Lo que cuenta Carracedo sería suficiente para recordar a Domitilo Sastre, pero es que este cabreirés fue mucho más y respondía a la definición que de él se repetía estos días: «Era el alma de la fiesta»; lo que en muchas comarcas llaman el auténtico enredabailes. Y es que él no solo tocaba la gaita o animaba el baile, se le daba todo bien, era un auténtico titiritero, cómico y padre de numerosas iniciativas singulares que serán recordadas en su tierra durante mucho tiempo, como recordaba Sergio en su entrañable perfil de despedida: «Domitilo inventó el bautizo del burro o la comunión de Platero, entre otras ocurrencias. O canciones únicas como su ‘Hay que tirar el tabique’, cualquier cosa para animar el cotarro», con la particularidad de que «cuando ya estaba entamao él se apartaba y se sumaba a la fiesta». Pero no se puede olvidar una contribución importante a la música, allá por los años 80 del pasado año, las gaitas habían desaparecido de la vida diaria en Quintanilla de Yuso y sus celebraciones y Domitilo desempolvó «su gaita de madera oscura y fuelle de terciopelo y supo sembrar su pasión por este instrumento con su buen hacer» hasta el punto de que nacieron en Quintanilla nuevos grupos y conciertos.
A veces esta palabra de enredabailes tiene un cierto sentido peyorativo, de poco trabajadores, no es el caso de Domitilo, excelente trabajador en Quintanilla y emigrante, como tantos otros, para labrarse un futuro. En su caso fue a Alemania y Bilbao, donde se afincó y donde falleció hace unos días después de una larga enfermedad. Allí también apreciaban el buen hacer y el espíritu jovial de tío Tilo.
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