Valcuende, solos en la Noche... vieja

Vivian y Víctor, con sus hijos Iván y Paula, son la única familia que permanece en invierno en el pueblo en el que se asentaron hace cuatro años para iniciar una aventura como ganaderos... y están felices

02/01/2025
 Actualizado a 02/01/2025
Iván, Víctor, Vivian y Paula, la única familia de Valcuende. | FULGENCIO FERNÁNDEZ
Iván, Víctor, Vivian y Paula, la única familia de Valcuende. | FULGENCIO FERNÁNDEZ

Tópicos fuera. Si hablamos de la única familia que vive en un pueblo de la provincia, con dos hijos muy pequeños. Si explicamos que Víctor y Vivian llegaron a esta localidad, Valcuende, porque el fin de las térmicas dejó a Víctor González en la calle pues trabajaba en la de Velilla del Río Carrión. Si se os viene a la cabeza lo de la España Vaciada y sus trillados caminos asociados. Si el artículo siembre dudas con el ‘solos en la Noche...vieja’ (un juego con otro anterior de Solas en la Noche... buena), pues estaréis pensando en una historia de cierta tristeza o soledad. Os aclaro el final. Regresaba con Víctor y su hijo Iván de echarles unas barras de pan a las vacas y, sin preguntarle, este joven ganadero confesó: "Ahora no cambiaría esta vida por nada. Estos paseos, los niños viviendo en libertad, el contacto con la naturaleza, verlos jugar con las gallinas o los gatos, que ni sé los que tenemos porque Vivian les echa de comer en abundancia...". 
- ¿Y cómo llegasteis aquí? ¿Eres de Valcuende? Vivian Palacios ya sé que no pues es de Uruguay.
- Yo tampoco lo soy pero sí tengo relación con Valcuende. El abuelo llegó aquí para trabajar en las minas, la familia tuvo ganado, yo crecí en la parte superior de la escuela... pero después entré a trabajar en la Térmica de Velilla y había pensado en otro tipo de vida, hasta que cerró...

Vivian llegó de Uruguay, con su madre, casada en La Espina, otro pueblo cercano del mismo ayuntamiento, Valderrueda... "Y allí la conocí, allí comenzó todo", dice Víctor con una sonrisa cómplice de Vivian. 

A Víctor le correspondió en herencia la cuadra y el pajar de los abuelos en Valcuende y en esos edificios han levantado —"lo hicimos nosotros prácticamente todo"— una amplia y bella casa de pueblo. "Aunque las paredes están pintarrajeadas por los niños porque hemos decidido que no vamos a recubrirlas hasta que no razonen, ¿para qué?".

Encontrar la casa de esta familia es fácil siguiendo los viejos trucos de la vida rural. Las casas habitadas son aquellas que echan humo por la chimenea, y en el caso de Valcuende la única que lo hace es la de Vivian y Víctor. Allí Iván ve una pelicula infantil en la tablet y hace dibujos en un folio o sobre la mesa; Paula duerme una larga siesta en brazos de su madre con un chupete en la boca y otro en una mano, que no suelta por muy dormida que esté. El despertar es lento y algo complicado, aunque poco a poco va espabilando y la mejor fórmula es decirle que vaya a buscar los huevos del gallinero. Para allá que marcha decidida.

Este miércoles habían recibido la visita de unos primos de Valencia que buscan aquí la tranquilidad después de unos tiempos complicados, también llega la abuela, desde La Espina.
- ¿Y después solos?
- Pues sí. Ya no está Carmina, que era un poco el alma del pueblo; y Mikel nunca sabemos si está o no pues prácticamente no sale de casa.

Vivian lleva en brazos a Paula y la abriga, las heladas se están dejando sentir en esta montaña leonesa, como se puede comprobar en el suelo blanco. F. FERNÁNDEZ
Vivian lleva en brazos a Paula y la abriga, las heladas se están dejando sentir en esta montaña leonesa, como se puede comprobar en el suelo blanco. F. FERNÁNDEZ



Después de aquella frase de "en La Espina empezó todo" llegó la decisión de irse a Valcuende y el nacimiento de Iván, en 2020, un niño con noticia debajo del brazo pues era el primero que se bautizaba en el pueblo desde hacía "sesenta y cuatro años. Ni sé en la cantidad de sitios que nos sacaron". Pero también había llegado este primer niño con todas las incertidumbres del mundo, los primeros pasos como ganaderos de sus padres y el Covid, Iván nació en plena ‘explosión’ de la pandemia. "Lo pasamos muy mal, en el hospital, los trajes, las mascarillas y, sobre todo, el miedo", recuerda Víctor antes de sonreír abiertamente al recordar que "al llegar a Valcuende todo cambió, aquí la pandemia ni nos enteramos, estábamos solos en el pueblo, ¿qué problemas había para salir al campo, con el ganado? ¿distancia de seguridad? Kilómetros teníamos".

Así fue creciendo Iván. Y fueron creciendo los nuevos ganaderos, sus padres. "Empezamos con unas ayudas de incorporación a la ganadería. Ya tenemos setenta cabezas de vacas, todas de la raza que se llama Parda de la Montaña, que está catalogada como una raza en peligro pero que nos parece la ideal para esta zona: son  duras, aguantan bien el frío, son muy dóciles...", explica mientras anda entre ellas con Iván en brazos dándoles unas barras de pan.
- ¿Y cómo está la cosa?
- Bueno, no son malos tiempos, ahora los terneros se están pagando muy bien, aunque toco madera.
- Es decir, viento en popa...
- Quieto. Mira el tractor, tenía uno de segunda mano que no daba más que averías y tuve que comprar éste, que no es nada del otro mundo y me costó 71.000 euros, que se dice pronto pero es un dineral, así que andamos siempre entrampados, pero reconozco que felices; explica mientras pasamos ante un enorme montón de leña. "Vamos nosotros a cortar las suertes, que la calefacción es de leña y así pues se hace más asequible mantenerla. Hay que ir haciéndose a la vida del pueblo, con las ventajas que ofrece... y los inconvenientes que también tiene".

Iván le da de comer a las gallinas, después irá a buscar los huevos en los nidos; a su hermana Paula le gusta más coger las gallinas y llevarlas. | F. FERNÁNDEZ
Iván le da de comer a las gallinas, después irá a buscar los huevos en los nidos; a su hermana Paula le gusta más coger las gallinas y llevarlas. | F. FERNÁNDEZ


 
Los niños —Iván y Paula— ya van al colegio, en Guardo, pues Valcuende está prácticamente en la frontera con Palencia. "Nos quedan Puente y Guardo más o menos a la misma distancia pero allí tenemos familia y si algún día nos los tienen que recoger porque no podemos pues nos arreglamos mucho mejor".
 
 Se va poniendo frío. Comienza a helar, hasta las gallinas buscan cobijo, es hora de in preparando la cena de Nochevieja.
- Vivían, ¿tú te acostumbraste bien, siendo de Uruguay?
- Muy bien. La felicidad para mí es ver entrar a Paula con cara de traviesa y una gallina bajo el brazo; aunque haga como que la riño. 

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