¿Somos mejores madres ahora?

Educar a nuestros hijos ha dejado de ser algo intuitivo y natural para convertirse en una práctica de riesgo, agotadora e implacable

03/05/2026
 Actualizado a 03/05/2026
Una madre da de comer a sus hijos pequeños. | L.N.C.
Una madre da de comer a sus hijos pequeños. | L.N.C.

Según diversos estudios y organismos de salud mental, una de cada cuatro mujeres sufre problemas psicológicos durante el proceso de la maternidad. Ojo al dato. Y es que además de las incuestionables dificultades para conciliar y la falta de corresponsabilidad en muchísimos hogares, ahora también nos ahoga una crianza que se ha vuelto cada vez más exigente, compleja y absorbente. 

Educar a nuestros hijos ha dejado de ser algo intuitivo y natural para convertirse en una práctica de riesgo, agotadora e implacable. Nos bombardean con las nuevas corrientes de crianza, blogs, libros y cursos especializados, educar sin gritos ni castigos, crianza respetuosa, y ochocientos mil enlaces en Google que nos enseñan, paso a paso, cómo ser las madres más madres de todas. Las «champion» de las madres, que diría mi hijo Dimas. Si además echamos un vistazo a las redes sociales, ahí tenemos el escaparate de madres perfectas con hijos aún más perfectos, perfiles con miles y miles de seguidores donde nos dan consejos, pautas y mandatos para alcanzar la excelencia. Ni un grito ni una mala cara, sin alterarse, todo con una sonrisa y el pelo perfecto, aunque se te esté cayendo la casa encima. Claro que sí.  

Y es que está la cosa como para no tener problemas psicológicos, ¿una de cada cuatro? Poco me parece.  Vivimos la experiencia estresadas, un tanto desorientadas y recurriendo constantemente a internet. Somos un filón, menudo negocio millonario existe gracias a nuestra ansiedad y nuestras dudas. 

Cuando mis hermanos y yo éramos pequeños, mi madre obviamente no tenía internet ni redes sociales, no existían los blogs de crianza ni los 350 libros de autoayuda maternal que tenemos ahora y, sin embargo, tirando de intuición y sentido común, tenía las cosas mucho más claras que cualquiera de nosotros hoy. 

La putada es que también nos han convencido de que esa crianza clásica, la de antes, todo aquello que vimos, vivimos y aprendimos en casa, ahora no nos sirve, y que estamos obligadas a hacerlo mejor. A ser perfectas, a estar en todo y a no fallar. 

Pero yo les pregunto, ¿es mejor que tengan a una madre feliz, o a una madre perfecta?

Ya nos decía Aristóteles hace más de dos mil años que la clave siempre está en el punto medio, ya saben, ni en silencio ni tocando la trompeta: «la virtud es el punto medio entre dos extremos viciosos: uno por exceso y otro por defecto. Esta medianía no es aritmética, sino relativa a nosotros, definida por la razón y la prudencia para alcanzar la excelencia moral y la felicidad». 

Y eso es lo que yo quiero, ser razonable, ser feliz y mantenerme cuerda, aunque no todo sea perfecto. Desde que tengo uso de razón, soy una perfeccionista de manual, rígida, exigente y minuciosa en casi todo lo que hago. Pero hace tiempo que descubrí que esto de la maternidad es supervivencia el 90% del tiempo. Y que una cosa es la teoría y otra el día a día. Por eso a veces grito por mi casa que «¡un día cojo la maleta y me voy!», y resuelvo las peleas con mis hijos con el clásico «¡porque lo digo yo y punto!», o gestiono rabietas con galletas de chocolate, e incluso a veces la rabieta la monto yo. También acudo a la pantalla y a los dibujos animados si necesito un momento de paz. Pido perdón por todo ello, es lo que hay, espero no acabar en el infierno de las madres. 

Y es que no importa si te han avisado, no importa lo que hayas oído, visto o vivido, porque no sabes lo que es ser madre hasta que lo eres. 

¡Feliz día a todas!

Sofía Morán de Paz, (@SofiaMdePaz) es licenciada en Psicología Clínica y madre en apuros.
 

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