Sus funciones, señalan en un comunicado, son “imprescindibles” y colaboran con los docentes en el desarrollo de hábitos y rutinas destinadas a mejorar los niveles de autonomía del alumnado (en su limpieza y aseo, para facilitarle la movilidad por el centro o en el comedor escolar), según lo subraya Sheila Fernández, secretaria de Educación de UPL.
La necesidad de que un alumno tenga o no un ATE, añade, no es capricho de los docentes o el centro educativo, sino que va avalado por un informe psicopedagógico de los equipos de orientación. Sin embargo, lamenta, son numerosos los centros educativos que deben reclamar constantemente tanto a la Consejería de Educación como a las direcciones provinciales la presencia de dicho personal, y reclama además la presencia de un profesional de Enfermería en los centros educativos cuando se escolaricen alumnos con patologías que deben ser controladas por profesionales médicos. Un niño de menos de seis años con diabetes, por ejemplo, no puede asumir su autocuidado y debe hacerlo un adulto conocedor de su patología, apunta.
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