Este hecho constituye un importante descubrimiento que va a facilitar los procesos de producción de fármacos de uso médico para numerosos tratamientos antitumorales, antiinflamatorios, antialérgicos, antivirales, y también preventivos, relacionados con la fertilidad, menopausia, osteoporosis, así como en enfermedades neurodegenerativas relacionadas con la edad. Este último apartado es de especial importancia, dado el incremento de la media de la edad de la población española y los cambios en el patrón de enfermedades que se están produciendo por dicho motivo.
El acto contaba con la presencia del director científico de Gadea Biopharma, José Luis Barredo; el coordinador del proyecto, Carlos Barreiro; el director científico de Inbiotec, Rafael Balaña, ambos profesores de la Universidad de León (ULE), y los investigadores Antonio Rodríguez (también profesor de Microbiología en la ULE), y Alberto Sola.
Rafael Balaña Fouce, catedrático de toxicología de la ULE, iniciaba sus palabras destacando que Inbiotec "sigue siendo la punta de lanza de la investigación biotecnológica en León, como único centro de estas características que hay en la provincia, y uno de los siete centros tecnológicos de Castilla y León".
Por su parte, Carlos Barreiro explicaba que, después de los antibióticos, los esteroideos "constituyen el segundo grupo de fármacos con mayor impacto económico en el mercado y en la población", y destacaba especialmente la conexión que existe entre universidad y empresa. "Inbiotec lleva mucho tiempo –dijo– participando en la formación de personal de la ULE, y todos los años tenemos alumnos realizando sus trabajos de fin de grado o máster, en lo que constituye un auténtico nexo de conexión entre universidad y empresa".
José Luis Barredo, director científico de Gadea Biopharma, ha analizado la importancia a nivel empresarial de la identificación del genoma, ya que "va a permitir modificar de forma dirigida estos genes, para que produzcan otros precursores de esteroides que sean interesantes para otras síntesis químicas".
Finalmente, era el profesor Antonio Rodríguez quien ofrecía datos técnicos de todo el proceso de secuenciación de más de seis millones de fragmentos de un genoma circular, "típico de las bacterias", en un trabajo muy complejo que ha comparado a la tarea de "recomponer un libro con fragmentos de hojas". "Aún queda mucho campo para la investigación, ya que de los 5.000 genes se conoce tan solo la función del 50%", concluyó.
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