El profesorde la ULE y experto en patrimonio industrial Javier Revilla es claro y contundente: «Todo lo que sea demoler me parece una pérdida de energía y una falta de imaginación para reaprovechar dando nuevos usos. Si encima hablamos de patrimonio industrial, su versatilidad es manifiesta. Sería compatible conservar, si no todo, sí los elementos más icónicos y darles usos alternativos. Estamos arrasando no solo el empleo del pasado sino del futuro».
Explica Revilla a quienes creen que esta tierra tiene «excesivo patrimonio a conservar» que «tirarlo es costoso y no genera nada a futuro. Tengo experiencia en gestiones similares. Es difícil, porque cuesta trabajo y pensar, pero lo fácil es tirar y olvidar».
Incluso desde el mundo de la música tradicional, David Álvarez Cárcamo, levantan su voz contra esta decisión de arrasar las torres. «Es una pena; esas chimeneas de la térmica roblana son una fuente de ideas, de imaginación, un símbolo... no me creo que no puedan dejarse ahí. Imaginemos que se hubiesen tirado todas las chimeneas de azucareras y tejeras».
Más duro y contundente se muestra el gran estudioso del patrimonio leonés Juan Carlos Ponga, quien va más allá en su análisis: «No solo hemos perdido ya la posibilidad de producir energía eléctrica en caso de emergencia sino que, además, nos destruyen los restos de un importante patrimonio industrial para que no quede piedra sobre piedra del pasado».
Ponga, que ha dedicados dos volúmenes a repasar el patrimonio perdido en esta tierra lamenta la situación: «No se qué habrá hecho esta provincia para que sea tratada igual que trataron los romanos a los cartagineses. No será necesario sembrar de sal los campos para matarnos de hambre sobra con sembrar los de molinos y placas solares».
Pues en horas será una realidad.
Añadir La Nueva Crónica como fuente preferida de Google de forma gratuita
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.