San Justo de la Vega... y Sendo, la emoción del recuerdo

El pueblo de Sendo, San Justo de la Vega, arropó con una presencia multitudinaria la inauguración de la escultura que homenajea al artista fallecido hace cuatro años

21/09/2026
 Actualizado a 21/09/2026
El alcalde de San Justo, Marisa la viuda de Sendo y Alonso Ares, presentador del acto, observan cómo se descubre la obra dedicada al artista. | F. FERNÁNDEZ
El alcalde de San Justo, Marisa la viuda de Sendo y Alonso Ares, presentador del acto, observan cómo se descubre la obra dedicada al artista. | F. FERNÁNDEZ

Hay imágenes que muchas veces te ahorran las palabras que no encuentras o sientes que no te llegan para definir la magnitud de lo que acabas de ver. Ayer por ejemplo. La plaza abarrotada de San Justo de la Vega decía todo del hombre al que se recordaba, del artista, del paisano... Sendo García Ramos, el gran Sendo, en cuya memoria se inauguraba una escultura que, como su alcalde Juan Carlos García Rubio reconoció, «llega tarde, porque no estaba preparado el espacio en el que se debía colocar, pero ni este alcalde, ni San Justo de la Vega, podían esperar más». 

Y en la tarde de este domingo fueron llegando a la plaza vecinos de San Justo, sobre todo, y pintores, escultores, profesores, periodistas, literatos, autoridades y, sobre todo, amigos de Sendo, de Marisa Aparicio, su viuda, de sus hijos Nuno y Diego y tantos amigos que Sendo fue sembrando y ayer no quisieron faltar a la cosecha de los reconocimientos a, dijo su alcalde, «un hombre bueno, sencillo, cercano, amante de su pueblo. Podía estar muy lejos pero San Justo siempre estaba con él. Con Sendo viajó siempre el nombre de nuestro pueblo y él, con su arte, llevó nuestro pueblo por el mundo». Por lo que concluyó la autoridad, «era imprescindible, así como de justicia, colocar esta escultura para que todos recordemos quién fue Sendo y se sepa que este pueblo quiere mantener viva su memoria por siempre».

La plaza de San Justo de la Vega estaba abarrotada para homenajear a la familia de su paisano, Sendo / F. FERNÁNDEZ
La plaza de San Justo de la Vega estaba abarrotada para homenajear a la familia de su paisano, Sendo / F. FERNÁNDEZ

Fue un acto sencillo pero cargado de emoción, de emociones. La propia autora de la obra, Julia Rodríguez Villar, no pudo contener las lágrimas recordando a Sendo y el proceso de creación de la obra, hasta el punto de que  tuvo que ser la viuda de Sendo, la siempre entrañable Marisa, quien acudió a su lado para darle un reconfortante abrazo que le permitiera seguir hablando, a duras penas, con la explicación de una obra en la que quiso que quedaran reflejadas todas aquellas características que marcaron la imagen de Sendo: Su eterno sombrero, su bigote y el caballete con los pinceles de un artista en plena acción; con un libro y una maleta que recuerdan al gran lector y viajero que fue, con la escultura de los Donantes, esa gota de sangre de su generosidad y todo ello envuelto en una trama en espiral que lo envuelve todo hasta hundirse en sus raíces, que recuerdan su contacto con la naturaleza, «muy presente en Sendo y en la obra por que lo que yo pido para esta escultura forme parte de la naturaleza que la rodea, que sea diferente en primavera que en invierno, que ésta la envuelva como una enredadera». Y es que Julia, vecina de San Justo como Sendo, sabe como nadie lo que ese pueblo significó para Sendo y lo que para ella significa que le encargaran esa obra.

Y recordando todo este proceso, la presión de crear una obra a la altura del personaje, el contacto con la familia, fue cuando se derrumbó de una emoción que contagió a la plaza. 

La familia de Sendo y la autora de la obra durante la inauguración.
La familia de Sendo y la autora de la obra durante la inauguración.

Recordo el presentador del homenaje, Alonso Ares, que de Sendo hay en San Justo un retablo, tres esculturas y, sobre todo, «una vida, pues la obra de Sendo se centra en su tierra y de esta manera universalizó a San Justo». 

¿Qué puedo dejar yo?

El momento más cargado de emotividad llegó con las palabras de la familia, por boca de uno de sus hijos, quien se disculpó por «tener que leer el texto pues soy consciente de que nunca podré hablaros cómo lo haría él». 

Esbozó una breve biografía, recordando que se quedó huérfano muy pronto, que le compró una Vespa a un vecino, que recorrió con ella y Marisa media Europa, que fue, entre otros muchos oficios, bailarín de yo-yo. De sus obras, sus esculturas, destacó El peregrino que está delante de su casa por su significado, dar agua a quien por allí camina; sus performances de los años 80, la famosa de las ovejas pintadas... Pero se detuvo especialmente en un recuerdo, en una conversación, en una reflexión: «Mi padre se preguntaba ¿qué puedo dejar yo? Y él mismo se respondía, poca cosa, un mínimo recuerdo. Hoy, en este acto, en su pueblo, con su pueblo, vemos felices que se equivocaba en su respuesta, Sendo es mucho más que un mínimo recuerdo y está aún más presente su figura con esta magnífica escultura que  inauguramos».  

El muchas gracias final apenas fue audible, la emoción ya le embargaba. 

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