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Adiós al gran todoterreno de las letras leonesas, Jesús Torbado

Adiós al gran todoterreno de las letras leonesas, Jesús Torbado

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Fulgencio Fernández | 24/08/2018 A A
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Adiós al gran todoterreno de las letras leonesas, Jesús Torbado
Obituario Torbado (San Pedro de las Dueñas, 1943) falleció este jueves en Madrid. Seguramente sea el escritor leonés más galardonado, fue un todoterreno de la escritura, un pescador por libre, independiente, que en tiempos lo pagó caro
Jesús Torbado, francotirador por vocación, confesaba con frecuencia que «en mi casa jamás entró un duro que no haya ganado por escribir: novelas, cuentos, guionista de televisión y cine, reportajes periodísticos, en revistas de viajes... he tenido que ser un todoterreno de la pluma y, sinceramente, tengo que confesar que he vivido bastante bien».

– Se dice de Jesús Torbado que va algo por libre.
- Pues no es absolutamente verdad, no voy algo por libre, voy absolutamente por libre.

Y completaba su propio perfil biográfico con otra confesión: «No me gusta la publicidad, no aspiro a que me conozca, lo único que me gusta es escribir».

- ¿Para poder vivir de la literatura y afines ha tenido que escribir por encargo?
- Por supuesto, ¿y qué pasa por escribir por encargo? Muchas obras de Bach, la Capilla Sixtina o La Iliada, por citar unos pocos ejemplos, son obras hechas por encargo.

Son algunos retazos de entrevistas que acercan a la personalidad de Jesús Torbado, un todoterreno como él mismo dice, seguramente el escritor leonés que más premios no institucionales ganó «pues vivo de esto» y un hombre que, a la vez, se definía como «sin raíces pero tan leonés como cualquiera». Este leonés que este jueves falleció en Madrid, a los 75 años de edad, después de una larga enfermedad que le mantenía alejado de la vida pública desde hace años.

Y un tipo libre. Muy libre.

Tal vez lo de ser un «hombre sin raíces» tiene mucho que ver con su propia peripecia vital pues en todas sus biografías dice que «nació en San Pedro de las Dueñas, el 4 de enero de 1943» pero «realmente nací en León, donde mi padre, veterinario, trataba de sortear las hambres de la posguerra. Y en esa tarea nos fuimos a Maraña, en la montaña, donde estuvo dos años de maestro para bajar después a la que ciertamente considero la tierra de mi infancia, San Pedro de las Dueñas, pero no soy de allí».

Hijo de aquel tiempo «y sus hambres e injusticias», como él mismo decía, y dado que el sueldo de su padre —que seguía ejerciendo de maestro— no daba para muchas alegrías e ir a estudiar a un colegio de pago, contaba Torbado que «fui captado por el Departamento de pesca de los frailes»; es decir, aquellos frailes que iban por los pueblos, hablaban con los maestros y se llevaban a los chavales más espabilados. Y Jesús lo era y siempre agradecía la posibilidad que le dieron de «estudiar latín, griego, humanidades... aunque me fui nada más que pude».

Los caminos que se le abrían —el más factible entrar a trabajar en Correos— no le seducían en exceso  y ya tomó la decisión de seguir la vocación de escribir y se matriculó en Periodismo. Y también la de viajar. «En vacaciones, ya en primero con solo 18 años, me iba a recorrer Europa en auto stop y echándole mucho morro a la vida. Un año marché con 2000 pesetas y volví con 3.000 después de tres meses recorriendo países, trabajando en el campo, descargando camiones...».

En tercero de carrera le ofrecen trabajar en Ya y no acepta pues no podía irse a recorrer Europa... Se fue sin fecha de regreso, vivía en París pero temía que cumplir el servicio militar, en Valladolid, cuando ya había empezado a escribir su primera novela, Las corrupciones, tenía 21 años, y con ella ya ganó su primer premio, el Alfaguara, en la que Umbral fue finalista.

En la mili tiene una de las anécdotas más jugosas de su historia de escribir por encargo: «Había un premio de 300 pesetas pero para los soldados de Infantería y yo no lo era. Escribí un poema a la Inmaculada Concepción, un amigo de León que sí era de Infantería lo presentó, ganamos las 300 pesetas y nos emborrachamos los dos durante dos semanas». Aunque había ganado otros dos premios antes y también eran otras jugosas historias. «Nada más salir de los curas, con 17 años, gané el Ciudad de Ponferrada y no me lo querían pagar, tuvo que intervenir un abogado amigo y me compré una Hispano Olivetti, con la que escribí el cuento con el que gané el Premio de Cuentos del Día de las Comarcas, segundo quedó Luis Mateo Diez, y Zurdo ganó en pintura. Nos lo entregaban en Boñar y disfruté mucho, porque bailé con la reina del festejo y, sobre todo, porque nos llevaron en el coche del Gobernador, con chofer y gorra».

Torbado se definía como un hombre "sin raíces pero tan leonés como nadie, de la provincia"Y ahí arrancha una impresionante historia literaria, con muchos libros, muchos premios y algunos hitos muy vinculados a su tierra y sus raíces, como aquel Tierra mal bautizada. Un viaje por Tierra de Campos (1969), en el que recorre más de 100 pueblos y ciudades de León, Zamora, Valladolid y Palencia, arrancando de San Pedro de las Dueñas y acaba en Sahagún. Habla de los habitantes de estas tierras «como las víctimas presentes de las glorias pasadas» pues contrasta sus penurias con la riqueza de su historia, de su patrimonio... «Era una idea de Cela para publicar libros que se parecieran a su Viaje a la Alcarria, pero el mío no se parecía en nada y no le gustó. Lo llevé a Seix Barral, donde había publicado Carnicer el de la Cabrera, más parecido al mío, y allí salió aquella tierra de campos llena de iglesias pero sin agua corriente».

En 1976 llegó el premio que le obligó a salir del anonimato, el millonario Planeta con su En el día de hoy, en el que ficciona que hubiera ocurrido si Franco hubiera perdido la guerra y acabaría escondido en la Cuba de Batista, Alberti ministro de Cultura, Ridruejo fusilado y el castillo de la Mota acaba siendo un burdel...

Muy de Torbado. El que —junto a Manu Leguineche— sacó de las sombras a los más perseguidos del franquismo, Los topos, aquellos luchadores enterrados en vida; el que vio como le secuestraban un libro y era condenado por injurias —y después absuelto—, el que polemizó con Pilar Primo de Rivera en las cartas al director de un periódico... y el que dejó una de las mejores novelas sobre el Camino de Santiago, El Peregrino, el primero de una anunciada trilogía sobre tierra de Campos; el guionista de los programas de libros de la tela, el experto en turismo que decía: «El problema es que las ciudades encargan la gestión del turismo al más simpático o al que más sale de copas, sin reparar que le entregan la llave de su futuro».

Un tipo muy lúcido al que pocas veces escucharon, por más que hoy se sucedan las declaraciones elogiosas.
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