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Ajuares diversos: para mujeres, niños, monjas...

Ajuares diversos: para mujeres, niños, monjas...

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Toño Morala | 08/04/2019 A A
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Ajuares diversos: para mujeres, niños, monjas...
Reportajes El ajuar nos lleva directamente al recuerdo de aquellas novias que pasaban muchos años preparándolo para el gran día; pero los hubo muy diversos a lo largo de la historia, para niños, para monjas y hasta ajuares funerarios
Si me ven las mis abuelinas, suegra y madre, escribiendo sobre el ajuar, seguro que les da un patatús de los que hay que agarrase a los machos. Qué sabrá este enclenque sobre los ajuares, se preguntarían, y razón tienen; pero, también sabían que me gustaban mucho las cosinas de los antepasados, y que nadie nació aprendido, y que te puedes enterar hablando con la gente mayor, algún librín sobre la cuestión, esto de internet; que ellas, mis queridas y adoradas todas, no llegaron a entender, aunque, a mi suegra, que era modista de las buenas, muy buenas, que cosió para toda la ribera del Esla, desde Gradefes, hasta Palanquinos, y también para gente de la capital, le imprimía algunos patrones y otras cosinas, y estaba encantada… Ella, que además, tenía cientos de patrones hechos con periódicos y jaboncillo para marcar, le venía de maravilla este nuevo invento. Y preguntando a la familia, a los más mayores, me dicen que también hizo bastantes ajuares de novias, desde sábanas bordadas, incluso hasta vestidos de novia. También hizo el vestido de novia de mi mujer hace casi, por lo menos, unos treinta y cinco años; y qué guapa iba la novia, y también le hizo el ajuar, desde sábanas, colchas, mantas, manteles, camisones… y un buen montón de cosas que andan por ahí metidas en cajas, y que creo no se hayan usado nunca. Pero a lo que íbamos era a la cuestión del ajuar… les confieso, que he intentado documentarme tanto, que incluso he llegado a soñar con sábanas, colchas, manteles, y todo bordado con las iniciales de los contrayentes, casi nada la dote de las novias en aquellos años de tanta necesidad; pero cuando y, después de un largo noviazgo que podía durar hasta los diez años, hasta que hubiera perras para casarse, se juntaban las mujeres de la familia, hacían una lista a lapicero y en papel de estraza, con aquellas cosas que más se necesitaban en la nueva casa… y manos a la obra, aunque, también es verdad, que de medio mozas, muchas ya iban preparando el ajuar para cuando llegara el matrimonio. Y si hablamos de la posguerra y la sección femenina, que enseñaban a las niñas a hacerse sus cosinas, para qué hablar; lo dejo aquí, que también hubo otras cosas que no fueron tan buenas. Allá las vieras, todas juntas, tirando de hilo, aguja, de metro, de bastidor para bordar redondo, de las telas de lino y el poco algodón, paños diversos, y también algo de mobiliario, si se podía, y también algunos utensilios para la cocina como platos, cubiertos, potas u ollas, y hasta la jarra para el vino y el agua, que en aquellos años, los recién casados también tenían derecho a estas cosas tan de andar por casa.

La oralidad, el muestrario heredado, así como la tradición y las costumbres se iban pasando de generación en generación, de esa manera ha llegado hasta nuestros días para contarlo… y cuentan las crónicas y otros añadidos, que era la novia la que aportaba casi todo el ajuar, pues era parte de la dote para el matrimonio. Si nacían muchas niñas en una casa era casi terrible, pues por un lado había que hacerles el ajuar, y por otro, no había hombres para trabajar el campo u otros oficios; aunque ellas, las mozas, también trabajaban lo suyo… más el cuidado de los abuelos, y de los hermanos pequeños; no paraban ni para cortejar, si aquello se le podía llamar cortejar, casi siempre con la escopeta por detrás, por si acaso; y no hablamos de la edad media, que también, aquí hasta hace bien poco… cuidado que las cosas iban por la línea y si no, puerta. Otra cosa, eran aquellas bodas de conveniencia entre gentes con buenos capitales, de esa manera, se juntaban por herencias y papeles firmados, y que laven y frieguen y cosan las asistentas. En lo de las asistentas no vamos a entrar, que me pongo de muy mala leche. A lo que íbamos, el ajuar de novios; este se podía componer siempre a tenor de los posibles de los padres, pero por regla general, desde muy pequeñas, las madres y abuelas iban preparando el ajuar poco a poco, y las mismas niñas, también hacían sus cosinas que les enseñaban en la escuela, y en casa, y ya de moza y casadera, pues tenía ya el ajuar casi terminado, y además, eran ellas, generalmente, las que bordaban manteles, sábanas… No obstante, durante muchos siglos, el ajuar de la novia, esperaba a que el novio enviara el arca de novia, (en muchas comarcas era la costumbre) también llamada «baúl o arcón nupcial». Si el novio era más pobre, pues imagino que haría un arca y punto, y si había posibles, pues ya era con adornos y pinturas, relieves… Si la novia era muy rica, pues todo el ajuar se exponía en una habitación grande de la casa, para que las visitas… ya saben… Y me ha llamado mucho la atención, y es el que casi todos los elementos del ajuar, siempre eran pares… sábanas, mantas, manteles… siempre de dos hasta doce, si la casa era rica. Unos tanto, y otros a casar con lo que se podía y a tirar de alpargatas durante casi toda la vida. Hay que también comentar que también existían otros ajuares, por ejemplo para niños, para monjas o novicias, y también el funerario que tiene también su historia. El de niños ya nos lo imaginamos, pero y el de monjas o novicias… tiene su aquel. Parece ser que algunos conventos de monjas participaron de la mentalidad y de las costumbres de la sociedad que les rodeaba, y se nutrieron de las jóvenes novicias que abrazaban la vida religiosa, quienes ingresaban con las ideas y costumbres de aquellos tiempos. La entrada al convento requería del pago de la dote para solventar los gastos comunes de la orden, así como del «ajuar», que consistía en el conjunto de muebles, enseres y ropas, que iban a necesitar en el monasterio. En algunos casos, las jóvenes compraban su celda, donde podían vivir independientes del dormitorio común.

Y sobre los ajuares funerarios, pues qué contarles… pues que han sido muy importantes a lo largo de la historia. Leonor Parra Aguilar, historiadora por la Universidad Autónoma de Madrid, entre otras cosas dice al respecto…: «Los enterramientos de los monarcas del reino de Castilla nos muestran cómo los reyes pretendían dejar señales de su poder aún en la muerte. A través del estudio detallado y la comparación de los ajuares de Alfonso X y Sancho IV de Castilla, se verá cómo en los ámbitos funerarios de los poderosos, las pretensiones monárquicas tienden a multiplicar su fortaleza como arma y como propaganda política, siempre apoyándose en la religiosidad para argumentar su poder». En otros ajuares funerarios, se encontraron verdaderas joyas en las tumbas a lo largo de los diferentes ciclos evolutivos del ser humano. Y para cerrar, qué mejor que hacerlo con una boda maragata en Santiagomillas, donde se recuerda las ancestrales costumbres de muchos habitantes de la comarca. En uno de los apuntes de José Manuel Sutil Pérez, al respecto, comenta…: «Otra ceremonia importante del día de ‘la tornaboda’ era el llevar el ajuar a la nueva residencia de los novios. El ajuar estaba compuesto por ‘la dote’ de la novia y los demás utensilios y muebles que iban a necesitar en su nuevo hogar. La dote, si la familia era pudiente, consistía en la ‘mesa de anca de rana’, llamada así por la forma de sus patas; el arca, donde la novia guardaría el lujoso traje de maragata y demás prendas personales, y dos artísticas camas de nogal. Si la novia era de una clase social más inferior, se le daba ‘la mesa de dos cajones’ y la cama de hierro. Este traslado se hacía en carros engalanados y tirados por los mejores mulos y machos de la recua del arriero. Se medía la clase social de los novios por el número de carros empleados en hacer el traslado del ajuar: a más carros, más ricos los novios; a menos carros, más pobres. Además de los muebles de la dote, figuraban en el ajuar la rueca y el huso de la novia, para hilar; las calderetas, cazos y potes, para la cocina, y, si el novio era arriero, los aparejos de los machos. También llevaban útiles de labranza, que la novia tendría que usar mientras el marido se dedicaba a la arriería. Este traslado festivo era acompañado por todos los jóvenes de la boda, tocando las castañuelas y acompañados del tambor…» Y les dejo, voy a intentar hacer un ajuar de palabras con algo que se nos ocurra a la vida y la memoria, para un nuevo tinglado.
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