Mi última columna de 2021 la dediqué a la ironía, porque como siempre digo, es la mejor vacuna contra la estupidez generalizada y uno de los pocos botes salvavidas a los que uno puede subirse para sobrevivir a la tormenta perfecta del pensamiento único y de lo políticamente correcto. Lo reconozco, soy un adicto a la ironía y sin ella no podría subsistir, así que me aferro a ella como si no hubiera un mañana y despido este 2022 con un buen chute de ésta.
Echamos la trapa a un año inolvidable para el terruño leonés. Por fin la ‘Mesa por León’ ha dado sus frutos y este 2022 se recordará por los grandes proyectos que ha impulsado, consiguiendo aunar las voluntades de los representantes políticos, sindicales y empresariales, quienes han dado un ejemplo de lo que es trabajar por el bien común y no por intereses partidistas e individuales. Lo digo de memoria, pero creo recordar que las aportaciones dadas por las diferentes instituciones rondan los 500 millones de euros. Si a esto unimos el gran impulso que va a suponer para la provincia que León haya sido elegida como sede de la Agencia Aeroespacial Española, estamos ante un futuro más que esperanzador. Prueba de ello es que desde los ayuntamientos no se está dando abasto para autorizar las licencias de obras de nuevas viviendas para acoger a las miles de personas que están volviendo a León, conocida ya en toda España no como la Cuna del Parlamentarismo, sino como la Cuna de las Oportunidades.
Sin duda alguna, será misión casi imposible que el nuevo año mejore al que hoy despedimos. Pero bueno, ya saben, siempre nos quedará el comodín de la ironía.
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