Preparando el tapiz de la nieve

El trabajo diario de los operarios de Diputación que acondicionan las pistas durante el día y la noche queda demasiado a menudo en el olvido por parte de los usuarios

David Rubio
08/03/2015
 Actualizado a 09/09/2019
Los operarios de la Diputación trabajan durante horas para tener a punto las pistas de las estaciones leonesas. | MAURICIO PEÑA
Los operarios de la Diputación trabajan durante horas para tener a punto las pistas de las estaciones leonesas. | MAURICIO PEÑA
Son las siete de la mañana y en el aparcamiento de Cebolledo tiemblan varios motores. Hay constante movimiento en las naves donde cada noche se guarda toda la maquinaria que la Diputación destina al mantenimiento de la estación invernal de San Isidro. A José RamónAlonso, jefe de explotación, y a Olga Álvarez, la directora de la estación, no les para de rugir la emisora. Son los encargados de coordinar a todos los operarios que ya se disponen a adentrarse en las pistas para que todo esté a punto cuando lleguen los esquiadores.

Este año han llegado a transportar nieve en camiones para poder abrir al público algunas pistas Cuando lleguen los esquiadores... Es la frase que más inquieta. Cuando llegan los esquiadores, a menudo no se dan cuenta del trabajo, previo y diario, que deben realizar los operarios, en este caso de la Diputación pero exactamente igualmente que el que se lleva a cabo en todas las estaciones de esquí, para que puedan disfrutar de su deporte favorito. Es un trabajo tan desconocido como criticado, pues siempre hay quien encuentra algún defecto. El forfait es caro (aunque el de las estaciones leonesas sea de los más baratos de toda España) y todo el mundo se cree con derecho a criticar todo lo que le incomoda, desde el tapizado de las sillas hasta la señalización de las pistas, pasando por las colas en las taquillas, las vallas, las papeleras, las terrazas... Y, obviamente, el estado de la nieve, que viene a ser al esquí algo así como la alineación de la selección española al fútbol: todo el mundo tiene una opinión.
 Para que el estado de la nieve sea el mejor posible no vale con ser tranquilo, como le pasa a Del Bosque, y aburrir a los periodistas en las ruedas de prensa, sino que hay que empezar a pisar las pistas en cuanto se cierra la estación: sobre las cinco de la tarde. Entonces, las cuatro máquinas que Diputación tiene a tal efecto en San Isidro empiezan a recorrer todas y cada una de las pistas, las que están abiertas y las que no, con el objetivo de conservar la nieve en el mejor estado posible.En las colas de los remontes, al día siguiente, habrá auténticos expertos sobre lo que hay que hacer y lo que no, si hace falta pisar mucho o pisar poco, si está demasiado dura o demasiado blanda, de la «crema» a la «paposa»...

En la estación invernal de San Isidro trabajan hoy alrededor de 70 personas con refuerzos puntuales El que sabe verdaderamente de esto es Tano. Es de Cofiñal y sabe lo que es la nieve y sabe también lo que es madrugar para entrar en el turno de mañana y repasar, al amanecer, todo lo que pisaron sus compañeros del turno de la tarde. «Al final, es bastante parecido a segar un campo de golf, porque hay que dejarlo perfecto», dice a bordo de su máquina de doce toneladas que trepa por las pistas dejando una huella que, en cuanto empiecen a funcionar los remontes (sobre las 9:15 horas) será la más deseada por los esquiadores. Va detrás de Jaime, el otro conductor, y entre los dos van puliendo una a una las pistas, rompiendo el hielo donde conviene, apretándola donde corresponde...

El día amanece absolutamente espectacular.Desde la cima de Peñanevares se contempla un manto de nubes que, al fondo, rompen los Picos de Europa. «No vayas a pensar que es siempre así, ¿eh?», bromea Tano, mientras cuenta las dificultades que tienen en los días de temporal, que este año han sido muchos, porque la ventisca les ciega por completo y no saber por dónde deben guiar las máquinas. En lo alto de la silla vieja de Cebolledo, en el vértice que conduce hacia Riopinos, ha habido días en los que han tenido que estar parados durante un buen rato porque la fuerza del viento era tal que impedía avanzar hacia ninguna parte. Allí, a pala, como en la cafetería de Vegarada, han tenido que abrir hueco entre la nieve porque el espesor, incrementado por el viento, casi llegaba hasta los cables del remonte. A pesar de que la oruga de cuchillas les permite desplazarse por las pendientes más pronunciadas, también tienen dificultades en muchas ocasiones, especialmente para bajar, porque cuando la nieve es blanda la máquina no agarra como debiera... y sobre todo porque no tiene frenos. La sensación, si se permite el tecnicismo, acojona.

Hay dos turnos para que se pisen las pistas: uno que empieza en cuanto cierra la estación; otro de madrugada Pero no todos los días son tan soleados como éste y no todos los días están los periodistas haciendo preguntas sin demasiado sentido.No todos los días no ha nevado nada entre un turno y otro, lo que hace que todo el trabajo de los compañeros quede en nada y haya que volver a empezar de cero.No puede ser un trabajo más desagradecido. Pero, dentro, en la máquina,Tano escucha la radio y habla de las colmenas con las que se entretiene durante el verano, cuando la nieve lo permite... y cuando las vacaciones lo permiten, porque a los críticos esquiadores también se les escapa que por el verano hay mucho trabajo que realizar en la estación, desde el mantenimiento de los remontes a los paravientos, las obras que no se pueden hacer por el invierno... Bueno, hay obras que no se hacen por el verano porque las licitaciones, adjudicaciones y demás trámites burocráticos en los que ahora naufraga el juez Eloy Velasco no entienden del clima, ni de cuándo fragua mejor el cemento...

Una vez que Jaime y Tano han dejado la estación como un tapiz, llega el turno de otros compañeros que recorren todas las pistas para comprobar que todo está perfecto antes de que se pueda abrir al público, desde las señalizaciones hasta vallas de seguridad que protegen las pilonas de las sillas o las zonas de debutantes. Este año se han dado auténticas palizas para que se pudiera abrir cuando había poca nieve y también se han dado auténticas palizas cuando había demasiada nieve. Han llegado, incluso, a mover en camiones la nieve acumulada en los aparcamientos para poder asentarla en la zona de las pistas de debutantes, para poder ofrecer al público la mejor oferta posible.

Una vez que han pisado toda la estación, una vez que los operarios están todos en sus puestos, una vez que los responsables han dado el OK definitivo, se procede a abrir al público la estación. Ya no se puede apreciar por las matrículas de los coches, como ocurría antes con la famosa O, pero, por si usted lo dudaba, los primeros en llegar son asturianos, claro.
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