Riaño huele a capilotes

Un año más se celebró esta singular fiesta para recordar el pasado y reivindicar el futuro

Estefanía Niño
13/05/2017
 Actualizado a 14/09/2019
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Riaño vivió este sábado la XI Fiesta del Capilote, una jornada con la que se recuerda al viejo Riaño y se reivindica un nuevo futuro para la comarca. La flor del capilote –el narciso- volvió a ser el símbolo de la lucha de aquellos vecinos que vieron ahogados bajo las aguas del embalse a varios pueblos de la comarca desde hace tres décadas. La jornada festiva y reivindicativa se inició temprano con la recogida de capilotes y engalanamiento de las calles. No faltaron actos durante la mañana como la exposición de los dibujos y fotografías participantes en los concursos del Capilote, juegos tradicionales o concurso de tapas. El mediodía dio paso a la misa cantada por el Coro de Capilla Clásica de Soria-San José, Coral San Leonardo, de San Leonardo de Yagüe, y Coro Adolfo Tostón, de Riaño, en la iglesia parroquial. Tras la liturgia, tuvo lugar la procesión con los pendones de Horcadas, Carande, La Puerta, Salio, Éscaro, Huelde, Pedrosa del Rey y Riaño.

El baile vermú sirvió para amenizar la jornada y prepararse para la comida popular de hermandad con paella, parrillada, vino y agua, pan y helado, previa compra de ticket. Música en la tarde y la noche con la charanga Los Cuatro Gatos y la orquesta Gérnesis.

Los orígenes de esta fiesta tienen sus raíces en la lucha de los vecinos del viejo Riaño contra el embalse. En 1985, se celebró el que sería el preámbulo del capilote con una protesta ante la notificación de desalojo de varias viviendas en Vegacerneja, pueblo cercano a Riaño, para hacer la nueva carretera. En 1987 se realizó como protesta ante los planes inminentes de inundar Riaño y otros 8 pueblos de la comarca (Vegacerneja, Burón, La Puerta, Salio, Anciles, Pedrosa del Rey, Éscaro y Huelde) con la construcción de un pantano, que finalmente se llevó a cabo en 1987. Desde el 2006 los mozos de Riaño han intentado recuperar y poner en valor el día del capilote a modo de recuerdo y homenaje a toda esa gente a la que en el verano de 1987 le arrancaron no sólo sus casas y tierras sino una gran parte de sus vidas.

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