El Hospital San Juan de Dios de León atendió durante 2025 a un total de 446 pacientes con ictus y realizó 9.090 sesiones de rehabilitación, unos datos que reflejan el creciente peso de esta patología y consolidan la actividad de su unidad de neurorrehabilitación, un área clave para reducir las secuelas y recuperar la autonomía de quienes sobreviven a un accidente cerebrovascular. Con motivo del Día Mundial del Ictus, que se celebra el 29 de octubre bajo el lema internacional ‘The Time Is Now’ (‘El momento es ahora’), el centro se suma a la llamada de atención sobre una enfermedad en la que, como recuerdan los especialistas, «cada minuto cuenta» y en la que «el tiempo es cerebro».
Los datos del hospital apuntan además a una mayor demanda asistencial durante 2026. Entre enero y junio fueron atendidos 261 pacientes con ictus, frente a los 229 registrados en el mismo periodo del año anterior, lo que supone un incremento cercano al 14 %. En esos seis primeros meses también se realizaron 4.987 sesiones de rehabilitación, un 10,5 % más que las 4.512 contabilizadas entre enero y junio de 2025.
El doctor Jesús Galán de la Calle, especialista en Medicina Física y Rehabilitación de San Juan de Dios, subraya que la rapidez de actuación sigue siendo determinante para reducir las secuelas. «Acudir a urgencias en cuanto aparecen los síntomas permite acceder a tratamientos que pueden limitar el daño cerebral y mejorar notablemente las posibilidades de recuperación», explica.
Señales de alarma
Los especialistas insisten en la importancia de reconocer de forma precoz las señales de alarma. Para ello recomiendan recordar la regla internacional FAST, que ayuda a identificar los síntomas más frecuentes de un ictus: asimetría facial o desviación de la comisura de los labios (Face), pérdida brusca de fuerza o sensibilidad en un brazo o una pierna (Arms), dificultades para hablar o comprender el lenguaje (Speech) y la necesidad de llamar de inmediato al 1-1-2 (Time). A estas señales pueden añadirse otras como alteraciones repentinas de la visión, pérdida de equilibrio y coordinación, dificultades para tragar o la aparición de un intenso dolor de cabeza sin causa aparente.
Una vez superada la fase aguda, comienza un proceso decisivo para la calidad de vida del paciente. Según Galán, la rehabilitación debería iniciarse en los primeros días tras el ictus, siempre después de una valoración especializada.
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