Siete de cada 10 estudiantes de la ULE reconocen haber sufrido síntomas de ansiedad o depresión

La institución académica presenta un estudio de prevalencia de la soledad no deseada en sus estudiantes del que se desprenden datos como que el 23% ha tenido pensamientos autolesivos

10/06/2026
 Actualizado a 10/06/2026
La rectora de la ULE, Nuria González, y las investigadoras Amparo Martínez y Lucía Llamazares presentan el estudio. | FERNANDO OTERO
La rectora de la ULE, Nuria González, y las investigadoras Amparo Martínez y Lucía Llamazares presentan el estudio. | FERNANDO OTERO

Casi siete de cada diez alumnos de la Universidad de León afirma haber experimentado síntomas de ansiedad o depresión en algún momento del curso 2024-2025. Es el dato más impactante de un estudio que ha llevado a cabo para estudiar la prevalencia de la soledad no deseada en estudiantes de grado en la institución académica en colaboración con la Escuela Universitaria de Trabajo Social.

Presentado por la rectora de la ULE, Nuria González, y por las investigadoras Amparo Martínez Mateos y Lucía Llamazares Sánchez, el estudio aborda una problemática que es ya “una realidad social” que no solo afecta a la institución leonesa. Aunque se trata de una investigación preliminar y “en fase previa de explotación”, los resultados evidencian que la universidad cuenta también con el fenómeno de la soledad no deseada entre sus estudiantes, por lo que aseguran que saben de la obligación que tienen ahora de “diseñar estrategias e iniciativas para intentar paliarlo”. Con todo, la recorta reconoció que la soledad “no es azarosa” y responde a los “factores sistémicos del entorno académico y de la era digital”.

El estudio, en números

En este sentido, la propia organización ha informado de que la muestra deriva de haber realizado 370 cuestionarios a un universo de 9.643 estudiantes exclusivamente del Campus de Vegazana con un claro objetivo: conocer el diagnóstico antes de llevar a cabo las iniciativas pertinentes para erradicar la soledad no deseada. Además, de todos los encuestados el 68,7% son mujeres de entre 19 y 21 años, de procedencia urbana la mayoría y casi la mitad cursando estudios de Ciencias Sociales y Jurídicas. El 43,3% viven en el domicilio familiar y el 37,7% en piso compartido.

Dado el “compromiso histórico” de la ULE con el “bienestar” de su comunidad estudiantil, ahora busca con esto “diagnosticar con precisión las necesidades actuales”, que marcan una “situación crítica” y de la que se desprenden más datos como que el 56% de los estudiantes no participan en actividades o asociaciones de la universidad, “lo que limita las posibilidades de interacción”, o que el 23% de los encuestados reconoce también haber tenido pensamientos autolesivos.

Asimismo, el estudio pone de relieve que a pesar de que el 72,5% de los estudiantes califican su estado de salud general como “bueno” o “muy bueno”, también casi el 72% reconoce haber sentido depresión o ansiedad. Esto supone, tal y como califican desde la universidad, una “preocupante normalización del malestar en el entorno académico” porque los estudiantes asimilan la ansiedad como una “condición estándar” de ser universitario separando su salud oficial de la realidad emocional.

Tres tipos de soledad

El propio estudio, además, distingue entre tres tipos distintos de soledad: la emocional, la social y la general. Una cuarta parte del alumnado encuestado, alrededor del 23%, reconoce haberse sentido solo o desconectado incluso estando acompañado, que sería el primer tipo, mientras que uno de cada cinco dice que ha tenido ausencia de integración en grupos y actividades extracurriculares, referida a la soledad social. Sin embargo, las propias investigadoras aseguraron que el “núcleo crítico” del estudio llega cuando se desliza que el 15% se adhiere a haber sufrido soledad general: “Nos preocupa que ese sentimiento se cronifique a futuro”.

Los motivos que favorecen este sentimiento de soledad también se han tratado de analizar en la investigación de la ULE. Así, según los estudiantes encuestados, la soledad comienza a aparecer por la elevada carga académica, el distanciamiento de sus amistades de siempre, los conflictos personales y familiares y una desconexión provocada por el uso de redes sociales. Además, un pequeño porcentaje abogó por desestigmatizar los problemas de salud mental para acabar con esta causa. Sin embargo, cabe señalar al respecto que aunque demanden mayores actividades fuera de las aulas, casi el 70% afirma relacionarse presencialmente, si bien algo más de la mitad califica estas relaciones de “regular” o directamente “mala”.

Otro dato que no ayuda, sino más bien lo contrario, es la brecha psicológica al respecto: el 53,7% de los encuestados no sabe dónde pedir ayuda psicológica, por lo que el problema no es el estigma de acudir a los servicios profesionales sino que desconocen que la universidad presta estos apoyos a pesar de que los profesionales de la ULE en este ámbito se hayan doblado en los últimos tiempos.

Propuesta oficial para abordar la soledad

Finalmente, desde los distintos organismos de la ULE proponen generar redes de cuidado a través de los delegados de cada clase como “agentes potenciales de conexión y detección temprana del problema”, además de impulsar programas de mentoría para promover la interacción directa entre estudiantes, abrir una línea de información entre el profesorado y el personal de gestión y apoyo de la Universidad o la posibilidad de poner en marcha un Observatorio de la Vida Estudiantil (OVE). Todo ello, eso sí, en colaboración con el Vicerrectorado de Estudiantes y de Inclusión Social. 

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