La falta de cobertura en el medio rural sigue siendo una de las grandes brechas invisibles del desarrollo territorial. Mientras las ciudades avanzan hacia la hiperconectividad, miles de habitantes en zonas rurales continúan enfrentándose a conexiones inestables, lentas o, directamente, inexistentes. Esta desigualdad no solo limita el acceso a servicios básicos como la educación online, la telemedicina o la administración electrónica, sino que también frena oportunidades económicas y contribuye al despoblamiento.
Es el caso de la localidad de Torrestío, donde denuncian una situación que se alarga demasiado en el tiempo sin que se vislumbren soluciones efectivas. Según relatan, los problemas de cobertura no son nuevos, pero sí se han agravado en los últimos meses hasta volverse prácticamente insostenibles.
«Llevamos ya dos años con fallos en la cobertura. Antes los datos iban y venían, pero es que ahora no hay, no hay», explica una vecina afectada. La situación, añade, resulta especialmente desconcertante, «por la noche hay veces que tenemos datos, pero durante el día es imposible».
Los residentes apuntan a una posible saturación de la antena como causa del problema, agravada por el aumento del tráfico en la zona, especialmente en épocas de mayor afluencia. «En verano es imposible conectarse. Cada vez hay más volumen de gente y más dispositivos conectados, y el servicio no responde», denuncian.
Más allá de la incomodidad, los vecinos advierten de un riesgo añadido: la falta de cobertura también compromete la seguridad. «Es un peligro, porque no podemos llamar ni para pedir ayuda si ocurre algo», subraya la misma vecina.
A la frustración se suma la falta de respuestas claras por parte de las administraciones y las compañías. Según explican, desde la inspección técnica de telecomunicaciones en León les han trasladado que no tienen competencias directas sobre el problema, señalando a la operadora como responsable de cualquier actuación. «Nos dicen que es un tema exclusivamente de Movistar y que depende de su voluntad cambiar la antena», relata la vecina.
En junio del año pasado, Telefónica comunicó que la renovación de la infraestructura estaba prevista entre finales de 2025 y el primer trimestre de 2026. Sin embargo, los vecinos denuncian que los plazos no se están cumpliendo y que la situación sigue sin avances. «Ni arreglan la antena que hay ni instalan una nueva», lamentan.
Las alternativas tampoco llegan. La implantación de fibra óptica, que se presentaba como una posible solución, sigue sin materializarse. «Se suponía que ya estaba instalada, pero no es así. Ni siquiera podemos teletrabajar», explican. Tras contactar con distintas administraciones -desde la Diputación hasta la Junta-, la respuesta sigue siendo difusa. «Es lamentable, pero nos dicen que no tienen competencia. Al final es un tema político y económico: a Telefónica no le compensa para los pocos vecinos que somos y los políticos no presionan», concluye la afectada.