Un amor tan incondicional como diverso

Rosa, Tatiana, Vicenta y Beatriz son las protagonistas en este Día de la Madre con sus diferentes formas de ejercer la maternidad con el cariño como denominador común

07/05/2023
 Actualizado a 30/08/2023
Rosa, Tatiana, Vicenta y Beatriz. | L.N.C.
Rosa, Tatiana, Vicenta y Beatriz. | L.N.C.

Dicen que ‘madre no hay más que una’, pero sí hay tantas maternidades como personas habitan este planeta. Este domingo se celebra el Día de la Madre que, aunque a veces genera tanto cariño como animadversión, es siempre un buen momento para pensar en todas aquellas madres que habitan y cuidan en esta provincia.

La Nueva Crónica se ha querido acercar al testimonio de cuatro mujeres que ejercen la maternidad desde diferentes posiciones y formas de vida.
 

Vicenta y el amor


«No te lo planteas, viene y ya está». Vicenta Lorenzana es madre de familia numerosa y está «súper encantada» por haber tenido cinco hijos. «Fue mucho trabajo, pero ahora los veo y me siento muy orgullosa», cuenta la leonesa. Vicenta tenía 22 años cuando nació su primer hijo y cuando cumplía los 29 ya habían llegado todos los demás.

Vicenta: "Había momentos en los que me encontraba muy cansada, pero siempre me ha compensado"Ahora, cinco décadas más tarde, mira a toda aquella etapa con mucho cariño. Reconoce que «solo me acuerdo de lo bueno», pero que la crianza fue costosa y también sacrificada, aunque «entre comillas». «Teníamos una rutina diaria, los sábados hacíamos la compra y algunos íbamos al pueblo, y después toda la semana lo mismo. Ni vacaciones, ni nada», cuenta Vicenta haciendo memoria. Ella trabajaba en casa cuidando a sus cinco retoños, su marido trabajaba fuera del hogar y también le ayudaba en muchas tareas. Organización, paciencia y mucho amor fueron claves para sacar adelante su familia numerosa que sumó un integrante más cuando su suegro se fue a vivir con ellos.

«Nunca encontré inconvenientes, los tenía y yo era feliz», explica Vicenta, «había momentos en los que estaba muy cansada, pero siempre me ha compensado». Cuenta que en el momento en que sus hijos eran pequeños no existían muchas ayudas, pero sí encontraron apoyo para que pudieran estudiar, como las becas para los libros.

Ahora, Vicenta vive rodeada de amor: «Muchas veces le digo a mi marido que somos unos afortunados», confiesa. Se siente apoyada por todos sus hijos, que siempre están pendientes de su madre, a los que apoya siempre que lo necesitan puesto que «les puedes dar un consejo si te lo piden, pero son ellos los que tienen que decidir».

Aunque «el Día de la Madre para mí es todos los días», este domingo la familia de Vicenta volverá a reunirse en el pueblo para disfrutar y compartir: «Lo especial es que estamos juntos».

 

 

Beatriz y la resiliencia


Beatriz González cuenta que el Día de la Madre lo celebrarán en el campo en Valencia, aunque con su madre lejos porque vive en León y «este año no puedo ir». En casa lo celebran todo: «Seguimos celebrando el cumpleaños de mi hijo, se habla de él normalmente». El pequeño de Beatriz perdió la vida en noviembre de 2018 después de una enfermedad que nunca pudieron identificar. «A día de hoy no sabemos qué paso. Autoricé que se quedaran con sus órganos para estudiarlos, pero han pasado cuatro años y no sabemos nada».

Beatriz: "No hay que venirse abajo ni tampoco dejar de luchar, ellos dan todo y tú no puedes bajar la guardia"La enfermedad de su hijo comenzó en el verano de 2013, con una fiebre que no bajaba y otros síntomas: «Comía muchísimo, exagerado, y una de las cosas que más me llamó la atención era que no quería comer». Después de varias visitas al médico, acabó ingresado en el Hospital de León del que se fue sin un diagnóstico claro. A partir de ahí comenzó el periplo de la familia para intentar infinidad de terapias y descubrir qué era lo que sucedía con el pequeño, que vivía una especie de parálisis cerebral que le había afectado a sus funciones motoras. «Fuimos hasta Tailandia para probar un tratamiento con células madre, la gente nos ayudó muchísimo», explica Beatriz.

Como madre vivió toda esta etapa con desesperación y aún la califica como un «caos». «No entiendes nada, no sabes lo que está pasando; pero es que los médicos tampoco lo sabían», explica, y también hace ver su fortaleza: «No puedes venirte abajo ni dejar de luchar, ellos dan el 100 % y no hay que bajar la guardia», detalla emocionada. «Por un hijo vas donde sea y haces lo que sea», añade mientras recuerda las consultas en el Hospital La Fe de Valencia o un viaje exprés a Málaga a visitar a un médico.

Beatriz nunca tiró la toalla, y eso aconseja a otras madres que sufran ahora mismo. Cuando su hijo falleció se le quitaron las ganas de todo, «es lo peor que le puede pasar a una persona», pero como tenía a su otra hija se levantó y siguió, «porque no te queda otra». Beatriz siempre será madre de dos.

 

 

 

 

Tatiana y la reivindicación


«Hay muchos tipos de familias porque hay muchos tipos de maternidades y decisiones. Una madre no es mala madre por no haber elegido a un padre, la persona que concibió al hijo no estaba en su momento». Así explica Tatiana Diez su manera de maternar. Ella es madre en una familia monoparental con su hijo pequeño y tiene la custodia compartida de su hija mayor. Cuando habla de su vida, habla del esfuerzo y el cariño y de un lugar donde tanto las alegrías como los inconvenientes dependen de ella. «Todas las decisiones que tomo sobre el niño son mías, te lo comes todo, para bien o para mal», explica.

Tatiana: "Si no tienes a una familia o a una ‘tribu’ que te apoye, es muy complicada la conciliación con el trabajo"En el caso de su hija mayor consulta todo con el padre de su hija, que está con ella un fin de semana cada 15 días. Tatiana explica que también ejerce como familia monoparental el resto de días con su hija y lamenta que «se deberían equiparar las leyes, porque aunque tengas la custodia o los ingresos, las 24 horas del día está conmigo». La conciliación sale de su boca enseguida cuando es preguntada por lo más complicado de su situación. Los trabajos los tiene que compaginar con los horarios de sus hijos y cuadrar el día a día para que funcione. «Si no tienes una familia o una ‘tribu’ que te apoye, es muy difícil», explica. Por suerte, Tatiana tiene un buen grupo de amigas que le ayudan cuando es necesario. También encuentra esa red de apoyo en la Fundación Isadora Duncan, una entidad que da apoyo a las familias monoparentales en León. Con ellas ha hecho cursos y también otras actividades para conocer maternidades como la suya y, además, le han puesto facilidades para conciliar porque «tienen en cuenta al menor», algo que no sucede con muchas otras entidades.

Tatiana no celebrará este Día de la Madre de ninguna manera especial, ya lo hace todos los días y lo seguirá haciendo en un futuro en el que pueda tener más tiempo para conciliar «y disfrutar más de ellos».

 

 

 

 

Rosa y la ilusión


Después de más de una década de espera, la hija de Rosa por fin llegó a casa. Rosa Prieto y su marido estuvieron doce años apuntados en las listas de adopción internacional y la demora no hizo más que provocar el desánimo en una madre que deseaba tener a su hija desde hacía mucho tiempo. Tras infinitos pasos burocráticos y unas cuantas renovaciones de los trámites, decidieron apuntarse a las listas nacionales previa recomendación de una asistente social de Ponferrada. «Reconozco que tenía miedo, la niña podía venir de otra provincia de Castilla y León y la adopción no es plena hasta que no lo dictamina un juez», cuenta Rosa.

Rosa: "Toda madre quiere lo mejor para sus hijos, pero en nuestro caso creo que es incluso el doble"Cuatro años más de incertidumbre y cuando parecía que ya no quedaban ganas, llegó ella. «Nos citaron a una reunión para evaluarnos y nos comunicaron que encajábamos con una menor», explica. En ese momento su hija tenía 4 años, y ellos estaban en el rango de 0 a 3 años. El suyo fue un caso especial y podría decirse que sus vidas estaban destinadas a encontrarse. «Justo cuando nos avisaron, yo ya quería decir que sí», explica Rosa ilusionada, y comenzó el proceso. Visitaron a su hija en el centro de menores y estuvieron un tiempo con ella: «No me gustó que nos separaran una semana, cuando ella ya sabía que nosotros íbamos a ser sus padres», lamenta Rosa. A partir de ahí y, tras todo el periodo de adaptación, la pequeña comenzó a vivir con ellos en Ponferrada. El papeleo no terminó y hubo un montón de informes psicológicos y otros procesos que pasar. «Desconocía que en el momento en que reciben la documentación, el juez tiene que ponerse en contacto con la madre biológica de la menor», detalla Rosa. Finalmente, casi un año después de que la niña llegara a su hogar «le pusieron nuestros apellidos».

Consciente de los cuidados que necesita su hija adoptiva, Rosa vive la maternidad plena desde que ella llegó a casa. «Quieres ser madre desde el momento en que lo deseas y te apuntas en la lista de adopción, pero no lo eres hasta que empiezas a ejercer», cuenta la ponferradina. Cree que vendrán momentos difíciles, pero los afronta con ilusión y muchas ganas. «En mi opinión, necesitará otro tipo de cuidados», dice, y ella estará ahí para ofrecérselos. Con dudas sobre «si lo haré bien o mal», Rosa asegura que «toda madre quiere lo mejor para sus hijos, pero en nuestro caso creo que es el doble». Por el momento, los tres saldrán hoy a celebrar que viven felices juntos.

 

 

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