Muchas veces –y seguramente bueno es -acudimos a listas, nombres, paisajes, artistas... que hacen de León un lugar especial. Seguramente el caso más repetido sea el de los escritores y poetas, cuyo número y calidad para nada se corresponde -para bien- con las dimensiones de la provincia, el porcentaje rompe todas las estadísticas. También hemos presumido de que los primeros astronautas españoles sean nuestros Pablo y Sara, sin apellidos, que ya son como de la familia.

Pero hay otro apartado, que ciertamente da miedo mirarlo, que también da la impresión que nos sitúa en una posición, en este caso no es de privilegio, mucho más arriba en el ranking de lo que nos correspondería como modesta provincia de menos de medio millón de habitantes: la crónica negra de esta tierra, los sucesos más atroces que nos han colocado en una estadística nada deseada y que el suplemento de Verano de La Nueva Crónica va a recordar en domingos sucesivos.
La primera víctima del primer asesino en serie Romasanta, era leonesa; en el famoso crimen del Jarabo también un asesinado era leonés, y no faltan recordados crímenes sin resolver
¿Es para tanto? ¿Han sido tantos? ¿Tan atroces?

Cuando se hace un repaso de la crónica negra de este país siempre aparece el nombre del primer asesino en serie, a su vez apodado el sacamantecas o el sacauntos: Manuel Blanco Romasanta, llevado al cine en varias ocasiones. Realmente era gallego, de Allariz, pero su historia criminal ‘conocida’ arranca en los montes del Bierzo, por una deuda en un almacén de Ponferrada y leonesa fue su primera víctima. Pero si vamos a los tiempos más modernos, otro famoso asesino en serie -llevado al cine por Juan Antonio Bardem en ‘La huella del crimen’- fue Jarabo, un singular dandy madrileño que inició su carrera delictiva matando al joyero al que había ido a empeñar una joya de su novia. Ese joyero asesinado también era leonés, tristemente.

Hablando de historia del crimen; en todos los libros dedicados al género -entre los que era una referencia obligada el libro ‘Los crímenes más famosos de la historia de España’ de Francisco Pérez Abellán (padre)- siempre aparecía, seguramente por lo llamativo del título, ‘El crimen de la descuartizadora’, ocurrido en el restaurante Ay de El Portillo, en el que Covadonga Sobrino descuartizó y esparció varios trozos de su novio o amante por diferentes montes de la provincia. Seguramente, ese mismo suceso analizado con ojos de hoy tendría otro análisis muy diferente.
Y es que a veces la fama o la dimensión pública que adquiere no se corresponde con lo cruel de los hechos, pues tiene, por ejemplo, mucha menos presencia pública otro sucedido en Bembibre realmente cruel, el llamado crimen de la maleta, en referencia a la utilizada por Pilar Mazaira, la mujer que asesinó a un niño de 12 años, hijo de una amiga, lo metió en una maleta y lo facturó para Madrid y después llamó a su madre para pedir un rescate.
La violación y asesinato de la niña Celina por El Argentino fue uno de los casos que más indignó a la población; junto al llamado Crimen de la Maleta, en la que una mujer ‘facturó’ a un niño
La mayoría de estos sucesos hacían que se repitieran en los medios de comunicación nacionales las manidas expresiones de la España Profunda -ahora somos la España Vacía- y todos esos tópicos. Pero si reapareció en un caso fue, sin duda, en los hechos del llamado Loco de Herreros, el joven que salió a la ventana de su casa con una escopeta y comenzó a disparar de manera indiscriminada contra los vecinos que caminaban por la calle celebrando la procesión del Corpus, hace treinta años ahora. Las comparaciones con Puerto Hurraco eran diarias aunque entre ambos casos había pocas conexiones pues en el caso de la localidad extremeña venía de una larga enemistad entre las familias implicadas y detrás del caso leonés parece que lo que había era un brote de una enfermedad mental.

Pero sí había un ajuste de cuentas entre dos delincuentes en el caso de la Niña Celina, de tan solo 11 años, violada y asesinada por uno de los seres más odiosos y odiados de esta provincia, Valentín Gómez, El Argentino, un tipo al que nadie lloró cuando se supo que había muerto en prisión.
Y si todo esto era poco... también León protagoniza el primer crimen político de la Democracia, el asesinato de Isabel Carrasco.
Lo que nos faltaba.