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Algunos puentes históricos en la cuenca del Curueño

Algunos puentes históricos en la cuenca del Curueño

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Puente de Valdepiélago sobre el río Curueño.  | REPORTAJE GRÁFICO: LUIS SOLERA SELVI Ampliar imagen Puente de Valdepiélago sobre el río Curueño. | REPORTAJE GRÁFICO: LUIS SOLERA SELVI
Luis Solera Selvi | 27/08/2018 A A
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Algunos puentes históricos en la cuenca del Curueño
Cazando puentes por territorio leonés Entre puentes y paisajes del término de Valdepiélago
Aunque la Cañada Real Leonesa Occidental, periplo de casi 700 kilómetros de longitud, tiene su arranque por anchura en las cercanías de la ciudad de León, todos los rebaños de merinas o vacuno que buscaban los agostaderos de las montañas leonesas y asturianas, seguían con lentitud hacia el norte, por diferentes coladas, cuerdas y veredas ganaderas que terminaban en los variados puertos o collados donde se hallaban los mejores pastos. Eran en realidad pasos naturales que durante millones de años habían horadado los ríos de la vertiente cantábrica y que utilizó el ser humano y las bestias para su tránsito ordinario.

Ya nos hemos referido en anteriores artículos a los caminos ganaderos que utilizaban la cuenca alta del río Cea o el del Torio. En esta ocasión, describiré el periplo que cogía esta Cañada Real hacia el puerto de Vegarada subiendo por el cauce del Curueño y que, con pocas modificaciones, sigue también la actual carretera provincial LE-321. Como ocurre en todos los movimientos de la trashumancia, se buscaban zonas de descanso para ganados y personal a su cuidado, pueblos donde avituallarse y vías cómodas o sin peligros por los que se movían los miles de cabezas; en ocasiones se utilizaban vados naturales para cruzar los ríos pero incluso en épocas de estiaje se necesitaban los puentes debido a que los cauces transcurrían por profundas barrancas y hoces en las que se hacía imposible su cruce natural, como ocurre en este caso.

Cazar los puentes que en este itinerario utilizó desde hace siglos la trashumancia leonesa es un auténtico placer pues además de movernos por un espacio natural de gran belleza paisajística, con curiosos pueblos de arquitectura rural o espléndida flora con bosquetes de robledal y algunas hayas, tendremos la ocasión de contemplar algunos de los puentes y pontones más bellos del territorio leonés.

Desempolvar la historia de estas rutas ancestrales es complicado pero parece que hay coincidencia entre los especialistas en considerar este camino del Curueño que subía hasta Vegarada como de origen romano aunque bien es cierto que actualmente no quedan testigos imperiales ni siquiera en sus venerables puentes que más bien parecen construcciones rústicas de época medieval.

Imaginemos una entrada primaveral en la que los movimientos trashumantes de esta Cañada Real Leonesa provenientes de Extremadura llegan a estos lares divididos, unos que sorteando la capital del antiguo reino de León cruzan el río Torio por Puente Castro y otros que lo hacían desde el sur a través del Puente de Villarente que salva el río Porma y que confluyen en el área de Valdepiélago donde la vega se ensancha, el río Curueño pierde fuerza y se aterraza ofreciendo suculentos pastos para las merinas que inician su periplo trashumante hacia las colladas y portillos de Vegarada.


Puente de Valdepiélago

Es un paso ancestral en la ruta trashumante de origen medieval. Dispone de un solo ojo de geometría ligeramente ojival y su tablero es del llamado «lomo de asno» muy pronunciado y con un firme empedrado bien dispuesto. Aunque rústico, se mantiene perfectamente porque el trabajo de su bóveda es espléndido. Se ha rehabilitado y se exhibe como monumento.

Al contrario de lo habitual en la pontonería leonesa -salvo honrosas excepciones- a lo largo de la ruta del Curueño nos encontraremos con muchos puentes que además de rehabilitados y cuidados, disfrutan de un panel que nos informa de sus características y su historia, cosa que agradece el visitante o turista.

Puente del Ahorcado

Así de tétrica es conocida esta obra civil de origen medieval ubicada en el lugar de Valdeteja, en el término municipal de Valdelugueros y situado en el PK 27 de esta carretera provincial. Se le conoce también como puente de Los Verdugos pues en tiempo inmemorial allí se ejecutaban a los reos que sentenciaban los jueces de Arbolio en representación del Rey.

Es un puente de un solo vano con directriz en medio punto y tablero alomado. Durante mucho tiempo permaneció abandonado perdiendo calidad y piedra de sus muros, especialmente en la cara 'aguas abajo' hasta que recientemente se procedió a una discutida rehabilitación pero que ha permitido rescatar la puente de un futuro incierto. Descartando los elementos instalados modernamente, la fábrica es de mampostería y llama la atención especialmente la belleza de su enorme arco con una bóveda plena a base de dovelaje de excelente talla y disposición.

Un kilómetro más arriba de esta ruta y en un punto donde se abre el valle pero el Curueño sigue profundizando en la roca madre para hacerse invisible podremos aparcar el vehículo y tras cruzar un puentecillo y coger una vereda por la margen izquierda del cauce aguas abajo, llegaremos hasta las ruinas de dos de los puentes más soberbios de este itinerario pontonero. Es una lástima que sólo mantengan sus fuertes y potentes estribos con restos de los arranques de las arcadas pero cualquier observador podrá comprobar que se trataban de obras plenas, ejecutadas con maestría por los canteros medievales pero que desgraciadamente, se arruinaron hace muchos años o fueron saboteados en los variados conflictos bélicos que por aquí acontecieron. También nos hace pensar que esta vieja calzada fue importante en tiempos medievales como principal acceso desde León hacia Asturias y el Cantábrico por el puerto de Vegarada.

Puente del Villarín

Junto al PK 31 de esta calzada, nos encontraremos con otra joya pontonera a la que también se le conoce como Puente Mocha, ubicado junto a la mítica Venta de la Zorra, en la margen izquierda del Curueño y por donde transitaba este camino de posible origen romano.

Al igual que los anteriores, aprovechando que el cauce es profundo y estrecho, se salvaban las aguas del Curueño con un solo vano, en este caso de directriz en medio círculo y con gran luz que permitía holgadamente el paso de las aguas hasta en las crecidas más acentuadas. Su impronta medieval no se ha modificado pese a la rehabilitación que tuvo en el año 2.002 y ello es debido a que para esa actuación se eligieron canteros de la zona que procedieron con cuidado y profesionalidad en esta intervención.

Asentados los estribos en roca madre, se sostiene una enorme bóveda de bella factura en su dovelaje mientras en muros predomina la mezcla de sillería del tipo ciclópea con mampostería de caliza hasta la rasante. En la actuación del 2.002 se incorporaron los pretiles de piedra que no desentonan, como digo, con su estilo medieval original.

Puente de Tolibia de Abajo

Salvando las distancias históricas en la pontonería de esta zona, quiero fijarme en esta obra decimonónica ya que fue importante en su día cuando a finales del siglo XIX se decide hacer practicable esta carretera provincial y se hace necesario la construcción de algunos puentes de estas características.

Es un bello puente con un arco escarzano, suficiente para desalojar las aguas del Curueño, donde se sigue utilizando la piedra caliza del lugar en grandes mampuestos y se incorpora el hormigón en bóveda y pretiles. Se ubica en el PK 32 de esta calzada.

Esta privilegiada ruta para los amantes y observadores de las estructuras civiles, ya sean puentes, calzadas o cañadas trashumantes es larga y pródiga en tesoros por lo que dejaré para una segunda parte los puentes y pontones de la cuenca alta del Curueño, desde el puebluco de Lugueros hasta el puerto de Vegarada. Salud y buena ruta.


Enlace al blog Cazando Puentes: https://loboquirce.blogspot.com/2018/08/puente-de-valdepielago-leon.html
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