En estos días se ha hecho vitral una de esas noticias que tanto gustan a los lectores que, se suele decir, «encuentran las noticias más humanas en las relacionadas con el mundo animal». Ha vuelto a pasar. En Zamora, aquí al lado.
Por tercer verano consecutivo, el protagonista, el ciervo bautizado como Tomás recorre 50 kilómetros por la Sierra de la Culebra para ir a veranear a Linarejos, su pueblo adoptivo en Zamora, convirtiéndose en un vecino más durante el verano y, por supuesto, el que más conversaciones protagoniza.
Todos hablan de su extrema mansedumbre, sin ningún incidente en el tiempo que lleva en el pueblo, y su inusual presencia en la localidad han generado una notable expectación turística que preocupa seriamente a los lugareños pues creen que «la masificación» o meterse demasiado en su vida puede general algún problema. Muchos curiosos acuden a la zona para hacerse selfies, acariciarle el lomo o darle de comer, «olvidando que se trata de un ejemplar con instinto salvaje y unas astas de gran tamaño que pueden entrañar un riesgo real», recuerdan a los visitantes, aunque hasta el momento no haya ocurrido, lo que llevó a guardias del Seprona a sedarlo y devolverlo a sus cuarteles de invierno, para evitar peligros. Pero Tomás tardó menos de una semana en regresar a su lugar de veraneo y volver a recorrer las calles de Linarejos entre el cariño de sus vecinos, felices del regreso del veraneante.
Una historia muy parecida a la vivida en La Vecilla, entre Pepa, una cierva, y Javi, el dueño de un bar que la acogió cuando apareció por el pueblo. La amenaza de que no podía vivir allí sin unos requisitos muy complicados para Javi, se recogieron 15.000 firmas para que se quedara en el pueblo... pero el final fue bien diferente, Pepa ya no vive en La Vecilla.
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