Una vida escrita en una lápida

Luchi Fernández, con origen en la montaña de Riaño, falleció en 2021 y está enterrada en León. Desde ese momento su hijo Francisco José París pensó en hacerle el homenaje que merecía en su tumba

15/10/2023
 Actualizado a 15/10/2023
El panteón de la que fuera muchos años panadera de Riaño con una frase, "este ha sido el paseo de mi vida".
El panteón de la que fuera muchos años panadera de Riaño con una frase, "este ha sido el paseo de mi vida".

Luchi (Lucinia Fernández) fue durante muchos años la panadera del viejo Riaño, desde que se casó con el panadero Paco París, hasta que el cierre de la presa les expulsó de su tierra. Se acabó, para ella, la panadería pero no la vida laboral y, como había hecho siempre, se reinventó nuevamente bordando paños, toallas y similares para una céntrica tienda leonesa. mientras su marido seguía en el oficio en la panadería de Villaquilambre. Con el tiempo abrirían su panadería en el Polígono X. 


Luchi había nacido en Pedrosa del Rey (en 1945), era la penúltima de los seis hijos que tuvieron Silverio, el carpintero de Remolina, y Apolonia, natural de Horcadas. Se habían establecido en Riaño pero, curiosamente, la electricidad llegó antes de Pedrosa y se fueron allí para instalar un motor eléctrico en la carpintería. Cuando llegó la electricidad a Riaño regresaron allí y Apolonia puso una pescadería, para la que necesitaban hielo y esta familia de trabajadores con iniciativas pusieron una de aquellas primeras fábricas de hielo, que vendían también a otros negocios, como los bares de la comarca. Y Luchi ya ayudaba en casa.


La familia vivió muy de cerca la tragedia del desalojo de Riaño. Los padres se habían ido a Cascón de la Nava, los hermanos se dispersaron y Luchi se amoldó a vivir en León con la mirada puesta en Riaño, en los paseos por el Hayedo de Las Biescas, hoy ruta de la Vieja el Monte; que sustituía por otros por la Candamia o la Lastra, que no es lo mismo pero Luchi siempre se hacía a las nuevas situaciones y, además, con algún dulce preparado, que era una maestra repostera. 
Nada podía con Luchi... salvo el traicionero cáncer, que le fue robando la vida pero no la vitalidad ni las ganas de seguir... "pocos días antes de morir, en silla de ruedas, andaba planeando cambios en el salón de la casa", recuerda su amiga Sandra Soto.


Nada más que llegó el fatídico día, apenas enterrada Luchi, su hijo Francisco José comenzó a buscar ideas para homenajear a su madre, honrar a la excelente trabajadora, más allá de su propia vida. Y en el panteón de Luchi fueron creciendo símbolos, pequeñas obras de arte ideadas por su hijo y cargadas de simbología con una frase que recuerda a todos que "este ha sido el paseo de mí vida...E. Y ese camino sale de Remolina, el pueblo de su padre Silverio y esta representado en un cepillo de carpintero, la profesión del padre de Luchi; se une a otro afluente que llega desde Horcadas, el pueblo de su madre Apolonia, con un pez de la pescadera que fue; no puede faltar Riaño, recurrente en sus paseos y trabajos y después una larga carretera que desemboca en León, ciudad que la acogió los treinta últimos años de su vida, donde vivió y trabajó, sin desmayo, como siempre hizo ella.


Y en una esquina del panteón la fotografía de Luchi. No cualquiera, la que se hizo la última vez que pudo ir a Riaño, allí sentada, a la sombra de un manzano del lugar al que más le gustaba ir a pasear, Las Biescas.


Una vida escrita en la lápida de un panteón, esculpida por el hijo que un día se prometió que una vida como la de su madre, la luchadora Luchi, no debería quedar en el olvido, por su ejemplo, por el bien de todos. 

 

Lo más leído