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Audelino González Villa, aquel excelente veterinario con biblia propia

Audelino González Villa, aquel excelente veterinario con biblia propia

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Fulgencio Fernández | 06/09/2020 A A
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Audelino González Villa, aquel excelente veterinario con biblia propia
Los inolvidables Veterinario de gran prestigio su condición de Evangelista y amante de la libertad le causó graves problemas en el ejercicio de su profesión y más al estallar la guerra civil, fue depurado, estuvo preso y liberado por los informes favorables de todo el mundo. Regresó a su profesión en 1951 y ejerció muchos años en Pola de Gordón
Entre las numerosas historias que viven en ‘Hijos del carbón’, de Noemí Sabugal, está la de uno de los abuelos de la autora, Santos, enterrado en un accidente minero, rescatado muy grave. «Pero mi abuelo salió de la sala de espera de la muerte. Siempre lo atribuyó a un casi-milagro, a la intervención de un veterinario evangélico. Este hombre, Audelino González Villa -se definía como veterinario, bibliófilo, heterodoxo- era un hombre singular que atendía el ganado de la gente de esos valles. Cuando vio a mi abuelo en el hospital de la empresa, pidió a las enfermeras hablar con el médico que lo atendía. Lo llamaron a regañadientes. «Este hombre lo que tiene es tétanos», le dijo el veterinario al médico. Así me lo contó su hija Lydia casi medio siglo después, en el funeral de mi abuelo». Tal era el agradecimiento que el citado Santos se hizo evangélico.

Leyendo esta historia recordé una repetida conversación cada vez que me encontraba con el veterinario y catedrático Miguel Cordero del Campillo, siempre rescatando historias de la veterinaria y los veterinarios.

- A tí que te gusta buscar historias de leoneses tienes que contar la de Audelino González Villa, que además ejerció cerca de tu tierra, en Pola de Gordón.

Nacido en una familia con varios jesuitas, su condición de evangelista le causó problemas, hasta el punto que un tío suyo quiso boicotear su boda, la primera civil de León  Y como aquella historia no veía la luz, me pasó los apuntes de esta vida , singular, ejemplar, diferente, dura muchas veces pues nunca las dictaduras fueron benévolas con los diferentes. «Fueron tiempos de tránsito los de Audelino González Villa (Villarente, 1901-León, 1984), en los que se iniciaba el abandono del herrado y se generalizaba la microscopía, con la llegada de los primeros veterinarios a zonas rurales dominadas por los prácticos . González Villa gozó de gran reputación como experto en medicina y cirugía, de tal manera que, al ser cesado como veterinario titular y depurado durante la guerra civil, logró sacar adelante su familia mediante un competente ejercicio libre de la profesión». Ya deja algunos apuntes, de su valía y de cómo fue depurado, estuvo preso en Zamora y Toro fundamentalmente por su condición de Evangelista. Explicaba Cordero que fue «un protestante que removía la rutina ancestral y debía de afrontar, además, la enemistad de las poderosas clases conservadoras del medio rural. González Villa padeció persecución desde sus primeros tiempos en Galicia hasta llegar la Guerra Civil, situación agravada por su apoyo a Gordón Ordás. Sufrió prisión y estuvo en riesgo su vida. Cuando yo cursaba la carrera en la entonces Escuela Superior de Veterinaria de León, años 40, me llegaron noticias de un veterinario famoso por su competencia y, sobre todo, por ser protestante: era don Audelino González Villa. Ejercía libremente la profesión. Había sido desposeído de la plaza de inspector municipal veterinario de Benavente como consecuencia de su condición de ‘heterodoxo».

Escriben sobre esta situación en Elprotestantedigital.com que «según Miguel Cordero, don Audelino era conocido en León como el ‘obispo protestante’ pero aunque el Vaticano II en vez de ‘herejes’ comenzó a llamar a los protestantes ‘hermanos separados’, los tiempos pasados fueron para los heterodoxos ‘tiempos recios’. Máxime cuando un miembro de la iglesia evangélica quería romper la rutina e introducir un ejercicio científico de la veterinaria».

Su hijo Rodolfo González Vidal recuerda en un artículo titulado ‘Audelino González Villa. Veterinario, bibliófilo y heterodoxo en Benavente’ que «vio la luz ( Villarente, 20 de julio de 1901) en un hogar de campesinos leoneses, progresistas en la medida que sus circunstancias lo permitían. Su padre complementaba las labores del campo con el trato en ovejas que enviaba a los mataderos de Zaragoza, Barcelona y, a veces, Lisboa. Su madre regentaba una tienda ‘de todo’ en Puente Villarente. Por esa razón él pasó los primeros años con los abuelos, que le enseñaron, sobre todo, en el temor de Dios. Sus primos (los Llorente), jesuitas, fueron misioneros en China, en Alaska y en Cuba, como también él quería ser».

En Benavente adquirió los terrenos para el que iba a ser el primer hospital de España para animales, promovió el control sanitario de la leche y el uso de los mataderos  Pero, explica Cordero, «su profunda vocación religiosa encuentra el camino cuando finalizaba el último curso de bachillerato, momento que, según sus palabras, entra en contacto con la Biblia, que cambia el rumbo de su vida. En efecto, el 19 de marzo de 1919 entra en relación con la familia de sus futuros suegros, Ventura Vidal y Estrella, con vínculos familiares en Jiménez de Jamuz, cuyos abuelos paternos y maternos se habían convertido en Monforte de Lemos, por el testimonio de Eduardo y Enrique Turral, que comenzaron también la iglesia de Toral de los Guzmanes donde había otro núcleo evangélico. Audelino y Abigail se bautizan por inmersión en Toral de los Guzmanes el 25 de octubre de 1919, entablan relaciones amorosas el 20 de agosto del año siguiente y se casan en el Consistorio de León el 28 de abril de 1927, venciendo la oposición de la familia de Audelino, firmemente católica, que ha tenido que soportar la publicación de los edictos del juzgado, difundidos en carteles aparecidos en la ciudad de León y en su pueblo natal de Villarente, y la maniobra de uno de sus tíos que, el mismo día de la boda, intenta suspenderla, con la falsa noticia de que su madre estaba muriendo». Conoció el engaño, se casó y fue el primer matrimonio civil celebrado en León.

De aquella afición por las biblias nació la que seguramente es una colección única en el mundo hispano, con más de mil ejemplares y algunos realmente únicos, como la llamada Biblia del oso, que ya en los años 90 del pasado siglo estaba valorada en cuatro millones y medio de pesetas.

En el apartado profesional, veterinario, estudió la carrera en León, fue discípulo de Gordón Ordás y mantuvo relación con Justino de Azcárate, Miguel de Unamuno y Benito Pérez Galdós.

Estuvo destinado en Asturias y Galicia (en Quiroga, Lugo), donde ya sufrió tal persecución, incluida del obispo de Mondoñedo, que abandonó la plaza, encontrando mucho mejor ambiente en Fuentes de Ropel (Zamora) donde ejerció entre 1927 y 1933, año en el que fue nombrado veterinario titular de Benavente, donde ofreció evidentes pruebas de ser un personaje adelantado a su tiempo: «Adquirió un solar con la intención de instalar el que habría sido el primer hospital de España para animales, y promovió el control sanitario de la leche, el uso del matadero y la ordenación de un mercado ganadero con garantías sanitarias».

Cuando ingresó en prisión su mujer recabó buenos informes de todo el mundo, excepto del párroco, que le acusó de su matrimonio civil y de no haber bautizado a sus hijos Y llegó la guerra. Era evangelista, amigo de gente como José Almoina, presidente de la agrupación socialista pero con quien no compartía ideología sino afición por los libros. La represión sobre la Iglesia Evangélica fue dura... aunque le salvó los buenos informes de todo el mundo en Benavente, excepto el párroco. Fue depurado, no pudo ejercer su profesión, se ganó la vida como contable y seguían sus problemas después de la guerra, ya en León (1942), como recuerda su hijo y biógrafo, Rodolfo González Villa. «Mi padre permaneció incomunicado en Comisaría y luego en un calabozo subterráneo de la cárcel de León hasta que, el 19 de febrero, ya de noche, e inesperadamente, es llevado con mala ropa, maloliente por falta de higiene, sin afeitar –situación para mi padre muy violenta y que le hacía sentirse achicado, como nos manifestaba después- al despacho del Gobernador Civil, que nuevamente le interrogó sobre comunismo, defendiendo mi padre su posición espiritual opuesta al materialismo comunista. Por fin el Gobernador le acusa de anglófilo y mi padre le contesta que no es anglófilo sino amante de la libertad tanto para sus primos jesuitas misioneros en China y Estados Unidos, como para él, que es evangélico en España. Entonces se levanta el Gobernador y dando un puñetazo sobre la mesa dice: ‘Vd está enjuiciando a la Falange. La Falange posee la verdad absoluta’. No se prolongó mucho más el interrogatorio y fue puesto en libertad en aquel momento».

Poco a poco llegó la normalidad. En 1951 fue destinado a Pola de Gordón, de su fama habla la anécdota que cuenta Noemí Sabugal y el resumen de su vida figuraba en el recordatorio de su fallecimiento en 1984: «Don José Fernández Ramón, ex-presidente del Colegio Oficial de Veterinarios de León, lo calificó de ciudadano ejemplar, cristiano de profundas convicciones evangélicas, veterinario sobresaliente por su preparación clínica, con profunda inquietud cultural y discreta manifestación de sus muchas cualidades».
Tenía razón don Miguel, Cordero.
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