A comienzos de esta semana se cumplieron 90 años de las últimas elecciones republicanas en España, las de febrero de 1936. Unos comicios polarizados como nunca antes y cuyos resultados desembocaron en una serie de acontecimientos de corte radical que, a su vez, llevaron al golpe de estado de julio y a una inaceptable guerra entre compatriotas. A pesar del tiempo transcurrido, en León parece que los apoyos por bloques ideológicos no distan tanto de los hay en la actualidad.
Niceto Alcalá-Zamora disolvió las Cortes en enero de aquel aciago 1936 y la campaña electoral comenzó a llegar a provincias como León. José María Gil-Robles, de la Confederación Española de Derechas Autónomas (Ceda), dio un mitin en el auditorio de los Capuchinos, mientras que un recién constituido Frente Popular aglutinó las posturas de izquierdas, en buena medida representadas en territorio leonés por Félix Gordón Ordás y su Unión Republicana.
La derecha también acudió a esos comicios en bloque, en una coalición liderada por la Ceda junto a partidos agrarios y monárquicos. No obstante, según detalla José Luis Martínez Celada en su investigación ‘Las elecciones de febrero de 1936 en la provincia de León’, a pesar de la unión que implicaba en la izquierda, el Frente Popular tardó en definir una candidatura provincial que «no estuvo preparada hasta bien entrada la campaña electoral», quedando confeccionada en una asamblea celebrada en la plaza de la Catedral. En cualquier caso, pocos sospechaban entonces que sería la última vez que los leoneses, como el resto de los españoles, tendrían la oportunidad de elegir a sus dirigentes en más de cuatro décadas.
Al contrario de lo que ocurrió a nivel nacional, la victoria electoral en León en febrero de 1936 se la llevó Acción Popular como conjunción de las derechas. Este bloque obtuvo el 52,9 por ciento de los apoyos y el candidato más respaldado en la provincia fue Pedro Martínez Juárez, de la Ceda, con 90.847 votos. Igualmente, también fueron elegidos dentro de la facción conservadora los cedistas César Contreras, Antonio Álvarez Robles y Pedro Barrios, así como dos representantes del Partido Agrario, Antonio Pérez Crespo y Manuel Sáenz de Miera, y el monárquico Francisco Roa de la Vega.
Por su parte, el Frente Popular se llevó el 41,1 por ciento de los votos en la provincia. Gordón Ordás fue el parlamentario más respaldado del bloque, con 72.985 apoyos, y también se eligió a Gabriel Franco López, de Izquierda Republicana.
El triunfo del Frente Popular se produjo unos meses antes de la guerra civil, aunque en León ganó la derecha
Siete diputados de derechas y dos de izquierdas, por tanto, en unas elecciones polarizadas en las que el centro se llevó tan solo un 2,3 por ciento de los votos en León y el resto de opciones políticas fueron incluso más residuales. En este sentido, tal y como apunta Martínez Celada en su estudio, cabe resaltar que «el sistema electoral vigente favorecía la formación de coaliciones al contar con un sistema de reparto de escaños que premiaba a los grupos más potentes».
En lo que respecta a los resultados en la ciudad de León, el Frente Popular sí que se llevó una victoria contundente. La coalición de izquierdas alcanzó en la capital leonesa los 47.405 sufragios, cerca del doble que las opciones de derechas.
No obstante, el tirón de los partidos conservadores y agrarios en el medio rural decantó la balanza para la derecha a escala provincial. Así, estas formaciones arrasaron en los partidos judiciales de Riaño y Sahagún, apuntándose también victorias en Astorga, La Bañeza, Murias de Paredes y Valencia de Don Juan.
Además de la ciudad de León, el Frente Popular se llevó el triunfo en los partidos judiciales de Villafranca del Bierzo y La Vecilla, apoyándose principalmente en las cuencas de Matallana de Torío y Santa Lucía. En Ponferrada, por su parte, los votos entre facciones estuvieron de lo más equilibrados.
En el conjunto de España la victoria fue para el Frente Nacional y Manuel Azaña asumió la presidencia de una Segunda República que pronto sería sacudida por el alzamiento militar que provocó el estallido de la guerra civil. La derecha se impuso en la práctica totalidad de lo que hoy es Castilla y León, Aragón, Castilla-La Mancha, Cantabria o Navarra, mientras que las fuerzas de izquierdas fueron mayoritarias en Madrid, Cataluña y la zona sur.
En cualquier caso, la historia es siempre un libro abierto y las conclusiones más valiosas que se pueden extraer de estos resultados del 16 de febrero de 1936 son de aplicación a la creciente polarización de la política actual. Así, en lo que supone un aviso muy a tener en cuenta, los resultados entre bloques en territorio leonés muestran un elevado paralelismo entre los de hace 90 años y los de las últimas generales.
La derecha, ahora representada por PP y Vox, sumó en julio de 2023 un 49,8 por ciento de los votos en territorio leonés. Tres puntos de diferencia con respecto a 1936 que, teniendo en cuenta las encuestas que vaticinan una tendencia al alza de estas formaciones, bien podría alcanzar o incluso superar el 52,9 por ciento que las corrientes conservadoras obtuvieron en León hace 90 años.
La similitud es incluso mayor en la izquierda, con poco más de un punto de diferencia a escala provincial entre los partidos actuales de esta ideología y los votos cosechados por el Frente Popular en 1936. PSOE, Sumar y otras alternativas más marginales sumaron en León un 41,1 por ciento de apoyos en el verano de 2023, precedente nacional más reciente.
El cambio principal es el leonesismo, que no existía al estar juntas las provincias de León, Zamora y Salamanca
Con el centro siendo una opción tan minoritaria como en la actualidad, la principal diferencia con respecto a hace 90 años la aporta UPL. En este sentido, cabe recordar que las corrientes leonesistas no estaban constituidas como tal al encontrarse León, Zamora y Salamanca integradas en un único marco territorial.
Hasta la participación en las elecciones de 1936 y en las últimas generales se sitúa en valores similares a nivel provincial. Menos de tres puntos de diferencia, justo los que en aquella ocasión se subieron con respecto a los comicios de 1933. Respecto a esto, cabe destacar que en la ciudad de León la abstención se redujo de modo considerable y el 75,1 por ciento de los votantes ejercieron su derecho.
La historia es a menudo considerada como una rueda, pero también puede ser un espejo. Tal vez en la actualidad no haya una amenaza tan evidente de guerra civil y la convivencia política no ha alcanzado la radicalización de hace 90 años, pero sí que hay ciertos patrones que se repiten en León con respecto a 1936 y que obligan a todos, como sociedad, a permanecer vigilantes. Al fin y al cabo, ya se sabe, ‘los pueblos que no conocen su historia están condenados a repetirla’.