Pereira nació en Villafranca del Bierzo el 13 de junio –día también de su onomástica, san Antonio de Padua– de 1923; y se trasladó más tarde –rondaría los veinte años– a León, en donde obtuvo el título de maestro –aunque nunca ejerció– y, en 1949, abrió un negocio relacionado con la electricidad y los electrodomésticos. Dos años después se casaría con la jienense Úrsula Rodríguez.
Amante de la lectura desde niño, comenzó a escribir siendo muy joven, fundamentalmente poesía; y, aunque no formó parte del grupo surgido en torno a la revista ‘Espadaña’, sí publicó en ella algunos de sus poemas y entabló amistad con distintos miembros. Se adentró también en la novela, y hasta participó en la película ‘El Filandón’; aunque, si por algo es especialmente conocido Antonio Pereira, es por sus cuentos. No hace falta que te diga que leer su obra es una buena manera de conmemorar el centenario de su nacimiento, efeméride en torno a la que su Fundación ha preparado un amplio programa de actos –en el que ya estamos inmersos– y del que, estoy seguro, aún queda por desvelarse más de una sorpresa.
Sin ir más lejos, el próximo martes –exactamente el día en que cumpliría cien años–, al caer la tarde, su obra volverá a ser protagonista en su Villafranca natal. Si te acercas, allí nos veremos.
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