Igual que las nuevas generaciones –las que llevan un móvil de archivo adjunto a sus manos– escuchan el sonido de un teléfono fijo y no lo cogen porque no les entra en la cabeza que haya un aparato que solo sirve para hablar por teléfono se quedan mirando a las viejas máquinas de escribir y aprietan la tecla como con miedo...
– Dale a refrescar;les dices y dejan de tocar las teclas.
En la vieja La Crónica había una máquina como la de la foto, para que el maestro Pereletegui hiciera sus crónicas taurinas como se había hecho toda la vida de dios, y cuando iban los colegios a visitar el periódico, el gran Paco Valbuena iniciaba el recorrido ante la máquina:«Este periódico está totalmente informatizado... observad esta máquina porque no veréis ninguna otra en todo el recorrido». Los chavales alucinaban más con la vieja máquina que con el más moderno de los ordenadores.
Y yo estoy feliz de que la veáis, sobre todo de que la vean mis jóvenes compañeros de redacción, porque ahora entenderán porqué le pego esos crochets de izquierda y derecha al teclado del ordenador... y es que si aprendiste a escribir a máquina –o lo que sea– en un aparato como el de la foto, que había en el ayuntamiento de tu pueblo, comprenderéis que acariciar el teclado no es ninguna opción.
Y mal se olvida lo que mal se aprende.