el autor, cuyo último libro editado en Barcelona con el título ‘Calendario’ lo considera el mejor de los suyos. «No se sabe lo que es, ni siquiera los críticos. No son poemas pero la verdad es que me puse un poco estupendo y salió algo elevado de tono. El prólogo es de  Antonio Pau, el mayor especialista en Rilke que tenemos en España, pero me hace gracia porque el catedrático de Literatura, José Enrique Martínez, que yo creo que me trata muy bien porque es de Chozas de Abajo, como yo, ha llegado a decir que ha disfrutado mucho con su lectura porque hay momentos de elevación casi mística».
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