"Sin Orencio no había fiestas"

Falleció a los 77 años este lunes y sus vecinos lo recuerdan ahora con cariño gracias a su dedicación como alguacil durante más de 30 años

Teresa Giganto
01/05/2017
 Actualizado a 17/09/2019
Orencio estaba siempre pendiente de todo lo relacionado con la vida municipal tanto en Gusendos de los Oteros como en San Román, su pueblo. | L.N.C.
Orencio estaba siempre pendiente de todo lo relacionado con la vida municipal tanto en Gusendos de los Oteros como en San Román, su pueblo. | L.N.C.
No están los pueblos como para perder vecinos comprometidos con la tierra que les vio nacer. Pero la inmortalidad no está inventada y la realidad es la que es: en los Oteros, al sur de la provincia, la media de edad de los vecinos supera los 70 con creces. Así cada año que pasa son más (muchos más) los que mueren que los que nacen, haciendo incluso años en los que el registro de nacimientos no se ha estrenado. Y así poco a poco los mayores del lugar van apagándose y los inviernos son menos fríos pero cada vez quedan menos personas viviendo en los pueblos que recuerden aquellas heladas y aquellos carámbanos que parece que también se los ha llevadoel tiempo.

Bien recordaba Orencio la dureza de la tierra de los Oteros, con sus inviernos de frío y sus veranos de sol abrasador y tormentas al caer la tarde.Falleció en San Román de los Oteros este lunes. Fue de repente y nadie se lo esperaba. Tenía 77 años y es el último entierro que han tenido en el pueblo. No es el primero del año y probablemente no será el último.

Orencio solía ir desde San Román, su pueblo, hasta Gusendos montado en su Vespino para trabajar «Se puso malo el lunes, se lo llevaron en una ambulancia al Hospital de León y no volvió», cuentan en el pueblo, en San Román, donde no hace falta decir aquello de «era muy conocido» porque allí se conocen todos, y mucho. Viven unas 40 personas todo el año. Y no son muchos más los que suelen volver a pasar el verano.

San Román forma municipio con Gusendos de los Oteros. Les une una carretera por la que era habitual encontrarse a Orencio con la Vespino. Más de 30 años de alguacil le hicieron merecedor hace dos años de un homenaje por parte del Ayuntamiento al que había servido una buena parte de su vida. La correspondencia, las notificaciones, estar pendiente de abrir y cerrar el consultorio médico, las oficinas municipales o el teleclub... «Siempre al pie del cañón y servicial», le recuerda Juan Carlos Melón, alcalde del municipio donde dice que le echarán mucho de menos.

Hace un par de años el Ayuntamiento le hizo un homenaje por todo lo que había hecho por el pueblo «El día del homenaje nos fuimos a comer por ahí y no veas cómo disfrutó y cómo se emocionó», cuenta. «Sin Orencio no había fiestas», dice mientras le viene a la memoria ese momento en el que había que preparar el pueblo para sus días grandes. «Mira, el día que tomé posesión se puso detrás de mi con el bastón de mando y las llaves del Ayuntamiento y le digo: ¿Pero tú que haces ahí? Y él me contestó: ¡Qué voy a hacer! ¡Darte esto que es tuyo!», relata Juan Carlos riéndose. Y añade después: «¿Ves? Se nos van los buenos, los que más nos han enseñado de los pueblos porque siempre vivieron pegados a él y además siempre con una sonrisa, que nunca escuché a Orencio quejarse por nada ni enfadarse con nadie».

Un pueblo más pequeño

Orencio ha dejado en San Román a Conce, su mujer. Con ella tuvo una hija y de allí nunca se movió. Incombustible, pegado al campo como labrador de los de toda la vida, alegre, servicial para los vecinos... «y un poco exagerado». «Yo a veces le decía: ¡Ya será para menos, Orencio», recuerda el alcalde quien reconoce que ahora, cuando vuelva a ir de San Román a Gusendos, echará de menos encontrarse con Orencio, con el pasamontañas y los guantes, viajando en su Vespino.

«Aquí dentro de unos años no queda ni Dios», sentencia Juan Carlos. «Le das vueltas a la cabeza y piensas a ver qué puedes hacer para parar esto, para mantener lo que hay en estos pueblos tan pequeños aunque sea difícil», dice. Pero los mismos del pueblo se lo ponen complicado porque los años no perdonan, la gente va fundiendo los calendarios y cada vez son menos tanto los pequeños como los mayores. Y en estas que se va Orencio de San Román y el pueblo parece todavía más pequeño...

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