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Adolfo Alonso Ares: "La mística del gallo la entiende todo el mundo"

Adolfo Alonso Ares: "La mística del gallo la entiende todo el mundo"

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Adolfo Alonso Ares posa con el libro en el patio interior del Colegio de Arquitectos de León. | VICENTE GARCÍA Ampliar imagen Adolfo Alonso Ares posa con el libro en el patio interior del Colegio de Arquitectos de León. | VICENTE GARCÍA
J. Revuelta | 18/07/2018 A A
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Adolfo Alonso Ares: "La mística del gallo la entiende todo el mundo"
Arte y poesía El poeta astorgano presentó este martes el poemario ilustrado ‘La música y el frío’ (Lobo sapiens) que complementa la exposición que hasta septiembre puede visitarse en el Cazario de León situado en la localidad de La Baña
El poeta e ilustrador Adolfo Alonso Ares presentó este martes en la sede del Colegio de Arquitectos de León y como acto previo a la inauguración de una exposición en el Cazario de León, centro cultural, ocio y desarrollo situado en la localidad de La Baña, perteneciente al Ayuntamiento de Encinedo, el poemario ilustrado ‘La música y el frío’, que ha sido editado por el sello Lobo Sapiens, cuyo editor, José Antonio Martínez Reñones, ha acompañado al autor junto con el arquitecto Javier López Sastre, el presidente del COAL Álvaro Izquierdo y el colaborador en materia de cultura del Ayuntamiento de Encinedo, José Luis de Vega, que representó al municipio en ausencia del alcalde José Manuel Moro Carreña, que por cuestiones de agenda no puso asistir al acto.

La muestra de poemas y dibujos podrá visitarse en el Cazario de La Baña hasta el mes de septiembre, estando previsto su posterior traslado a la sala de exposiciones del Colegio de Arquitectos de León. El autor de la muestra, Adolfo Alonso Ares, comenta que todos los dibujos, que superan ligeramente la veintena, representan a gallos y que están acompañados por un conjunto de poemas inéditos que se recogen en la publicación de Lobo Sapiens ‘La música y el frío’. «Esto rememora el paisaje íntimo de La Cabrera, que también está representado en el gallo como símbolo ancestral que ha despertado al hombre desde tiempo inmemorial. Yo lo rememoro porque lo vinculo con la propia letanía del hombre, con la propia voz del hombre que el gallo la simula porque ese ‘kikiriki’ forma parte del elenco que nosotros conocemos; es decir, del elenco que nosotros incluso entendemos. Y por eso a través de la poesía, a través del trazo y a través del color plasmé todos esos dibujos como una incidencia sobre todo de intimidad y de recogimiento», asegura el poeta astorgano, que reconoce su interés por el mundo sencillo de los pueblos.

«Vivo la mitad del año en un pueblo de la Maragatería y en ese mundo que vivo y que participo está la verdad del mundo. Yo siempre lo he entendido así y cuando escribo poesía y cuando dibujo, que es lo mismo porque lo hago al tiempo y lo hago de una manera solapada, rememoro lo sencillo y cuando se rememora lo sencillo yo siempre he creído que se rememora lo universal», señala el autor, para quien el sonido del gallo, la mística del gallo, «se entiende en los cinco continentes, en todo el mundo».

Para mí el frío tiene una longitud de miras amplísima porque simboliza muchas cosasPreguntado por qué el frío forma parte del imaginario de muchos poetas leoneses, Alonso Ares asegura que los leoneses «somos hijos del invierno». «Para mí el frío tiene una longitud de miras amplísima porque simboliza muchas cosas; es decir, el frío es el momento del recogimiento, es el momento en el que la gente más hablaba porque se reunía en torno a las cocinas y esto siempre me ha parecido fundamental. Cuando he querido recoger leyendas para hacer filandones y voy hablando con la gente de los pueblos yo procuro que sea en invierno, porque en verano la gente se despista más».

Es la música del gallo, de la soledad,  del silencio, que a mi juicio es la música  perfectaPor lo que respecta al otro concepto que incorpora el título del poemario y que se refiere a la música, Alonso Ares comenta que «es la música del gallo, la música de la soledad, la música del silencio, que es la música perfecta».

El poeta utiliza el vino para colorear a sus gallos, «una esencia que nace de la tierra y que luego el hombre elabora. Me interesa las cosas humanizadas y en este caso hay una transformación de un fruto para extraer una bebida que nos reúne en torno a las mesas».
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