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Ascenso a la cumbre del Teleno

Ascenso a la cumbre del Teleno

EL BIERZO IR

Ubicación de la ruta ‘Ascenso a la cumbre del Teleno’ en Google Earth. Ampliar imagen Ubicación de la ruta ‘Ascenso a la cumbre del Teleno’ en Google Earth.
Francisco A. Ferrero | 02/05/2021 A A
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Ascenso a la cumbre del Teleno
Rutas de Nueve a Una El Teleno, sagrado para las tribus astures, fue denominado con el doble nombre Mars Tilenus por los romanos, respetando con ello la dual denominación indígena (Tilenus) y romana (Marte)
La Sierra del Teleno es la prolongación natural de los montes Aquilianos, una barrera montañosa continua de unos 50 km de longitud con un acusado gradiente altitudinal, situándose el límite entre ambas sierras en el Puerto del Morredero, que actúa, además, como interfluvio divisorio entre las cuencas del Duero y Miño-Sil.

Constituye también el lugar de arranque de los Montes de León que, cortando oblicuamente la alineación Montes Aquilianos-Sierra del Teleno, establece la divisoria entre los ríos que drenan hacía la fosa del Bierzo y la planicie de La Maragatería.

Geológicamente está compuesta de materiales de edad ordovícica formada por cuarcitas armoricanas (roca predominante) con ocasionales intercalaciones pizarrosas y diabasas de origen volcánico, todas ellas muy meteorizadas por procesos de gelifracción, que dejan abundantes canchales que ocupan amplias superficies y que dificultan la interpretación geológica del terreno.

La Sierra del Teleno se elevó durante la orogenia hercínica (o Varisca), durante el periodo 380-280 millones de años, a consecuencia de la colisión de los continentes de Laurasia y Gondwana que plegó la sierra en forma de un amplio anticlinorio orientado en dirección NO-SE. Posteriormente, quedó rejuvenecida por la reactivación de las viejas estructuras variscas acontecidas durante el periodo terciario (hace unos 35 millones de años), a consecuencia de los movimientos tectónicos que dieron lugar a la formación del actual relieve de la Península Ibérica (orogenia Alpina).

Nada más iniciar la andadura, es aconsejable alejarse unos cien metros del camino hasta situarse en el punto señalado en color rojo en el plano guía de la ruta. Desde él es posible otear, desde la altura, el hermoso valle glacial de Coballo Grande, uno de los más desarrollados de la vertiente septentrional de la Sierra del Teleno.

Tiene una longitud cercana a los dos kilómetros y está formado por una serie de cubetas o resaltes estructurales que en la actualidad están ocupados por lagunas o formaciones turberas, orladas de pedreras o canchales de clastos paralelepípedos propios de ambientes periglaciales. La corriente de agua que drena el valle intercepta, perpendicularmente, el río Cabrito, afluente a su vez del Duerna, que recoge todo el sector occidental de la Sierra del Teleno.

Quizás lo más interesante de este valle son las formaciones rocosas de su cabecera, que se conservan estratificadas y fuertemente plegadas estando compuestas por rocas que recuerdan un ambiente vulcanosedimentario.

Una vez abandonado el punto de observación, el camino continúa por el estribo Este de la sierra, hasta alcanzar el collado del Palo. La pista, en ligero descenso, cumbrea por la divisoria de aguas de arroyo del Cabrito y el río Eria.

Si el trayecto se hace en un vehículo todo camino, hay que hacerlo despacio y sortear algunos vallados y canchales de rocas volcánicas ferruginosas que afloran durante el recorrido. Alcanzado el collado, podemos dejar aparcado el vehículo en cualquier lugar del amplio pastizal de altura, muy apreciado por el ganado vacuno, que ocupa todo el portillo. Hay que recorrer la amplia pradería en dirección este (hacia la cumbre del Teleno) hasta localizar el inicio del sendero sobre los canchales que se descuelgan hasta la base del collado.

La continua alineación de hitos de piedra amontada, visibles desde la distancia, marcan la traza del camino, que no hay que perder en ningún momento hasta alcanzar la cumbre. El sendero discurre sobre amplios canchales, piedras sueltas de cuarcita de diferentes tamaños, rotas de forma paralelepípeda por procesos de gelifracción, lo que obliga a disponer de unas buenas botas de suela dura y estar muy atento a la pisada.

Es importante también llevar agua, ropa de abrigo y algo de comida. En las pequeñas islas herbáceas entre las gleras, podremos observar poblaciones aisladas de genciana, enebros rastreros y arándanos. Las rocas están tapizadas de líquenes (Rhizocarpon geographicum y Acarospora hilaris) de crecimiento muy lento (0,2 mm al año de media, o lo que los mismo, tardan 50 años en alcanzar 1 cm de diámetro medio), que al margen de ser bioindicadores de la calidad del aire, permiten datar, en base a su tamaño medio, la edad de colonización de la roca, por lo que pueden usarse como un reloj biológico para establecer la edad de acontecimientos recientes.

Una vez rebasamos los alargados canchales de la vertiente sur de El Sestil, alcanzamos el collado sobre el que se divisa el glacial de Peña Bellosa, a escasa distancia ya de la cumbre del Teleno. Merece la pena hacer una parada de descanso en este magnífico collado (situado a cota 1989 m snm) y coger fuerzas antes de iniciar el último tramo de ascenso. El glacial de Peña Bellosa es, por sus dimensiones, de unos 3,5 kilómetros hasta la confluencia con el río Cabrito, el más grandioso de toda la sierra del Teleno. Dentro de su cuenca se observan gran cantidad de piedras sueltas que podrían interpretarse como restos periglaciales, pero su disposición revela un origen humano.

Desde la parte más alta del flanco oriental del circo glacial se hacía precipitar agua desde una red de depósitos adaptados a la topografía del terreno, al objeto de denudar la roca o remover el aluvión hasta dejar al descubierto, para su explotación, las vetas de cuarzo potencialmente aurífero o los sedimentos fluvioglaciales más ricos en oro. Las antiguas morrenas de este glacial han sido removidas por la acción del hombre en busca de los materiales finos que arrastraban los placeres morrénicos, por lo que gran parte de los depósitos de derrubios que ocupan el circo glacial de Peña Bellosa son antrópicos, como también se observa en otras muchas áreas en todos los flancos de Teleno.

La convivencia de huellas morfológicas glaciales/periglaciales y antrópicas (debidas a la acción del hombre) son una constante en la Sierra del Teleno, conservándose intactas una gran parte de las obras de ingeniería romana. El último tramo de ascenso supone salvar un desnivel de unos 200 metros hasta alcanzar la cima del Teleno, que quizás nos sorprenda porque es una cumbre atípica frente a otras que hayamos podido conquistar.

El hito que marca la altitud, que también es vértice geodésico, se encuentra sobre la cúspide de una canchal de piedra que domina una amplia extensión de escasa pendiente, desde donde se escudriña el cordal de Los Aquilianos y las comarcas de la Cabrera alta y La Maragatería. No se trata de una superficie exigua como otros techos que hayamos podido coronar, la cima domina una amplia extensión cuasi plana que invita a recorrerla por todos sus costados. A suroeste, bajo la cumbre, se observan zanjones que atestiguan calicatas mineras de época romana. Si continuamos por el cordal hacia el sureste, podremos ver, sobre el collado que separa el Teleno de Peña Negra, varios depósitos, alguno de cerca de 1 ha, destinados a recoger las nieves invernales para trabajar las explotaciones mineras de la mitad sur del macizo.

Hay que recordar que la Sierra del Teleno contiene una excepcional concentración de explotaciones mineras de época romana, alrededor de ochenta, lo que representa el mayor conjunto, a nivel mundial, de minería romana en torno a un metal único: el oro. Algo que debería ser reconocido, al igual que el complejo minero de Las Médulas, como Patrimonio de la Humanidad.

No obstante, otras sorpresas nos tiene preparadas la cima del Teleno. Si descendemos por la vertiente noreste en primavera, nos toparemos, a unos 900 metros de la cumbre, con la Vega Grande. Constituye el circo de mayor alimentación nival de la sierra y conserva las últimas manchas de nieve que tiene el Teleno, visibles, ya adelantado el verano, desde la autovía del Noroeste. Posee una cabecera muy amplia y tendida entre las cotas 2050 a 2100 y, en su parte baja, los militares romanos ordenaron excavar un depósito para recoger el agua procedente de la fusión del nevero, al objeto de abastecer los trabajos mineros del entorno.

Siguiendo el curso del agua, nos encontramos, unos metros más abajo, con una zona abarrancada por la que drena el agua procedente de la fusión del nevero. Desde primavera hasta bien avanzado el verano, mientras conserve nieve el nevero de Vega Grande, se puede observar cubriendo el barranco mencionado, un magnifico túnel situado en el paraje de La Veiguina. Podremos recorrer el túnel de nieve acompañados de la corriente de agua que atraviesa longitudinalmente el nevero. En este punto, la nieve arremolinada durante el frío invierno y gracias a su situación de abrigo en la ladera noreste, se mantiene en buen estado de conservación hasta bien adelantado el verano.

Desde el nevero podemos recuperar el camino de ascenso a la cumbre del Teleno, subiendo primero a Vega Grande, para después bordear la cumbre por el norte, campo a través entre continuas gleras, hasta interceptar el camino que nos facilitó la subida. Durante el trayecto, si estamos suficientemente atentos, podremos observar huellas de actividad minera de época romana y un depósito de almacenamiento en forma de “boomerang”.

Sobre él, se observan huellas de actividad minera y lo que parece ser una antigua calzada romana que, construida sobre sustrato pedregoso, permitía el acceso a las labores mineras superficiales de la cara norte.

El camino de regreso es el mismo que el de subida, y en los tramos finales puede hacerse patente el cansancio acumulado, más debido al sustrato rocoso de la mayor parte del recorrido que por la distancia y desniveles alcanzados. Por ello resultará gratificante saber que en el Collado del Palo termina nuestro paseo pedestre, de ahí la recomendación de recorrer el primer tramo del trayecto en un vehículo todoterreno, aunque tampoco es absolutamente necesario.
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